Yo nunca pensé ser racista, pero hoy le solté a una albaceteña "¿Te lo he contado alguna vez? Siempre pensé que Albacete era la medida universal de la mediocridad". Para los que no lo sepan nunca he estado en Albacete.
Igual que esa perla, hace unos diez días un gallego me dijo "¿Sabes que eres de África, no? Pero bueno, que tranquilo que no pasa nada".
Así somos los españoles. Dejando por el mundo pequeñas muestras de nuestra sabiduría.
Hoy hubo barbacoa, ahí fue cuando casi recibo una bofetada por decir aquello de Albacete. Que por cierto intenté arreglar el asunto argumentando que ahí hacen buenas navajas y que hoy en día el mundo las necesita más que nunca, que matar con pistolas se nos está yendo de las manos y que ya se está olvidando aquel bello arte de la puñalada mirando a los ojos al enemigo.
Pues madre mía, menos mal que estudio Periodismo y no para diplomático.
Me voy por las ramas.
Lo más destacable de la "Day party" (para que luego digan que los españoles no usamos el inglés), fue ver ese espectáculo dantesco de tres de nosotros lanzando piedras sobre un tronco y usar los trozos para poder hacer fuego mientras dos chicas gritaban como energúmenas "¡cromañón!¡cromañón!". Creo que alguno hasta le dio por bailar la danza de la lluvia a nuestro alrededor.
Al final eso del fuego se quedó en un aborto de hoguerilla mal planificada, pero parece que con el calor la gente se debió de animar, porque a lo tonto a alguien se le ocurrió eso de empezar a cantar villancicos en medio de un bosque a menos tres grados un 25 de noviembre, por eso de que falta menos de un mes para la Navidad.
Pesadilla antes de navidad.

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