martes, 27 de diciembre de 2011

Cosas de pobres

Mi abuela dice que la ignorancia es muy atrevida y a veces es mejor estarse callado y esperar a saber un poco más antes de decir nada. Sí que tiene razón.

No hay nada como moverse para poder comparar lo que se ve con lo que se conoce -o se cree conocer- y así comprender mejor, calladito y en silencio, la vida. Cuando empecé este blog escribí que vivo en uno de los suburbios de Eskisehir. 
Ahora me doy cuento que yo solo vivo en otro barrio más. Que los suburbios son otra cosa.

Cuando hice el viaje para esquiar en el monte Uludag y nos acercábamos a Bursa, la ciudad que está al pie de esa montaña, la mole ambulante que era el autobús pasó por lo que creo que eran las afueras de la ciudad o tal vez un pueblo cercano.
Íbamos por una carretera secundaria llena de baches, perdida en el mapa e inundada en ciertos tramos, mientras afuera caía una llovizna incómoda gris y fría que empapaba a la gente que caminaba descuidada por ese camino. Yo miraba por la ventana observando aquel panorama y agradecí el piso y el barrio en el que vivo en Eskisehir.
Aquel era un lugar ocupado por colmenas de viviendas bajo las que no había pavimentación ninguna, solo mugre y una tierra tan árida que ni siquiera se mojaba, solo se estancaba de algo que parecía ser la mezcla del agua, del barro y de la mierda que había por todos lados. 
Aquel era un lugar poblado por gente que era tan pobre que los hijos seguramente no recibían de sus padres ni el dinero suficiente con el que comprar unos sprays a hurtadillas con los que hacer pintadas en las fachadas.
Aquel era un lugar donde de las chimeneas de las chavolas que habían al otro lado de la carretera -construidas con hojalata descoloridas y trozos de metal amontonados a modo de techo- salía un humo amarillo que me recordaba al que hacen los productos químicos al arder.
Eso sí eran suburbios. Por Dios.

En Estambul una vez Metin me dijo que no me hiciese una idea equivocada de la situación económica turca por lo privilegiada que era Eskisehir. En su momento pensé que decía de coña lo de privilegiada. Ahora veo que Turquía es un país pobre donde la clase media escasea y abundan los que tienen lo justo o menos para vivir.

Los estudios dicen que este país no ha parado de crecer desde que consiguió estabilizar su economía entre el 2001 y el 2002, que incluso es de los países que más están creciendo del mundo hoy en día. Espero que esto sea verdad y que siga así, pero joder...

Días de hospital - 1

Hace dos días me encontraba en un hospital turco esperando frente a la oficina del doctor de medicina interna y no era capaz de apartar la mirada de la enorme fila de gente que esperaba para entrar en el despacho del psiquiatra. 


En Turquía, como en España, medicamentos como el Prozac y algunos otros psicofármacos se venden sin receta en las farmacias y cualquiera puede automedicarse con el conocimiento médico de un mono. Yo no es que sepa mucho de medicina, pero no me parece de locos que acabarás loco si tomas medicinas para locos sin estar loco. 
No hay datos oficiales del índice de suicidios en este país, al menos no en español ni en inglés que yo haya encontrado en internet, pero creo que los metros que tiene una fila de personas que esperan a su cita con un psiquiatra puede llegar a ser lo suficientemente significativo a falta de cualquier otra estadística más fiable. Aunque sea, para intuir por dónde van los tiros, vaya.


funny gifs

No era la primera vez que iba a un hospital turco, pero no me es agradable nunca entrar en uno. No ya porque de por sí los hospitales sean incómodos y me huelan a agujas, alcohol medicinal y a enfermedad tapada con medicamentos y cremas, sino porque si eres un extranjero y no dominas del turco más que dos o tres cosas esenciales, llegar hasta el médico puede ser una pesadilla. 
Generalmente ellos saben hablar inglés, o al menos dominan lo suficiente como para poder entender dónde y cuánto te duele. El problema son los gerentes y los oficinistas, de los que dependes para poder llegar hasta ellos.

Había llegado hacía media hora. No era esperar demasiado, teniendo en cuenta que en España puedes pasar horas en la sala de espera. El problema había sido llegar; cuando entré en el recinto caminé hasta encontrarme frente a la oficinista de turno, a la que le pregunté "english?". Ella me miró, suspiró y llamó por teléfono mientras levantaba su dedo índice como diciendo "Un segundo, por favor". A cosa de los diez segundos la puerta que había al otro lado del pasillo se abrió y de ella salió un tipo que le gritó algo en turco.
A partir de ahí se sucedió un diálogo entre berridos entre el hombre en cuestión y la oficinista, de lo que pude deducir que hablaban de mí y que necesitaban un traductor. "Ve con él", me dijo la mujer al terminar.

Entré en el despacho del hombre y me preguntó qué me pasaba. Le conté que hacía una semana, entrenando kick boxing un chaval me había pegado una patada en las costillas y aún me dolía. Lo gracioso fue como el señor debió obviar las palabras kick boxing -tal vez juzgó que no eran importantes- y solo se fijó en que me palpaba con la mano la zona de la caja torácica y me preguntó "¿Quieres ir al dermatólogo? Te llevamos al dermatólogo". Ahí casi me reí por lo absurdo de la pregunta; "¿No sería mejor ir al traumatólogo, o algo por el estilo?" pregunté.
-¿Quieres ir al traumatólogo?
-No sé nada de medicina, pero supongo que es lo que necesito.

Me dijeron que fuera otra vez a la oficina, me pidieron mi Tarjeta de Identificación de estudiante y tuve que pagar una lira. Aquella fue seguramente la asistencia médica más barata de mi vida.
Me dijeron que esperase frente a la puerta número 3. Caminé hacia allí y leí "Dermatoloji-II". No es que sea un genio de la lingüística, pero no hay que ser muy perspicaz para entender lo que eso significaba y que evidentemente me habían enviado al lugar equivocado. Me empecé a reír otra vez y me encontré al tipo de antes en el pasillo. Lo curioso esta vez fue que el hombre me miró sorprendido, me cogió de la mano y me llevó a la puerta 5. "Dahiliye", ponía. Después supe que eso significaba medicina interna.
Yo ya ni me preocupé en preguntarme qué entendía ese hombre por puerta número 3. 

Mientras esperaba vi como al principio del pasillo había ni más ni menos que una enorme reproducción de la cabeza de Atatürk en la pared, mirando con esa mirada típica suya, sonriendo pero con la mirada triste. Personalmente creo que la adoración que practica la mayor parte de la población turca al ídolo en el que se ha convertido el padre fundador de la nación es, como mínimo, algo digno de estudio. Yo, que me meo río en todo este asunto de los iconos e ídolos, personalmente creo que raya lo enfermo. Al menos no me sorprende que haya tantas personas esperando al psiquiátra si llega a haber personas en este país que adoran a ese individuo tanto como a sus propios padres.

