miércoles, 30 de noviembre de 2011

Adiós Ditto

Hace unas semanas vivimos un momento triste en el piso. Tuvimos que sacrificar a nuestra mascota del piso. Nosotros la llamamos Ditto; era el conjunto nacido de la mancha de café, té y basura que había ido creciendo poco a poco con nosotros desde la última fiesta que hicimos en el piso y que con el paso del tiempo había adquirido conciencia propia.


Supongo, queridos lectores, que estarán de acuerdo conmigo que Ditto es un nombre que le viene perfecto a nuestra mascota; cual pokemon multiforme creció con nosotros y se ganó un pedacito de nuestros corazones.



Por eso yo lloré mientras lo restregaba. No por el mal olor. No por lo asqueroso de mis dedos pringados. 
Por los recuerdos. Por el amor.

Siempre en nuestros corazones, Ditto.


martes, 29 de noviembre de 2011

Corre, Moi, corre

Desde que empecé la carrera empecé a adquirir un hábito que nunca pude tener en casa de mis padres; salir a correr de noche. Para ese tipo de días un poco descontrolados en los que se te quedan pegadas las sábanas más de la cuenta o te tomas algo más de café de lo que deberías y siempre cuesta dormirte, salir a correr un poco de noche viene genial para dormir luego de un tirón.
El caso, hoy era una de esas noches. Aunque la temperatura era de -9, tampoco es nada que un par de abrigos, un anorak y un poco de música no pueda solucionar, así que salí a la calle y me puse al lío.
Estuve como media hora hasta que decidí que era suficiente y que no quería coger una pulmonía, así que cuando enfilé mi calle dejé de correr y me dediqué a caminar los últimos trescientos metros.
¿Recuerdan, queridos lectores, cuando escribí acerca de los gatos callejeros de Eskisehir? Pues también hay perros callejeros.
Vi a uno de ellos correteando a unos cuantos pasos de distancia frente a mi, uno relativamente pequeño que casi parece más abandonado que nacido y criado en la calle. No me preocupó y seguí mi camino, pero en un instante se puso alerta y levantó las orejas dirigiendo su cabeza como una flecha hacia un perro marrón y negro mucho más grande que él que estaba solo a unos metros por delante.
Mentiría si dijera que no me impresionó ver a esa bestia perfilada bajo la luz de una farola amarillenta en medio de una encrucijada de cuatro calles de los suburbios por las que no pasaba ni una sola alma a las dos de la madrugada.
Bueno Moi, no te preocupes -me dije- que es solo un perro. Tampoco es tan grande. Tú no hagas ninguna tontería y no pasa nada.
Seguí caminando como quien no quiere la cosa, pero a medida que me iba acercando a este segundo perro que a cada paso se iba haciendo acojonantemente más y más grande, yo me iba acercando más y más a la acera y me alejaba más y más de él, haciéndome el loco pero mirándolo de reojo y preparando la patada del por-si-acaso-por-favor-no.
Y justo atravesando la encrucijada de las cuatro calles, en ese momento ciego en el que estás más centrado en lo que ve tu rabillo del ojo que lo que realmente estás mirando, oí un ladrido precisamente de mi punto ciego.
Y madre de Dios. Menuda escena.
Me giro y me doy cuenta de que no son un ladrido; son diez distintos. Diez perros corriendo hacia donde estoy yo y ladrando como hijos de perra.
Y yo no me paro ni un segundo a averiguar si van a por mi o a por el cachimarán que está tan acojonado como yo a solo un par de pasos por detrás de mí.
Así que ahí me podían ver, queridos lectores, esprintando por medio de una calle de los suburbios de Eskisehir a las dos de la madrugada perseguido por diez perros ladrando como locos y yo gritando a mi vez "hijos de puta" una y otra vez. Solo diré que las rodillas me chocaban contra la punta de la nariz.
Así que, queridos lectores, creo que el hábito de correr de noche se ha quedado definitivamente aparcado hasta nuevo aviso.

