Hace unos días fui a hacerme el permiso de residencia en la oficina de
la policía en Eskisehir. Dos horas tardaron los trámites y aún tengo que volver
dentro de dos semanas. Pero a mí lo que me sorprendió de todo fue un solo
detalle que me hizo sentir ganas de escupir en la cara al estúpido de turno que
hay siempre en todos los lugares.
La historia es la siguiente: estaba con Sander -un amigo belga- y
Yasemin, una chica turca que nos acompañó para hacernos de interprete. Por lo
visto la señora que tenía que meter mis datos en su ordenador no debió de hacer
ningún curso de mecanografía, porque tardó más de media hora en susodicho
menester. Vi que había una chica (ya casi señora, en esa frontera que hay entre
los veintisiete y los treinta y dos) fumando en el balcón. Le pregunté a
Yasemin cómo se decía en turco “¿me puedes dar un cigarrillo?” y fui junto a la
chica. Ella me lo dio encantada y nos quedamos fumando en silencio en el
balcón. Era una chica-casi-señora guapa, rubia teñida y unas uñas pintadas de
rojo que me sorprendieron, porque aquí casi nadie se pinta las uñas así.
Tampoco fue un detalle que me dijese demasiado.
El caso es que terminó su cigarrillo, me sonrió y entró dentro de
la oficina. Yo me quedé fuera y cuando acabé el mío la señora de nula capacidad
mecanográfica ya había terminado, así que salimos.
Cuando estábamos Sander, Yasemin y yo caminando hacia la parada del
autobús Yasemin nos contó como un policía se le acercó a ella y le dijo algo
así como “¿quieres saber una cosa?¿Ves a esa chica? Es una puta de Armenia sin
papeles. Hoy la vamos a echar fuera de Turquía”.
Imagínense la cara que tuvo que poner Yasemin, cuando alguien que
no conoce cuenta algo que se supone que no debería de contar.
-Es por ese tipo de detalles por lo que odio a los policías turcos.
¿Y qué chica era? La misma que me dio el cigarrillo. La chica-casi-señora.
La de la amable sonrisa.
Pues mire usted señor policía. No sé nada sobre ella ni sobre
usted, pero solamente por lo que hizo
hoy ha perdido todo el derecho a tan siquiera quejarse cuando en los furgones de la policía la gente
pinte ACAB con spray.
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