Este, señores míos, es un crack.
Se llama Metin y tiene 23 años bien madurados, a punto de llegar a
los 24. La historia que me contó la otra noche me gustó tanto que dije, esto va
para el blog.
La historia es más o menos la siguiente: estaba el joven Metin el
Alemania de Erasmus y una noche decidió salir de marcha. Se encontraba fumando
–un turco fumando, incredibol- en una discoteca y una alemana se le acercó y
empezaron a hablar que si tú, que si yo, que si el futuro, que si la luna está
preciosa esta noche y que no, que tú lo que estás es borracha y lo que estás
mirando con la boca abierta es la bola de la discoteca.
El caso es que en algún momento otros turcos que estaban de Erasmus
ahí se pusieron a fumar a su lado. Entonces la alemana soltó la perla de la
noche “Joder, como odio a los turcos”.
Supongo que el bueno de Metin se atragantó con el humo del
cigarrillo ante el comentario de esa pequeña natzi en prácticas, pero supo
encajar bien el golpe y no le faltaron reflejos cuando la chica le preguntó “¿y
tú de donde eres?”, porque el turco dijo “nena, lo siento, pero estoy tan
borracho que no me acuerdo de dónde soy”. Punto y mini-punto para Metin, sin
duda.
Así que siguieron hablando de la bola de la discoteca y a la chica
le debió parecer interesantísimo el tema porque quiso saber más en el piso de
Metin, más exactamente en la cama de Metin.
A la mañana siguiente Metin se despertó cuando la pequeña natzi le
tiró el pasaporte a la cara y le gritó “¡Eres un jodido turco!”.
-Nena, eso no era lo que decías anoche.- contesto Metin.
Lo dicho. Punto y mini-punto para Metin.
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