Junto a mí habían ancianos que esperaban su turno sentados. Quince minutos después el médico salió de su despacho disparado como una bala, con la mirada a medio camino entre la de Bruce Willis en la primera película de La jungla de cristal y la de Clint Eastwood en Por un puñado de dólares. Se plantó en medio del pasillo con las manos en la cintura, piernas bien abiertas y con una actitud como diciendo "¿A quién hay que salvar hoy, coño?". Me gustó esa mirada. No se la había visto nunca antes a ningún otro doctor.

En un segundo fue rodeado por media docena de ancianos ansiosos de que sus próstatas fueran revisadas. Aquello parecía obsceno, casi un bukkake medicinal, y el médico era el protagonista al que en lugar de caerle lo que en estos casos suele caerle en la cara a la gente, le llegaban formularios y papeles.
En medio de aquel maremagnum, el tipo me vio esperando en el otro lado del pasillo y me llamó con un gesto de cabeza. La gente se apartó y entré en el lugar cerrando la puerta. La verdad es que no sé en qué lugar me deja eso después de haber escrito lo del bukkake.

El caso es que entré en el despacho y mientras el doctor atendía a una llamada, me fijé en que tenía un cuadro del busto de Hipócrates, y debajo de él, el juramento. Tampoco había visto nunca a ningún médico que tuviese a Hipócrates en su despacho, aquello dignificaba bastante al señor.
El señor terminó la llamada y me preguntó como me llamaba. Moisés, le dije.
-¿Eh?
No sé que les pasa a los turcos con mi nombre, les parece impronunciable. Mūsa, dije, que es la traducción en árabe y que también utilizan los turcos.
-Aaah...- Y se rió.-¡ Mūsa !

Después de explicarle lo que me pasaba y de presionarme la costilla hasta que parecía que me iba a reventar me dijo que había que hacer una radiografía. Me llevó al lugar y para cuando me dí cuenta el hombre había desaparecido. Iba a preguntar a dónde se había largado pero en ese momento me cogieron y me pusieron de espaldas a una máquina, pim pam, y la radiografía estaba lista. Un hombre que hablaba algo de inglés en la sala me dio las placas y yo le dije que perdone, pero que a mí lo que me duele son las costillas, no la espalda.
-Vale, pero eso díselo al médico, yo soy técnico.

Volví al despacho del doctor y para cuando entré, el hombre sostuvo las radiografías mirándolas con interés. Estuvo un minuto en silencio y luego susurró para sí mismo "surgery...". Ahí ya me acojoné de verdad. Cirugía sí que no. Eso era igual a olvidarse del Erasmus.
El caso es que el hombre me miró luego y me dijo sonriendo "¿Sabes? Esta no es mi especialidad, vamos a preguntarle al especialista".
Aquello era llevar demasiado lejos el juramento hipocrático de ayudar a todo el que lo necesitase. Una hora y media dando vueltas por el hospital y ahora me decía que no era su especialidad. ¿Dónde estaba mi escopeta?

Al final acabé viendo al traumatólogo, dos horas y quince minutos después de haber entrado en el hospital. Costillas desplazadas, concluyó después de ver las radiografías durante dos segundos; crema, pastillas y nada de ejercicio en diez días. Punto y final.

Salí del hospital tomando la firme decisión de que a partir de ahora tomaría un Actimel cada día, cinco frutas, mucha verdura y sobre todo que nadie me volvería a dar una patada en las costillas nunca más. Estos hijos de puta no me volverán a pillar nunca más.

Y colorín colorado, esta locura se ha terminado.



sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidades a la turca

Así es como los turcos celebran la Navidad; despelotando a la presentadora de su televisión que más nota tenga en relación estupidez-putonerío


Eso sí, lo prefiero al discurso del rey

Así da gusto

Hoy una amiga me ha escrito lo siguiente en la red social:
"Turquía se convierte en el país del mundo con más periodistas encarcelados. Su número supera ya el centenar. El viernes, se decretó prisión para 36 periodistas arrestados el martes y puso en libertad con cargos a otros 7. Es una información de Efe
Hace 40 minutos
¡Feliz Navidad, Moisés!"

Pues nada, feliz nochebuena desde Turquía

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Lunes de bazar

En Eskisehir todos los lunes hay bazar. Eso significa que durante casi doce horas, miles de personas irán recorriendo una sola de las calles de la ciudad y los estudiantes universitarios nos pelearemos por kilos de verdura y fruta barata con codazos en la boca si hace falta. Y es que nadie juega con la comida del Tito Moi.


Es una avenida estrechísima donde se apilan puestos en cada acera y la gente camina como si fuese una manada de pingüinos y donde cualquiera que saque fotos será mirado por encima del hombro por tenderos y nativos, como pensando "será principiante".


El abusivo precio del alcohol en Turquía lo equilibra el insultantemente bajo coste de las verduras y frutas que se venden en estos puestos semanales. Aquí uno se puede hacer con tres kilos de pimientos verdes por menos de tres o cuatro liras, lo que equivale a entre 1,2 y 1,6 € ahora mismo. 
El problema de todo esto es que al ver que las verduras son tan baratas acabas determinando toda tu economía en base a las verduras que compras en el bazar para poder pagar los viajes y las fiestas. Pero cualquiera sabe que no se puede aguantar mucho sin comer carne, así que al final de cada semana te has dado algún capricho en algún restaurante tres o cuatro veces, y como resultado acabas gastando a lo tonto más de la mitad del presupuesto en comida.
Aunque parece que nosotros no somos los únicos a los que nos da por gastar alegremente. Al final del día, toda la verdura y fruta que sobre es arrojada a la calle sin pensarlo dos veces. Si uno pasea por la noche por esa misma calle verá a todos los perros y gatos callejeros luchando de verdad por la comida.



lunes, 19 de diciembre de 2011

Snowcalipsis

Hoy me levanté con la campanilla tan inflamada que cuando intentaba hablar se me metía entre la lengua y el paladar. Así, durante toda la mañana, cada vez que quería decir algo parecía la versión idiota de Forrest Gump. Ga vida eg gomo una gaga ge gomgones, ya saben.
El caso es que ayer este canario se fue a aprender a esquiar a Uladag -una montaña que hay cerca de la ciudad de Bursa, a unos 150 km de Eskisehir-, y parece que el frío me afectó más de lo que creí. No sé porqué, pero creo que el hecho de que Malva Alcalá Fernández e Ignacio Viguera me acribillasen a bolas de nieve -y que más de una me diera a lo Peter Pan (esto es, hasta la campanilla)-, posiblemente haya influido algo en que esta mañana tuviese la úvula del tamaño de una pelota de ping-pong.

Cogimos la guagua (para los que no estén familiarizados con el término, significa autobús) sobre las siete de la mañana, algo después de la primera llamada al rezo de la mezquita. Algunos de los que iban a venir se quedaron con las sábanas pegadas más de la cuenta y les faltó poco para meterse un cohete en el culo para poder llegar a tiempo, pero al final todos estábamos cuando el autobús salió.
Personalmente el viaje de tres horas se me hizo nada, será porque me pasé todo el tiempo durmiendo, pero parece que más de uno me acompañó en la sobada.