Y por cierto, háganse cargo de la escena posterior; llego a mi piso a las dos y media de la madrugada, jadeando y descojonándome por la escena. Todos dormidos en el piso menos Elena, que está encerrada en su habitación y que ahora mismo posiblemente esté escondida debajo de las sábanas acojonada ya no solo por el detalle de haberme ido a la calle a las dos de la madrugada, sino por esos jadeos y risillas descontroladas.
Posiblemente mientras esté escribiendo esto ella esté contando con los dedos de las manos cuántos días faltan para cambiarse de piso y dejar de vivir con un enfermo mental.

Repóker de gilipolleces.

The interview


¿Se acuerdan, queridos lectores, del video que hizo el bueno de Arturo Sánchez -o Xito, que es muy campechano- sobre el viaje Olympos y que subí hace un par de días al blog? Ahora ha vuelto. Más grande. Más fuerte. Y esta vez por obligación.
Resulta que los cachondos de los profesores de Anadolu University se han tomado muy en serio eso de que ser erasmus no es igual a no trabajar, y le han mandado a él y a su grupo currarse un video.
E aquí el resultado; un trabajito de un par de minutos hecho entre un pequeño tumulto que, aunque hayan habido ciertos problemas durante la grabación y la post-producción, parece que nadie ha matado a nadie.
Por el momento.
Como siempre si hay alguna muerte violenta en la comunidad erasmus de Eskisehir, ahí estará el Tito Moi para informar.

Hoy toca de hablar de cosas tristes


Hoy le vi el alma a una persona. Y era un alma que estaba muy jodida con la vida. Y muy cansada.
No diré quién es porque ya hablé más de la cuenta en su momento cuando llegué a casa, y no creo que la persona merezca que su nombre salga aquí sin que él o ella tenga la menos idea, incluso cuando sea casi imposible que acabe sabiendo que este blog existe; y es que cuando te expones así, como mínimo esperas algo de silencio por parte del otro. O al menos te consuela imaginar que lo habrá.
Yo no soy de esos que guardan silencio, pero al menos si puedo tener la decencia de no decir nombres ni géneros y contar solo la historia. A veces la gente se olvida que el mensaje es más importante que el mensajero.

La escena empieza cuando ambos estamos tomando un café y hablando de cosas sin más: ese tipo de conversaciones que fuerzas para intentar que sea todo muy interesante y todo quede muy divertido, de estas cosas que te entran ganas de pararte en medio de la charla con sonrisita en la boca y digas "Uy, pero que bien que nos lo estamos pasando ¿no?".
Pero cuando yo estaba por pararme efectivamente a decir la frasecita, es exactamente entonces cuando la persona en cuestión paró en seco y me pregunta sobre qué planes tengo a corto y a largo plazo con mi vida. 
No sé ustedes, pero a mí cuando alguien que casi no conozco me pregunta sobre lo que quiero hacer con mi vida,  dentro de mi cabeza algo empieza a aullar como si fuera la alarma de un submarino a punto de estallar y se me levantan las defensas. No estaba muy seguro de qué me iba a decir esa persona, pero jamás pensé que me fuera a decir nada como lo que me acabó soltando.
Lo que yo quiero hacer con mi vida no viene al caso, pero una vez que le expuse el asunto la persona se restregó los ojos. Y luego empezó a hablar muy seriamente mirándome a los ojos.

Aquella persona me habló de resignación y de conformismo, de que más que luchar por lo que quiero que aprendiese simplemente a adaptarme a lo que llegase. Que al final lo que yo quiera no va a significar demasiado.
Y luego soltó la frase: “al menos eso es lo que yo he aprendido en la vida”. Como disculpándose.
En cualquier caso no me chocó eso, no es la primera vez que me dicen este tipo de cosas. Me chocó que aquello que me intentaba decir en realidad esa persona era lo más optimista que podía llegar a decir. 

A medida que esa persona iba hablándome de todo ese estoicismo mal digerido de libros de auto-ayuda que seguramente habría devorado a decenas, yo no podía atender a lo que me decía, sino a lo que no decía pero dejaba intuir con la mirada y los gestos.


Y esa persona sonreía de vez en cuando cuando hablaba. Esas sonrisas que me lanzaba era lo que más me inquietaba, y no porque me intentase consolar con ellas, sino porque estoy casi seguro de que esas sonrisas se han acabado convirtiendo para esa persona en su propio consuelo. 

Joder, esa persona me dio pena.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Excalibur

Cuando se llega de Erasmus a donde sea, uno empieza por hacer cosas obvias. Una de ellas es pillarse un movil-cascotrón prehistórico autóctono para poder comunicarse con la gente de ahí. Aunque siempre están los ricos que se compran iPhones y cosas así. Por supuesto ese es el tipo de erasmus con los que no te quieres relacionar. Ellos no saben apreciar la fina belleza de lo vintage, aderezado con el recuerdo de la infancia.


Este es el mío. Yo lo llamo Excalibur y tiene una aplicación que Steve Jobs nunca podría haber creado por mucho que se esforzase; ayudar a la defensa del usuario.
Y es que algunos callejones oscuros de Eskisehir pueden llegar a convertirse en lugares muy peligrosos para pobres erasmus como yo, y como traer una navaja de Albacete sale cara (a ver si la gente que lee el blog pilla la broma), nada mejor que un arma indestructible que lanzar acertadamente al entrecejo de tus atacantes.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La tumba del Rey Midas sin Santa Sabiduría

Hace ya algo más de una semanita un par de erasmus nos fuimos en una visita exprés organizada por el ESN (una organización sin ánimo de lucro que quiere desarrollar la integración de los estudiantes de intercambio) a ver ni más ni menos que la tumba del Rey Midas, aquel del que decía la leyenda que todo lo que tocaba se convertía en oro.

Esto era lo que nos prometía internet y las guías de viaje; la entrada al falso templo de la tumba, con la fachada esculpida en roca madre con bajorrelieves frigios y hasta detalles de escritura cuneiforme bien conservados.


Y esto fue lo que vimos. Un par de troncos que tapaban todo.


Obviamente la están restaurando. Sin embargo mi parte más cínica no se puede dejar de preguntar cómo será el resultado final, teniendo en cuenta que estamos en un país cuyo monumento más universal, Santa Sofía, a pesar de ser Patrimonio Histórico de la Humanidad y de terminar de haber sido restaurada el año pasado después de 17 años de obras ahora solo consigue dar pena -después, por supuesto, del estupor inicial que uno siente al entrar por primera vez en ese lugar siempre soñado- al ver las pinturas de las paredes a medio caer o a los gatos callejeros lamiéndose su cipote en medio del Omphalion, el lugar sagrado donde se coronaba a los emperadores.

Pero bueno, esperemos a ver. Aunque el detalle de que no hubiese guardias de seguridad cerca que nos impidiesen haber subido hasta arriba del todo, como efectivamente hicimos, no me dice mucho a favor del resultado final.
________________________________________________________________________

A pesar de esto, de que la visita fue tremendamente rápida, de que no entramos en el museo que estaba solo a unos metros de distancia (aunque sospecho que no nos perdimos demasiado; todo lo que encontraron está ahora en el Museo de las Civilizaciones de Ankara), de que pudimos escalar ruinas antiguas (!!) -lugares donde antes otros habían usado como despensas, casas o incluso templos- y de que no había ni un triste guía que pudiese explicarnos nada sobre la tumba levantada en honor a uno de los reyes más poderosos de la Antigüedad,  la visita estuvo genial. Si lo que uno buscaba era un día en el monte y no una visita cultural.

Al menos nos lo pasamos bien, fue un paseo precioso, con un paisaje que te invitaba a alejarte un ratito del resto, sentarte y escuchar el silencio, que parece mentira lo mucho que podías echarlo de menos.


________________________________________________________________________


Por cierto, que Santa Sofía está dedicada ni a más ni menos que a la mismísima Santa Sabiduría, para los que no saben de griego básico. Supongo que es otra de las ironías de la vida que uno encuentra en Turquía; algo a lo que se ha dedicado tanto ahora esté en tan mal estado. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Por un puñado de routers.