A partir de ese viaje, el pequeño Juan se convirtió en caso de extremo interés por parte de los traumatólogos de todo el mundo

Llegamos al lugar y aquello parecía más una postal típica de Finlandia que de Turquía. Yo al menos no me hubiese sorprendido demasiado si un gordo vestido de rojo hubiese aparecido en medio de los abetos.

Estar rodeado de toda esa nieve, y que encima no parase de nevar, me parecía increíble. La verdad es que no me extrañaría que cualquiera de los compañeros de viaje pensase que me había metido algo antes, porque estaba completamente hiper-activo, moviéndome de un lado a otro sin parar mientras me reía como un energúmeno. 

He aprendido un par de cosas con este viaje, pero una de las más importantes es que nunca puedes confiar en la nieve. Todas esas pequeñas montañitas de agua cristalizada solo son una panda de putas esperando a que des un paso en falso para mojarte hasta la rodilla. Antes de tener los esquís, yo ya tenía los pantalones chorreando. Pero en cuanto tuve las botas de esquiar puestas salí corriendo de la tienda y le dí su merecido a la nieve.


Queridos niños que leéis este blog; cuando esquiéis por primera vez tomaos unos segundos para tranquilizaros o acabaréis como vuestro querido Tito Moi; pisoteando un montículo de nieve mientras gritáis "¿¡Quién moja ahora a quién, zorra!?"

¿Recuerdan, queridos lectores asiduos a este blog, aquellos perros que me persiguieron por una callejuela de Eskisehir a las dos de la madrugada? Pues en Uladag hay unos perros que al verlos me hicieron dar gracias de que los que hay en la ciudad sean unos nenazas comparados con ellos. Aquellos caballos pequeños iban en manada recorriendo la base de la montaña y pasando al rededor de los coches aparcados, y se quedaban quietos y en silencio mirándote si se daban cuenta de que los observabas.   


Después de haber esquiado como locos, de caernos los que no teníamos ni idea del asunto y era nuestra primera vez -valga la pena decir que la imagen de Alex Snelling en medio de la pista recubierto de nieve me llegó al corazón-, devolvimos el material y nos fuimos a lo que nos habían dicho que era una barbacoa. Imagínense la situación, queridos lectores, -nosotros muertos de frío, las puntas de los dedos doliendo como el demonio y todo el cuerpo mojado o cubierto por la escarcha- cuál fue nuestra cara cuando aquella barbacoa resultó ser un par de planchas de metal improvisadas dentro del autobús y los kilos de pechugas, alitas y salchichas soñados se convirtieron en un bocadillo medio vacío con más lechuga que carne.

El día se terminó con una señora batalla de nieve entre Malva, Nacho, dos chavales más y yo, mientras otro  colega grababa un vídeo mientras se desorinaba finamente de la risa cuando alguien recibía un bolazo en la cara. Valga decir que acabó con Malva lanzándole una bola de nieve del tamaño de su antebrazo al cámara, uno de nuestros colegas gritándome "You fucking bastard!" cuando pensé que sería buena idea ver qué tal le quedaría una bola de nieve de parche en su ojo derecho y Nacho jugando a ser francotirador y juntando puntos por cada cabeza que recibía un bolazo suyo.



Como detalle final del día, la vuelta a Eskisehir eran otras tres horas de guagua. Obviamente aquello se merecía una siesta, y diantres si me la eché. Pero cuando me desperté la señora que estaba a mi lado me miraba con unos ojos llenos de odio. Creo que no le tuvo que hacer mucha gracia que roncase.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Reductio ad Hitlerum

Tengo un colega alemán aquí -llamémoslo Adolfito- con el que hago chistes de nazis. Ni él ni yo somos de levantar la zarpa derecha con más convicción que la de partirnos el ojete. Lo hacemos porque nos hace gracia el humor negro, por grotesco que suene esto, como al fin y al cabo siempre lo es, admitámoslo.
La entrada de hoy toca hacerla porque hace un par de días otro ciudadano germánico que tengo agregado en la red social se enfadó bastante con Adolfito por un asunto.
Digamos que tengo una foto de mi amigo en una posición más tercer-reichista de la cuenta y comenté de risas que ahora podría chantajearlo cuando quisiera con esa foto en mi poder. Y el otro alemán leyó eso, y sin venir a cuento se cabreo con Adolfito en vez de conmigo. Me parece bastante representativo de lo cegado que está ese tipo -por no decir otra cosa-, cuando habiendo hecho yo la broma en lugar de encabritarse conmigo se encabritó con mi amigo alemán.
Curioso como a veces las estupideces propias más ingenuas sacan las estupideces ajenas más viscerales.
En cualquier caso; aunque nadie me lo pida aquí están las razones por las que hago bromas sobre nazis.
1) Me hacen gracia. Obviamente esta es, al final, la única razón genuina. 
2) Sé que es un lujo poder reírse de los nazis porque me toca bastante lejos. Así que me lo permito. Y qué bien sienta.
3) Para mí el humor es lo mejor que hay para poder sobrellevar la parte más jodida de la vida, y es uno de los mejores consuelos que hay. Los griegos usaban la catarsis en el drama. A mí me gusta usarla en la risa.
4) Los nazis fueron reales, valga la redundancia. Muy reales. Hay familias que incluso hoy en día tienen todavía cicatrices que les recuerdan a cada segundo lo reales que fueron, pero para mí aquellos tipos a una esvástica pegados me quedan tan lejos en el espacio, el tiempo y los círculos sociales que no representan  para mí más que lo abstracto de lo Malvado; son la prueba de lo peor que puede hacer el Ser Humano. Y como todo concepto abstracto dañino, para mí es risible si se le echa los suficientes cojones (y admito que para mí en este caso es fácil).
5) No hay mejor manera de evitar convertirte en algo que riéndote de él.
6) El humor suele cosificar a la gente, y es más fácil enfrentarse a algo que a alguien.

En cualquier caso no digo con esto que lo que yo haga, ni lo que Adolfito haga, sea demasiado moral ni sea lo correcto. Posiblemente sea de hipócritas y de imbéciles. Pero qué quieren que les diga. A mí Adolfito me demuestra o sabiduría o estupidez (o una mezcla de las dos) cuando en vez de censurar mis bromas nazis las comparte, siendo él más rojo que los calzoncillos de Papa Noël.


martes, 13 de diciembre de 2011

Lo primero que pensé fue "Me cago en Dios, ¿dónde me he metido?"