Hay un bautizo de fuego que todos los Erasmus que llegamos a Eskisehir tenemos que superar durante los primeros días para demostrarle a los Dioses de la vida universitaria que somos dignos de nuestro privilegios: vivir sin internet.
Aquí la gente se curte con esto. Se nos encallece la piel, nos salen arrugas y se nos queda mirada de Clint Eastwood después de pasar por ese ritual. Algunos incluso nunca vuelven a ser los de antes, y si les pillas distraídos verás en sus miradas la sombra de ese dolor infinito que ningún abrazo puede curar. Tanto dolor causada por tanta barbarie... Dios...
Hasta ahora Elena y yo hemos sido los que más sufrimos; aguantamos casi más de un mes sin internet, y eso que el agua caliente, el gas para poder cocinar y la calefacción que calentaba nuestro piso cuando fuera de él empezaba a raspar los cero grados no llegó hasta dos semanas después.
Pero aguantamos. Y lo conseguimos. Sobrevivimos. Ahora somos dignos.


Aquí vemos a Clint en el día más feliz de su vida.




viernes, 25 de noviembre de 2011

Racismo y villancicos

Yo nunca pensé ser racista, pero hoy le solté a una albaceteña "¿Te lo he contado alguna vez? Siempre pensé que Albacete era la medida universal de la mediocridad". Para los que no lo sepan nunca he estado en Albacete.
Igual que esa perla, hace unos diez días un gallego me dijo "¿Sabes que eres de África, no? Pero bueno, que tranquilo que no pasa nada".
Así somos los españoles. Dejando por el mundo pequeñas muestras de nuestra sabiduría.
Hoy hubo barbacoa, ahí fue cuando casi recibo una bofetada por decir aquello de Albacete. Que por cierto intenté arreglar el asunto argumentando que ahí hacen buenas navajas y que hoy en día el mundo las necesita más que nunca, que matar con pistolas se nos está yendo de las manos y que ya se está olvidando aquel bello arte de la puñalada mirando a los ojos al enemigo.
Pues madre mía, menos mal que estudio Periodismo y no para diplomático.
Me voy por las ramas.
Lo más destacable de la "Day party" (para que luego digan que los españoles no usamos el inglés), fue ver ese espectáculo dantesco de tres de nosotros lanzando piedras sobre un tronco y usar los trozos para poder hacer fuego mientras dos chicas gritaban como energúmenas "¡cromañón!¡cromañón!". Creo que alguno hasta le dio por bailar la danza de la lluvia a nuestro alrededor.
Al final eso del fuego se quedó en un aborto de hoguerilla mal planificada, pero parece que con el calor la gente se debió de animar, porque a lo tonto a alguien se le ocurrió eso de empezar a cantar villancicos en medio de un bosque a menos tres grados un 25 de noviembre, por eso de que falta menos de un mes para la Navidad.


Pesadilla antes de navidad. 



jueves, 24 de noviembre de 2011

Hoy todo iba a acabar

Hoy era el día. Hoy me sentía optimista y pensaba que iba a terminar con todo.
Pero me faltaron reflejos. Al final acabó siendo como cualquier otro día.
Me levanté temprano. Mi nuevo coordinador me había dicho que hablase con él a la mañana, así que con niebla, a -3 grados (no es coña) y muerto de sueño caminé los cuarenta minutos que hay desde mi piso hasta la facultad.
Al menos esta vez el nuevo coordinador estaba en su despacho. Empezamos bien, pensé.
Me pidió que me sentara y antes de que empezase a hablar entró una mujer en el despacho, le entregó unos papeles y se pusieron a hablar. Y como pasaban los minutos yo me dediqué a mirar el despacho del señor.
Había de todo: desde un modelo de uno de los primeros ordenadores de Apple en lo alto de su librería hasta unos viejos prismáticos negros (teniendo en cuenta que es un profesor de periodismo, uno no puede dejar de preguntarse hasta qué punto ese hombre no fue un periodista bonzo antes de coordinar los estudios de los erasmus), pasando por el detalle que me dejó más tocado: sobre los papeles que había en su mesa había una manzana amarillenta a medio acabar, completamente oxidada, y unos pistachos rancios que yo no se los daba ni a mi perro.
Hablamos del acuerdo de estudios, de que se estaba acabando el plazo y demás. Al final me pidió que volviese por la tarde y rellenase unos formularios y se los entregase. En realidad no fue tan malo. Hicimos algunas bromas y nos reímos.
Aún no tengo claro si le caí bien o no. Porque cuando me iba a despedir me dio lo que él debió pensar que era el mejor detalle que podía tener en ese momento: me ofreció una porción de la manzana amarillenta y un par de los pistachos que parecían supurados de las varices de mi tatarabuela.
y yo me quede como el hámster de mirada inquisidora


Pero me lo acabé comiendo. Todo.
No se si captan la alegoría.
______________________________________________________________________
El caso es que volví a la tarde con Elena, esta vez dispuesto a todo. Había rellenado los formularios y los había puesto dentro de la carpeta de la ULPGC, esa de un par de entradas atrás. Había una pachanguita de fútbol entre unos erasmus así que metí unos botines, una camiseta y un pantalon en la mochila, me la puse y pillamos un taxi hasta la facultad.
Salimos y justo cuando entramos en la facultad me da por sacar la carpeta de mi mochila.
Pero...oh.
La carpeta no está.
Pues nada Moi. Punto y mini-punto para ti.
OrsonWellesClapping








Pereza, idiosincracia nacional y descordinación multicultural

El caso es que tengo un problema con mi acuerdos de estudios (en el argot erasmus: learning agreement, A.K.A: LA).
Pensé que Elena y yo eramos los únicos que teníamos ese problema, así que supuse que uno de los dos era tan vago que le había contagiado al otro ese defecto por ósmosis psicológica. Siendo sincero, aún no tengo muy claro cuál de los dos fue el causante. El tamaño del montón de basura, ropa sucia y restos de comida acumulada en nuestras respectivas habitaciones decidirá al ganador. Por ahora está siendo una competición muy reñida.
Pero en cualquier caso esa teoría se refutó cuando me dijeron que más españoles en Eskisehir tenían el mismo problema. bueno, pensé. Entonces es sólo eso. La desidia española. Entonces supuse que la explicación estaba en nuestra propia idiosincrasia : nuestro afamado orgullo de dejar las cosas para el último momento y etc.
Pero luego me enteré que no solo eran los españoles quienes tenían problemas con su LA: también habían italianos, eslovenos y polacos (al menos casos conocidos por mí), que aún siendo hoy casi el último día para presentar el LA terminado y firmado por sus respectivos coordinadores no tenemos nada entre las manos.
Pero -¡sorpresa sorpresa!-, luego descubrí que la broma no paraba ahí; el problema no era solo de los que han llegado de erasmus, sino de los que se quieren ir de erasmus. Ayer hablaba con una chica turca que ya habiendo sida elegida para ir a Alemania: le está enseñando a su coordinador cómo organizar todo para ir. Le está enseñando. Ella a su coordinador. No sé si captan el matiz surrealista del asunto.
Así que quizás todo esos defectos -pereza, idiosincracia nacional, descordinación multicultural- puede que en realidad no sea tanto problema de los alumnos como de los coordinadores.
Al menos yo tengo suerte y a cada nuevo coordinador que me ha ido tocando (hoy he conocido al tercero), ha sido más amable y más atento.