Elena y yo llegamos a Eskisehir a las tantas de la madrugada una noche cerrada que amenazaba con llover. Salimos del tren y nos vinieron a recoger gente del ESN que ni siquiera sabíamos que habían venido a por nosotros. De no haber sido por ellos habríamos dormido en la estación de tren aquel día, pero nos dejaron dormir en una habitación de su casa. Eso siempre se los agradeceré.
El caso es que yendo hacia el lugar de ellos, caminábamos por una típica calle de Eskisehir; la carretera llena de agujeros, montañas de arena para hacer la mezcla de cemento para una de los muchísimos edificios en construcción de por aquí, aceras destrozadas, perros callejeros deambulando en busca de algo que meterse en la boca o un sitio caliente donde echarse unas cuantas horas. Imagínense la primera impresión para alguien que iba a quedarse a vivir allí todo un año.
Mientras caminábamos empezamos a oír la llamada de la mezquita. Ahora sé que debían de ser las cerca de las cinco de la mañana, que es el primer rezo de la jornada. Era la primera vez en mi vida que oía esa llamada. Me detuve. 
No diré que me extasió la belleza porque eso es una gilipollez, pero si que me impresionó profundamente. Es raro vivir algo que sabes que existe y de lo que tienes noticia pero que nunca habías experimentado. Durante unos segundos te mueves entre la curiosidad, la decepción y la alegría de vivirlo finalmente.
Pero un segundo después empezamos a escuchar algo que ni Elena ni yo habíamos escuchado nunca. Un rugido ensordecedor, como si la mano de Dios hubiese empezado a cortar los cielos con unas tijeras y la noche se estuviese rajando por la mitad como una tela barata de color negro infinito. 
Miramos hacia arriba y vimos como dos cazas militares pasaban a toda velocidad sobre nuestras cabezas aullando.
Así que ahora imagínense, queridos lectores, cuál fue nuestra primera impresión; la llamada de la mezquita al rezo y los cazas militares mientras nosotros caminábamos por una calle a oscuras de madrugada al tiempo que un perro hambriento nos miraba desde la esquina. Espero que no crean que soy un loco cuando sepan que lo primero que pensé fue "Me cago en Dios, ¿dónde me he metido?".

Al día siguiente supimos lo de los campos de entrenamiento de aviación militar en Eskisehir, y eso nos tranquilizó. Ahora me acuerdo y me río. No sé para los demás, pero para mí Eskisehir fue durante los tres primeros días una ciudad amenazadora, pero que luego solo me dio alegrías. 
Siempre es curioso comparar el caos que sientes cuando llegas a un lugar desconocido con el orden con el que lo ves todo una vez que te habitúas a él, por muy descontrolado que acabe siendo al final.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Sobre apachis, coyos y pavos reales

En España tenemos a los canis, a los malotes, a los coyos, a los poligoneros... En conclusión, a esa tribu urbana que ha ido creciendo más y más con los años o que simplemente siempre estuvo allí bajo diferentes nombres.
En Turquía tienen a los apachis. En este video podemos ver a Ozhan, uno de mis amigos turcos en Eskisehir (el que está bastante petado), que no se le ocurrió otra cosa mientras viajaba por los EEUU que ponerse a bailar a lo apachi en medio de Times Square. Por eso de difundir la cultura popular y demás. Atentos al Joker del video, es el equivalente al tipo de rojo en el video del Tito MC.


¿Soy yo o este baile discotequero turco se parece sospechosamente a la fiebre del Tecktonick que se vivió en París hace cuatro años?


Al final todo esto no es tan diferente de lo que uno puede ver en su momento en cualquier discoteca de Gran Canaria. Si no acuérdense queridos lectores canarios de nuestro querido Arody The Dry


Al final lo único que hacemos es inventar nuevas formas de enseñar las plumas.





domingo, 11 de diciembre de 2011

Entrada prohibida a vigoréxicos

Es curioso como la humanidad comparte en el sitio que sea ciertos comportamientos que nos demuestra que somos igual de idiotas y geniales cuando queremos.
Hoy fui a un gimnasio en Eskisehir y si no me quitaba los auriculares cualquiera diría que seguía en Las Palmas o en Santiago de Compostela, por esos tipos que andan como gorilas, con los codos a más separados mejor, que se tocan sus pectorales con esa cara de sufrimiento hacia el horizonte como diciendo "Dios... cuántas fibras he roto hoy con mi nuevo ejercicio de mancuerdas" y con esa mirada por encima del hombro que lanzan a los alfeñiques, nenazas y tirillas que poblamos los gimnasios.

Tres decepciones

Cuando vine a Turquía de erasmus tenía tres ideas en mi cabeza; que siempre haría calor, que me sobraría el dinero y que comería kebabs cuando quisiera. En conjunto la imagen se me hacía agradable; me veía a mí mismo tumbado en una hamaca bajo un sol caribeño con dos atractivas turcas agitando hojas de palmera para refrescarme mientras yo bebía un mojito bien frío sabiendo que me traerían un kebab con solo chasquear los dedos.
Bueno. Pues ahora estar a 4 grados al sol me parece una maravilla, estoy en números rojos en mi cuenta y tuve que irme hasta Estambul para comerme un kebab. Y no llevaba salsa.
Por lo menos de esto se saca provecho y me voy a aprender a esquiar en un par de días.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Nunca máis

Hace un par de semanas me compré una máquina de cortar el pelo soñando con que gracias a esa estratagema maestra ahorraría un pastón.
Hoy, mientras escribo esto, Elena está intentando arreglar el estropicio que ha causado esa máquina mientras se parte su real ojete. La verdad es que no sé que esperar, porque le está empezando a salir su risa malvada y me está hablando mucho sobre "así empezaron todas las modas, con fallos".
Así que Caballeras y Damos, cuando piensen en comprarse una máquina de cortar el pelo, pásense antes por la sección utensilios de cocina y cómprense un cuchillo de plático. Seguramente corte mejor. 

jueves, 8 de diciembre de 2011

La primera vez que veo la nieve

Esta noche ha nevado.
Y este canario lo ha visto por primera vez, aunque haya tenido que irse más de 4.000 kilómetros lejos de su casa para verla. Es curioso como un solo hecho de repente te sitúa en tu Aquí y en tu Ahora si sabes apreciarlo en el momento justo.

Hay en Eskisehir una chica que nunca había visto nevar hasta ahora también. Se llama Simona y es italiana, de  Ossi, un lugar al norte de Cerdeña. En cuanto vio cómo caían los primeros copos me preguntó a través de internet si quería salir a la calle a por nuestra primera pelea de bolas de nieve. La verdad es que el hecho de que fueran las cuatro de la madrugada no nos importó demasiado a ninguno de los dos, así que perdimos la pereza, cogimos el abrigo y nos fuimos a la calle a encontrarnos. La foto de aquí abajo la capta en uno de sus momentos típicos; llamando al personal bastardos.


Y Metin también se vino -los lectores asiduos del blog ya lo conocerán. Aquellos que no, ya están tardando en ir a las primeras entradas-. Metin dijo que jugar con nieve siempre le recuerda a cuando era un enano y le echaba nieve dentro de los pantalones a sus amigos.