La carpeta de la ULPGC


Ey Chapy, ¿te acuerdas cuando terminamos la selectividad al final de 2º de bachillerato y nos quedaban tan solo un par de semanas para irnos de interrail y meternos entre pecho y maleta media Europa?
Teníamos que hacer algo de papeleo en nosedónde para nosequé pero tú no podías venir con Jaime, David y conmigo, así que me diste la carpeta de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria -a la que nunca fui, pero a la que tú irías el próximo año-, donde habías metido unos papeles que necesitábamos.
Después de aquel verano y de todo lo que significó para los cuatro, volví a Las Palmas casi con el tiempo justo para deshacer el equipaje, volver a hacer una maleta nueva y largarme corriendo a Santiago de Compostela y empezar la carrera ahí.
La tarde que terminé de hacer el petate me encontré con la carpeta medio escondida en uno de mis cajones y me la llevé. Al principio solo para leer de vez en cuando "Gran Canaria" -no es que me muriese de ganas por volver ni viviese un drama lejos de casa, pero es que siempre saca una sonrisa ver en algún sitio el nombre de tu casa-, pero a medida que han ido pasando los años (casi tres ya, dios), me viene menos a la cabeza menos los lugares y más las personas.
Que sí, que me acuerdo mucho de tí, y de David, y de Jaime. Y de Rober. Y de Martín. Marta, María, Iris y de tantos otros nombres más que no voy a poner aquí. Y que es precioso verlos de nuevo, aunque sea por fotos o hablar con ustedes por internet.



miércoles, 23 de noviembre de 2011

Problemas con mis clases de turco on-line

Mientras escribo esto, a un par de ventanas en mi navegador estoy teniendo una clase de turco on-line. No aprender turco cuando me voy a pasar un año aquí significaría tanto una falta de respeto como una prueba de idiotez.
Sin embargo esta decisión que he tomado con determinación se ha encontrado con dos problemas principales: 

1) Dar una clase on-line desde tu ordenador en tu propia habitación: acabarás viendo cualquier tontería. Ejemplo:


2) Dar una clase on-line con mayoría de alumnos españoles: se darán casos como el siguiente (es real)
-PROFESOR: Y ahora vamos a aprender el verbo "iç". Iç = beber
-ALUMNA ESPAÑOLA: ¡Nuestro verbo preferido!







El acuerdo de estudios son los padres

¿Sabes cuando te dices a tí mismo de hoy no pasa sin acabar algo que tienes entre manos y que es muy importante para tu futuro?
A mi me pasa con mi acuerdo de estudios, y eso era lo que pensaba durante las primeras dos semanas que estuve en Eskisehir.
Luego resultó que tenía varias asignaturas a la misma hora, o que tenía que estudiar un libro de 1700 páginas para conseguir solo 2 créditos y medio.
Decidí cambiar mis asignaturas, pero mi coordinador nunca estaba en su despacho, así que encontré una lista con las asignaturas a las que podía optar y me hice mi propio horario y le pregunté al coordinador cuando podríamos vernos. Y él me respondió que había dejado de ser mi coordinador dos semanas atrás.
Entonces fui a ver a mi nueva coordinadora y me dijo que no había ningún problema, que solamente tendría que decirle qué asignaturas tengo y ella me firmaría lo que fuera.
Ahí fue cuando le envié al hombre que se encarga de mi acuerdo de estudios en España mis asignaturas (mi coordinadora española estaba en ese momento de viaje), y tres días después me contestó. Que no había problema.
Y luego yo me dejé ir, pensando que no habría prisa, hasta que una semana después llegaron los examenes parciales y la entrega de trabajos.
Y justo cuando estaba a punto de terminar me llaman diciendo que hay un problema del carajo con mi acuerdo. Y ahí me ven, corriendo por medio de la calle como si me acabasen de violar para ir a ver a mi coordinadora y arreglar todo.
Y nada, que me dijeron que la fecha límite para arreglar todo era el 28 y yo pensé que iba sobrado y sin problema, pero me acaban de llamar y que tengo de margen hasta hoy por la noche. Y que tengo que hablar con un tipo al que en  mi vida he visto y que no sé si estará en su despacho cuando llegue a la facultad.

Al final todos mis traumas se curarán en la ducha

martes, 22 de noviembre de 2011

En todos los lugares siempre hay un gilipollas


Hace unos días fui a hacerme el permiso de residencia en la oficina de la policía en Eskisehir. Dos horas tardaron los trámites y aún tengo que volver dentro de dos semanas. Pero a mí lo que me sorprendió de todo fue un solo detalle que me hizo sentir ganas de escupir en la cara al estúpido de turno que hay siempre en todos los lugares.
La historia es la siguiente: estaba con Sander -un amigo belga- y Yasemin, una chica turca que nos acompañó para hacernos de interprete. Por lo visto la señora que tenía que meter mis datos en su ordenador no debió de hacer ningún curso de mecanografía, porque tardó más de media hora en susodicho menester. Vi que había una chica (ya casi señora, en esa frontera que hay entre los veintisiete y los treinta y dos) fumando en el balcón. Le pregunté a Yasemin cómo se decía en turco “¿me puedes dar un cigarrillo?” y fui junto a la chica. Ella me lo dio encantada y nos quedamos fumando en silencio en el balcón. Era una chica-casi-señora guapa, rubia teñida y unas uñas pintadas de rojo que me sorprendieron, porque aquí casi nadie se pinta las uñas así. Tampoco fue un detalle que me dijese demasiado.
El caso es que terminó su cigarrillo, me sonrió y entró dentro de la oficina. Yo me quedé fuera y cuando acabé el mío la señora de nula capacidad mecanográfica ya había terminado, así que salimos.
Cuando estábamos Sander, Yasemin y yo caminando hacia la parada del autobús Yasemin nos contó como un policía se le acercó a ella y le dijo algo así como “¿quieres saber una cosa?¿Ves a esa chica? Es una puta de Armenia sin papeles. Hoy la vamos a echar fuera de Turquía”.
Imagínense la cara que tuvo que poner Yasemin, cuando alguien que no conoce cuenta algo que se supone que no debería de contar.
-Es por ese tipo de detalles por lo que odio a los policías turcos.
¿Y qué chica era? La misma que me dio el cigarrillo. La chica-casi-señora. La de la amable sonrisa.
Pues mire usted señor policía. No sé nada sobre ella ni sobre usted, pero solamente por  lo que hizo hoy ha perdido todo el derecho a tan siquiera quejarse  cuando en los furgones de la policía la gente pinte ACAB con spray. 

Turquía multicultural


Hace un par de semanas entré en una tienda para comprarme un zumo de naranja, y nada más entrar el dependiente me empezó a gritar en turco y señaló a la televisión que estaba sobre la puerta de la tienda, justo encima de mí, me giré y vi que era el telediario. La cámara apuntaba al cielo, a una mancha entre las nubes y en los títulos de la noticia vi que decía -entre todas las palabras incomprensibles para mí- Estambul. Juro que lo primero que pensé fue que los marcianos habían llegado y a mí me había tocado ver el espectáculo en turco.
Justo en ese momento la cámara bajó y se vio a un reportero entrevistando a un ornitólogo. Pues vaya. Al menos algo de marciano sí que había al fin y al cabo.
Pero la diversión no terminó ahí. Cuando cogí mi zumo y fui al mostrador el dependiente me debió de ver ganas de hablar por la cara de resaca que tenía y unas legañas como estalactitas, así que me empezó a hablar en turco como si cualquiera que llevara viviendo toda la vida en el barrio.
Fue un monólogo alucinante de diez minutos en la que el hombre se frotó las manos, hacía como que le cortaban el brazo izquierdo, levantaba la ceja izquierda mirando por encima de sus gafas con una sonrisa picarona y abría las manos para mostrar el tamaño de algo que aún no estoy seguro de qué era, ni quiero saberlo. Solo al final de esos diez minutos el dependiente me preguntó algo, supongo que qué opinaba del asunto. Yo hasta el momento sonreía cuando él sonreía, afirmaba con la cabeza cuando suponía que había que hacerlo y me encogía de hombros con una sonrisilla idiota cuando me preguntaba cosas en medio del monólogo. Pero de la última pregunta no fui capaz de escaparme  y le tuve que decir que I am spanish, que sorry pero que I don’t understand.
¿Y qué dijo el dependiente?
¡Deutchland!-Gritó-Danke schoen, Danke shoen.
Pues nada. Ahora soy alemán. Para que luego digan que Turquía no es multicultural.