Cómo lo he disfrutado.





miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cengiz Topel

En Eskisehir, en uno de los entramados más transitados de la ciudad uno puede encontrarse con una de las estatuas más curiosas de la ciudad. Y será porque en Eskisehir no hay estatuas curiosas. Pero esa es otra historia.
La de hoy es la estatua de Cengiz Topel. Uno de los héroes modernos de Turquía, de esos que parece que el país tiene a patadas.


Al hombre le dedicaron no solo esta estatua, sino que en su honor han llamado con su nombre a lugares, escuelas y hospitales. Y tiene alguna que otra efigie más por el país.

En su momento me pregunté a cuento de qué venía la estatua de un tipo que parecía un extra de la película Top Gun en medio de Eskisehir, así que me puse a ver qué encontraba por internet sobre el tipo. Y lo que vi me pareció tan simbólico de Turquía que a uno le ayuda a entender el sentimiento de orgullo nacional que se tiene aquí -y a mi personalmente me revuelve un poco el estómago-.

El pequeño Cengiz fue hijo de un tabaquero, nacido en 1934. A medida que el pequeño niño fue creciendo se fue interesando más y más por la aviación, hasta el punto que acabó uniéndose a la Türk Hava Kuwetleri (la Fuerza Aérea Turca, para entendernos) y fue entrenado en Canadá para volver a Turquía en 1961 a la base aérea de Eskisehir y convertirse en capitán dos años después.

Al mismo tiempo que ocurría esto en Chipre, una isla habitada por poblaciones griegas y turcas, las cosas se iban revolviendo más y más, hasta el punto que en 1963, el presidente de aquella isla -el Arzobispo Makarios III- propuso una enmienda a la Constitución del lugar que hablaba sobre la "reorganización y redistribución" de los turcochipriotas y grecochipriotas.

Perdonen que me altere un poco, pero cuando alguien habla de "reorganización y redistribución" de algo que camine sobre dos patas a mi me recuerda a un alemán famoso al que le encantaba jugar a parecerse a los gatos de juguete que venden en los chinos. Eso de levantar una y otra vez la zarpa derecha le volvía loco, oigan.

El caso es que a los turcos eso no les gustó nada, pero en lugar de hablar las cosas tranquilamente se pusieron en plan "cagüendiosPatxinometoquesloscojones" y entre una cosa y otra acabaron invadiendo la isla. Así. Para las risas.

Y ahí es donde volvemos al bueno de Cengiz. Su escuadrón salió en misión uno de esos días y cuando atacaban la isla durante la batalla de Tylliria, su avión fue derribado por las fuerzas greco-chipriotas.
Al precedente de Han Solo después de visitar a Jabba the Hutt le dio tiempo de abrir su paracaidas mientras caía, pero al aterrizar en tierra fue capturado.
Dicen que fue torturado antes de ser fusilado, pero en cualquier caso una vez que puso pie en tierra murió.

Cengiz es tan reconocido porque él fue el primer miembro de las Fuerzas Aéreas turcas en morir en combate -que por otra parte me parece increíble, teniendo en cuenta que esa rama del ejercito fue fundada en 1911-. Y como primer mártir con alas de metal fue adorado por su país como un héroe.

Y bueno, ahora el comentario ácido. Yo no sé mucho, pero a mí eso de adorar a gente torturada me recuerda a unos señores de hace 2000 años a los que les cayó genial cierto carpintero de Nazaret al que le encantaba darle a la lengua y rayar al personal en la montaña y le dedicaron hasta cuatro libros y alguna cosilla más de lo majo que era. Pero luego les dió por interpretar lo que ese mismo hombre dijo en su momento como les dio la gana hasta el punto de desvirtuar todo su significado, y haciendo en consecuencia de todo excusándose en esas palabras que ya no significaban lo que eran al principio. Se cometieron atrocidades. Se hicieron barbaridades. 

Quien sabe si aquí ahora se está empezando a usar el mensaje de Cengiz como le da la gana a ciertas personas con bigote poblado. Y cuando digo quien sabe, por supuesto lo digo con ironía. No sé si lo captan.

martes, 6 de diciembre de 2011

Crónica de Capadocia (2): Cómo hacer el gilipollas

Y aquí está damas y caballeros y caballos; el manual de cómo conseguir la perfecta muerte estúpida, por Álvaro Gil.



El viaje a Capadocia dio para mucho, pero esta es una de las joyas que más valoro; ni Christopher Nolan consiguió acercarse a la verdadera esencia de Batman como este video. Lo tiene todo si le echamos imaginación: el que graba con la cámara (Aitor) y que se ríe como un asesino esquizofrénico puede ser perfectamente el Joker.Y por el otro lado tenemos al héroe que arriesga su vida (Geri), ni más ni menos que el Caballero Oscuro. Y finalmente tenemos a la víctima (Álvaro) que se ha metido por su propio pie en una trampa tonta solamente por una foto-tuenti.

Y es que Álvaro quería sacarse una foto guapa-guapa, de esas reshulonas tipo principal, aunque eso significase meterse en un precipicio resbaladizo. Y por Dios que se arriesgo. Pero de la foto al final no hablamos. Aitor juzgó más propicio para el momento hacer un video. Así, si Álvaro se acababa cayendo, al menos habría un video con el que echarnos unas risas durante el velatorio.
Y luego Geri, que le echó un par de cohone para salvarle la vida. Chapó.

Por cierto, atentos al "cagüendios" final. Esa palabra lo resume todo.

Y hablando de Batman; nos encontramos ni más ni menos que un batarang congelado por Mr. Frío en mitad de Capadocia


El que sostiene la cartera de Batman es el bueno de Vicent Ortega, yonki de Batman para los amigos. El que está escondido en las sombras detrás de su capa es Tito Moi.



lunes, 5 de diciembre de 2011

Crónicas de Capadocia (1)

Ayer llegamos de un viaje exprés de Capadocia.
Sinceramente aquello más que un viaje erasmus parecía más un viaje del Imserso; los guías (estudiantes turcos del ESN), nos llevaron en autobuses dando vueltas por todos lados y después, casualmente, nos hacían dejar caer como quien no quiere la cosa en medio de tiendas que no venían a cuento. Por si queríamos comprar algún recuerdito. 
Entendí hasta cierto punto la tienda de alfarería artesanal. Incluso la bodega de vinos de diez metros cuadrados. Pero que nos llevasen a una tienda de ultramarinos diciendo que comprásemos frutos secos que eran típicos de ahí... eso me mató.
En cualquier caso el asunto no estuvo nada mal. Ver el paisaje de Capadocia en silencio a uno le pone los pelos de punta. 





Como dijo Jack el Destripador, vamos por partes. Antes de meternos en el meollo de lo que pasó en el viaje, un poquitito de cultura general antes de empezar.

Desde cualquier lugar de la Capadocia uno puede ver como una mole nevada se levanta en el horizonte; es el Erciyes, un enorme volcán de 3,916 metros que en su momento explotó dejando cientos de kilómetros a su alrededor recubiertos de material volcánico. Con el paso del tiempo y la erosíón aquello fue quedando como está: chimeneas de hadas que más tarde fueron excavadas por los distintos pueblos que poblaron el lugar. Hasta donde se sabe los primeros pobladores fueron los ciudadanos de Çatalhöyük, una ciudad del período neolítico en cuyos restos se encontró lo que se cree que es la pintura paisajistica más antigua del mundo; un fresco del 6200 a.C. donde se representan unas casas en primer plano y a lo lejos lo que se cree que es el volcán Hasandağ, otro de los volcanes que hay en la región

El caso es que como siempre, aquello a la larga se fue de madre y entre que si la pelota es mía y tu no juegas y que si uy, perdona pero me tropecé y te clavé la espada sin querer, por allí pasaron de todo, desde asirios, hititas, persas... el lugar era tan famoso que hasta Alejandro Magno se dio un paseito por ahí y le gustó tanto que le mandó contruir al consejero de urbanismo del ayuntamiento de turno una parcelita por allí para descansar cuando volviese de conquistar medio mundo antiguo y esas cosas.

Y así estuvo la cosa; después de los griegos vinieron los romanos y luego de imperio a imperio y tiro porque me ha tocado llegaron los bizantinos. Y ahí la cosa se pone aún más interesante, pero lo dejamos para la siguiente entrada.




Guerra fría en Eskisehir

La comunidad erasmus en Eskisehir está en una situación de Guerra Fría; dos superpotencias luchan por el control mientras que un tercer mundo compuesto por diferentes naciones se comen los mocos porque nadie les da vela en el entierro.
Aquí las super-potencias son España y Polonia, cada uno con más o menos treinta representantes aquí. Menos mal que no vivimos en el mundo Marvel donde los países tienen super-heroes que lo representan; sería  incómodo verse al capitán España paseándose solo y en mallas por Eskisehir, renegado de los propios españoles porque pensaríamos que sería facha.
Del sargento Vodka mejor ni hablo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Está bien esto de ser humano


Una de las pocas cosas que le encuentro malas a este blog a la hora de trabajar en él es que hay cosas para las que me niego a mí mismo la licencia de escribir. Hay ciertas cosas que pasan que solo deben ser conocidas por aquellas personas que las vivieron y que otros, que no tienen nada que ver y solo leen esto, no tienen el derecho de conocer. Y es que en esto de contar qué pasa a miles de kilómetros de casa, el uso que hacemos de la dignidad refleja lo hijos de puta o lo buenazos que podemos llegar a ser.
Por suerte sí puedo escribir sobre ciertas repercusiones que tienen ese tipo de historias; situaciones que aparecen sin que uno sepa muy bien cómo y que de repente hacen descubrir los rincones íntimos que guardan algunos individuos dentro de sí, rincones que no sabías ni que existía. Tal vez porque no hubo oportunidad para ello. Tal vez porque es en ese momento exacto cuando se descubre lo que uno guarda de verdad en el alma.
Hablo de generosidad. Y de altruismo. Y de desinterés. Del te ayudo sin explicación. Del que hoy por ti mañana por mí, y que no te preocupes que  todo saldrá bien. Hablo de que hoy vi a una persona ayudar a otra tan desinteresadamente que se me dibujó una sonrisa en la cara y pensé, Joder, pues no está nada mal esto de ser humano si le pones ganas. 

viernes, 2 de diciembre de 2011

No hay dolor

¿Se acuerdan, queridos lectores, que hablé de los tantunis hace un par de días?
Si, señores. Hagan un ejercicio de memoria; esos bocadillos con cubitos de carne de pollo, cebolla picada y lechuga en tiras con especias picantes y sal. Hace unas semanas subí una foto de Mehmet y yo comiéndolos en medio de una fiesta en el piso.
Pues hace unos días Elena me descubrió una curiosidad. Hay una página web para pedir comida a domicilio. Y si quieres pedir un tantuni, tienes la opción de picante o no picante, que en turco se dice Acisiz o Acili .
Lo curioso es que Acisiz significa literalmente  "no dolor" o "sin dolor".
Para que luego digan que la comida turca no es especiada.
Dolor. Muerte. Destrucción.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Pisando terreno resbaladizo


Muchos de los turcos que he conocido hasta ahora son creyentes (“believers” se llaman a sí mismos en inglés). Muchos tienen una concepción deística de Alá, en la que reconocen su existencia y acuden a él cuando tienen problemas, pero no creen necesario adorarle las 5 veces al día que manda el Corán.
Cuando digo que soy ateo muchos dicen que sienten lástima por mí, igual que al resto de Erasmus ateos, pero una pena ínfima, como si nos hubiésemos levantado la costra de una herida demasiado grande. Otros no dicen nada o simplemente dicen “lo respeto”. La inmensa mayoría jamás te sacará el tema.
Nadie está aquí para convencer a nadie, al menos eso parece ser por ahora. A ninguno nos interesa lo más mínimo en el hombro de quién o qué nos abrazamos cada cuál en las noches de tormenta.
Sin embargo hace unas semanas empecé a discutir del tema con uno de mis mejores amigos turcos, alguien que aún saliendo de fiesta, encantándole el hecho de beber alcohol y acostarse con todas las mujeres que puede, tiene la seguridad de que en unos pocos años acabará sentando la cabeza y convirtiéndose en un musulmán responsable. Y eso empezará cuando peregrine a La Meca, me dijo en su momento.
Fue en esa discusión cuando por primera vez intuí realmente lo que significa la tolerancia; cuando él me expuso unas ideas que yo no comparto -por no decir algo más fuerte-, y yo valoré que para mí era más importante su amistad que nuestras diferencias conceptuales y decidí callarme, sin asentir pero tampoco sin afirmar; dejar que él terminase de hablar y luego cambiar de tema.
Me consuela pensar que al final lo único que importa son los actos personales y no las creencias, aunque también sé que me engaño a mí mismo al no meter a las motivaciones dentro de la ecuación.
Digamos que es un dilema que dejaré en el limbo de mi conciencia moral quedándome quieto hasta que las cosas se solucionen por sí solas, por cobarde que eso pueda sonar. Solo tengo una cosa clara; no perderé ningún amigo por culpa de ningún dios si eso está en mi mano.



miércoles, 30 de noviembre de 2011

Adiós Ditto

Hace unas semanas vivimos un momento triste en el piso. Tuvimos que sacrificar a nuestra mascota del piso. Nosotros la llamamos Ditto; era el conjunto nacido de la mancha de café, té y basura que había ido creciendo poco a poco con nosotros desde la última fiesta que hicimos en el piso y que con el paso del tiempo había adquirido conciencia propia.


Supongo, queridos lectores, que estarán de acuerdo conmigo que Ditto es un nombre que le viene perfecto a nuestra mascota; cual pokemon multiforme creció con nosotros y se ganó un pedacito de nuestros corazones.



Por eso yo lloré mientras lo restregaba. No por el mal olor. No por lo asqueroso de mis dedos pringados. 
Por los recuerdos. Por el amor.

Siempre en nuestros corazones, Ditto.


martes, 29 de noviembre de 2011

Corre, Moi, corre

Desde que empecé la carrera empecé a adquirir un hábito que nunca pude tener en casa de mis padres; salir a correr de noche. Para ese tipo de días un poco descontrolados en los que se te quedan pegadas las sábanas más de la cuenta o te tomas algo más de café de lo que deberías y siempre cuesta dormirte, salir a correr un poco de noche viene genial para dormir luego de un tirón.
El caso, hoy era una de esas noches. Aunque la temperatura era de -9, tampoco es nada que un par de abrigos, un anorak y un poco de música no pueda solucionar, así que salí a la calle y me puse al lío.
Estuve como media hora hasta que decidí que era suficiente y que no quería coger una pulmonía, así que cuando enfilé mi calle dejé de correr y me dediqué a caminar los últimos trescientos metros.
¿Recuerdan, queridos lectores, cuando escribí acerca de los gatos callejeros de Eskisehir? Pues también hay perros callejeros.
Vi a uno de ellos correteando a unos cuantos pasos de distancia frente a mi, uno relativamente pequeño que casi parece más abandonado que nacido y criado en la calle. No me preocupó y seguí mi camino, pero en un instante se puso alerta y levantó las orejas dirigiendo su cabeza como una flecha hacia un perro marrón y negro mucho más grande que él que estaba solo a unos metros por delante.
Mentiría si dijera que no me impresionó ver a esa bestia perfilada bajo la luz de una farola amarillenta en medio de una encrucijada de cuatro calles de los suburbios por las que no pasaba ni una sola alma a las dos de la madrugada.
Bueno Moi, no te preocupes -me dije- que es solo un perro. Tampoco es tan grande. Tú no hagas ninguna tontería y no pasa nada.
Seguí caminando como quien no quiere la cosa, pero a medida que me iba acercando a este segundo perro que a cada paso se iba haciendo acojonantemente más y más grande, yo me iba acercando más y más a la acera y me alejaba más y más de él, haciéndome el loco pero mirándolo de reojo y preparando la patada del por-si-acaso-por-favor-no.
Y justo atravesando la encrucijada de las cuatro calles, en ese momento ciego en el que estás más centrado en lo que ve tu rabillo del ojo que lo que realmente estás mirando, oí un ladrido precisamente de mi punto ciego.
Y madre de Dios. Menuda escena.
Me giro y me doy cuenta de que no son un ladrido; son diez distintos. Diez perros corriendo hacia donde estoy yo y ladrando como hijos de perra.
Y yo no me paro ni un segundo a averiguar si van a por mi o a por el cachimarán que está tan acojonado como yo a solo un par de pasos por detrás de mí.
Así que ahí me podían ver, queridos lectores, esprintando por medio de una calle de los suburbios de Eskisehir a las dos de la madrugada perseguido por diez perros ladrando como locos y yo gritando a mi vez "hijos de puta" una y otra vez. Solo diré que las rodillas me chocaban contra la punta de la nariz.
Así que, queridos lectores, creo que el hábito de correr de noche se ha quedado definitivamente aparcado hasta nuevo aviso.

Y por cierto, háganse cargo de la escena posterior; llego a mi piso a las dos y media de la madrugada, jadeando y descojonándome por la escena. Todos dormidos en el piso menos Elena, que está encerrada en su habitación y que ahora mismo posiblemente esté escondida debajo de las sábanas acojonada ya no solo por el detalle de haberme ido a la calle a las dos de la madrugada, sino por esos jadeos y risillas descontroladas.
Posiblemente mientras esté escribiendo esto ella esté contando con los dedos de las manos cuántos días faltan para cambiarse de piso y dejar de vivir con un enfermo mental.

Repóker de gilipolleces.

The interview


¿Se acuerdan, queridos lectores, del video que hizo el bueno de Arturo Sánchez -o Xito, que es muy campechano- sobre el viaje Olympos y que subí hace un par de días al blog? Ahora ha vuelto. Más grande. Más fuerte. Y esta vez por obligación.
Resulta que los cachondos de los profesores de Anadolu University se han tomado muy en serio eso de que ser erasmus no es igual a no trabajar, y le han mandado a él y a su grupo currarse un video.
E aquí el resultado; un trabajito de un par de minutos hecho entre un pequeño tumulto que, aunque hayan habido ciertos problemas durante la grabación y la post-producción, parece que nadie ha matado a nadie.
Por el momento.
Como siempre si hay alguna muerte violenta en la comunidad erasmus de Eskisehir, ahí estará el Tito Moi para informar.

Hoy toca de hablar de cosas tristes


Hoy le vi el alma a una persona. Y era un alma que estaba muy jodida con la vida. Y muy cansada.
No diré quién es porque ya hablé más de la cuenta en su momento cuando llegué a casa, y no creo que la persona merezca que su nombre salga aquí sin que él o ella tenga la menos idea, incluso cuando sea casi imposible que acabe sabiendo que este blog existe; y es que cuando te expones así, como mínimo esperas algo de silencio por parte del otro. O al menos te consuela imaginar que lo habrá.
Yo no soy de esos que guardan silencio, pero al menos si puedo tener la decencia de no decir nombres ni géneros y contar solo la historia. A veces la gente se olvida que el mensaje es más importante que el mensajero.

La escena empieza cuando ambos estamos tomando un café y hablando de cosas sin más: ese tipo de conversaciones que fuerzas para intentar que sea todo muy interesante y todo quede muy divertido, de estas cosas que te entran ganas de pararte en medio de la charla con sonrisita en la boca y digas "Uy, pero que bien que nos lo estamos pasando ¿no?".
Pero cuando yo estaba por pararme efectivamente a decir la frasecita, es exactamente entonces cuando la persona en cuestión paró en seco y me pregunta sobre qué planes tengo a corto y a largo plazo con mi vida. 
No sé ustedes, pero a mí cuando alguien que casi no conozco me pregunta sobre lo que quiero hacer con mi vida,  dentro de mi cabeza algo empieza a aullar como si fuera la alarma de un submarino a punto de estallar y se me levantan las defensas. No estaba muy seguro de qué me iba a decir esa persona, pero jamás pensé que me fuera a decir nada como lo que me acabó soltando.
Lo que yo quiero hacer con mi vida no viene al caso, pero una vez que le expuse el asunto la persona se restregó los ojos. Y luego empezó a hablar muy seriamente mirándome a los ojos.

Aquella persona me habló de resignación y de conformismo, de que más que luchar por lo que quiero que aprendiese simplemente a adaptarme a lo que llegase. Que al final lo que yo quiera no va a significar demasiado.
Y luego soltó la frase: “al menos eso es lo que yo he aprendido en la vida”. Como disculpándose.
En cualquier caso no me chocó eso, no es la primera vez que me dicen este tipo de cosas. Me chocó que aquello que me intentaba decir en realidad esa persona era lo más optimista que podía llegar a decir. 

A medida que esa persona iba hablándome de todo ese estoicismo mal digerido de libros de auto-ayuda que seguramente habría devorado a decenas, yo no podía atender a lo que me decía, sino a lo que no decía pero dejaba intuir con la mirada y los gestos.


Y esa persona sonreía de vez en cuando cuando hablaba. Esas sonrisas que me lanzaba era lo que más me inquietaba, y no porque me intentase consolar con ellas, sino porque estoy casi seguro de que esas sonrisas se han acabado convirtiendo para esa persona en su propio consuelo. 

Joder, esa persona me dio pena.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Excalibur

Cuando se llega de Erasmus a donde sea, uno empieza por hacer cosas obvias. Una de ellas es pillarse un movil-cascotrón prehistórico autóctono para poder comunicarse con la gente de ahí. Aunque siempre están los ricos que se compran iPhones y cosas así. Por supuesto ese es el tipo de erasmus con los que no te quieres relacionar. Ellos no saben apreciar la fina belleza de lo vintage, aderezado con el recuerdo de la infancia.


Este es el mío. Yo lo llamo Excalibur y tiene una aplicación que Steve Jobs nunca podría haber creado por mucho que se esforzase; ayudar a la defensa del usuario.
Y es que algunos callejones oscuros de Eskisehir pueden llegar a convertirse en lugares muy peligrosos para pobres erasmus como yo, y como traer una navaja de Albacete sale cara (a ver si la gente que lee el blog pilla la broma), nada mejor que un arma indestructible que lanzar acertadamente al entrecejo de tus atacantes.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La tumba del Rey Midas sin Santa Sabiduría

Hace ya algo más de una semanita un par de erasmus nos fuimos en una visita exprés organizada por el ESN (una organización sin ánimo de lucro que quiere desarrollar la integración de los estudiantes de intercambio) a ver ni más ni menos que la tumba del Rey Midas, aquel del que decía la leyenda que todo lo que tocaba se convertía en oro.

Esto era lo que nos prometía internet y las guías de viaje; la entrada al falso templo de la tumba, con la fachada esculpida en roca madre con bajorrelieves frigios y hasta detalles de escritura cuneiforme bien conservados.


Y esto fue lo que vimos. Un par de troncos que tapaban todo.


Obviamente la están restaurando. Sin embargo mi parte más cínica no se puede dejar de preguntar cómo será el resultado final, teniendo en cuenta que estamos en un país cuyo monumento más universal, Santa Sofía, a pesar de ser Patrimonio Histórico de la Humanidad y de terminar de haber sido restaurada el año pasado después de 17 años de obras ahora solo consigue dar pena -después, por supuesto, del estupor inicial que uno siente al entrar por primera vez en ese lugar siempre soñado- al ver las pinturas de las paredes a medio caer o a los gatos callejeros lamiéndose su cipote en medio del Omphalion, el lugar sagrado donde se coronaba a los emperadores.

Pero bueno, esperemos a ver. Aunque el detalle de que no hubiese guardias de seguridad cerca que nos impidiesen haber subido hasta arriba del todo, como efectivamente hicimos, no me dice mucho a favor del resultado final.
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A pesar de esto, de que la visita fue tremendamente rápida, de que no entramos en el museo que estaba solo a unos metros de distancia (aunque sospecho que no nos perdimos demasiado; todo lo que encontraron está ahora en el Museo de las Civilizaciones de Ankara), de que pudimos escalar ruinas antiguas (!!) -lugares donde antes otros habían usado como despensas, casas o incluso templos- y de que no había ni un triste guía que pudiese explicarnos nada sobre la tumba levantada en honor a uno de los reyes más poderosos de la Antigüedad,  la visita estuvo genial. Si lo que uno buscaba era un día en el monte y no una visita cultural.

Al menos nos lo pasamos bien, fue un paseo precioso, con un paisaje que te invitaba a alejarte un ratito del resto, sentarte y escuchar el silencio, que parece mentira lo mucho que podías echarlo de menos.


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Por cierto, que Santa Sofía está dedicada ni a más ni menos que a la mismísima Santa Sabiduría, para los que no saben de griego básico. Supongo que es otra de las ironías de la vida que uno encuentra en Turquía; algo a lo que se ha dedicado tanto ahora esté en tan mal estado. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Por un puñado de routers.

Hay un bautizo de fuego que todos los Erasmus que llegamos a Eskisehir tenemos que superar durante los primeros días para demostrarle a los Dioses de la vida universitaria que somos dignos de nuestro privilegios: vivir sin internet.
Aquí la gente se curte con esto. Se nos encallece la piel, nos salen arrugas y se nos queda mirada de Clint Eastwood después de pasar por ese ritual. Algunos incluso nunca vuelven a ser los de antes, y si les pillas distraídos verás en sus miradas la sombra de ese dolor infinito que ningún abrazo puede curar. Tanto dolor causada por tanta barbarie... Dios...
Hasta ahora Elena y yo hemos sido los que más sufrimos; aguantamos casi más de un mes sin internet, y eso que el agua caliente, el gas para poder cocinar y la calefacción que calentaba nuestro piso cuando fuera de él empezaba a raspar los cero grados no llegó hasta dos semanas después.
Pero aguantamos. Y lo conseguimos. Sobrevivimos. Ahora somos dignos.


Aquí vemos a Clint en el día más feliz de su vida.




viernes, 25 de noviembre de 2011

Racismo y villancicos

Yo nunca pensé ser racista, pero hoy le solté a una albaceteña "¿Te lo he contado alguna vez? Siempre pensé que Albacete era la medida universal de la mediocridad". Para los que no lo sepan nunca he estado en Albacete.
Igual que esa perla, hace unos diez días un gallego me dijo "¿Sabes que eres de África, no? Pero bueno, que tranquilo que no pasa nada".
Así somos los españoles. Dejando por el mundo pequeñas muestras de nuestra sabiduría.
Hoy hubo barbacoa, ahí fue cuando casi recibo una bofetada por decir aquello de Albacete. Que por cierto intenté arreglar el asunto argumentando que ahí hacen buenas navajas y que hoy en día el mundo las necesita más que nunca, que matar con pistolas se nos está yendo de las manos y que ya se está olvidando aquel bello arte de la puñalada mirando a los ojos al enemigo.
Pues madre mía, menos mal que estudio Periodismo y no para diplomático.
Me voy por las ramas.
Lo más destacable de la "Day party" (para que luego digan que los españoles no usamos el inglés), fue ver ese espectáculo dantesco de tres de nosotros lanzando piedras sobre un tronco y usar los trozos para poder hacer fuego mientras dos chicas gritaban como energúmenas "¡cromañón!¡cromañón!". Creo que alguno hasta le dio por bailar la danza de la lluvia a nuestro alrededor.
Al final eso del fuego se quedó en un aborto de hoguerilla mal planificada, pero parece que con el calor la gente se debió de animar, porque a lo tonto a alguien se le ocurrió eso de empezar a cantar villancicos en medio de un bosque a menos tres grados un 25 de noviembre, por eso de que falta menos de un mes para la Navidad.


Pesadilla antes de navidad.