Taxis a tutiplen




¿Perdido en medio de la ciudad y sin saber cómo volver? Sin problemas. Sólo hace falta encontrar uno de estos, pulsar el botón y un taxi (Taksi) vendrá a buscarte al punto exacto donde está. Un sistema genial.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Un desayuno dantesco

Como todas las veces que llegas a un sitio nuevo, nunca controlas nada hasta que tienes un punto de referencia. Ni siquiera controlas qué comes ni a qué hora lo haces. Los primeros tres días ni Elena ni yo fuimos la excepción.


El primer día que fuimos a la universidad para el acuerdo de estudios, nos metimos en el primer lugar donde vimos que servían comida, y nos dieron esto a las 12 de la mañana. Por lo visto se llama etli kuru fasulye, pero para mí esto es una fabada de toda la vida sin chorizo. Está delicioso mezclándolo con un plato de arroz blanco cocido, un poco de carne hervida y con un poco de especias por encima.



Y luego nos dieron esto. Es lo que te suelen servir muchas veces en los restaurantes cuando pides agua. Un vasito de plástico sellado con, efectivamente, agua (tachaaan). Aquí la que da el grifo no es potable y supongo que te lo sirven así para que, entre otras cosas, veas que no es agua de cañería.
O quién sabe, tal vez sea la forma idónea de contrabando de vodka en un país donde una botella de 33 cl de Jack Daniels te cuesta 65 TL (más o menos 25 €).


Esto con los otomanos no pasaba


Una de las escena más típicas en las calles que están cerca de mi piso es una que cualquiera se podría encontrar paseando por cualquier pueblo español; ancianos sentados toda la mañana fuera de algún bar –generalmente viejo, el típico bar o café de toda la vida- y bebiendo té negro (çay en turco) y fumando un cigarrillo (sigara) detrás de otro y hablando de sabe Dios. O Alá. Perdón.
Aquí a este tipo de cafés los llaman Kahve  o Kiraathane.

Esto es lo que hasta ahora he visto que representa la Turquía más antigua y conservadora. El primer día que Elena y yo salimos a pasear por la ciudad y pasamos frente a uno de esos cafés, todos esos señores la devoraron con una mirada de reproche mudo. Por desgracia este tipo de actitudes  no es distinto del de cualquier grupo de jubilados sentados en la terraza de cualquier bar español al pasar una chica en minifalda.

Este mural lo encontré en la entrada de un bar de Eskisehir, así que la escena lleva siendo tradición desde hará un par cientos de años, al menos desde el imperio otomano.

No sin mi comida


Cuando caminas por Eskisehir de noche lo más normal es que te cruces con bolas peludas de entre 6 y 10 kilos rondando por las calles. Esas bolas que al andar parece que suena una tuba detrás son dobles en prácticas de Gardfield, aquel gato gordo y sobrevalorado.
En Eskisehir hay muy pocos cubos de basura, así que los pequeños felinos aprovechan las bolsas de basura que están en medio de la calle para aprovechar los restos. De ahí a que estén más cerca de morir por una enfermedad coronaria que por inanición.

jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Quien necesita fiesta teniendo tantunis?


Y este señores es Mehmet Şurgun, mi señor compañero de piso. El tipo de mirada sexy e inteligente que está a la derecha es un humilde servidor, el Tito Moi.
El otro día hubo una fiesta en nuestro piso por el cumpleaños de uno de sus amigos y mientras todos estaban dándole caña a la música, las copitas y a fumar cigarrillos como si fueran chimeneas, al hombre y a mi nos entró un hambre bestial, así que encargamos uno de estos bocatas de pollo con cebolla picada, pimiento y lechuga; tantuni.
Viviendo peligrosamente.

Pimientos y control demográfico


Ante ustedes el instrumento que el gobierno turco usa en secreto para el control demográfico. Estos pimientos pican como nada que haya probado nunca antes. Por lo visto la gente los deja a secar de esta manera en sus balcones y para que les de sol más. No sé si lo hacen para que sean más o menos fuertes, pero será una trampa diabólica en la que no volveré a caer de nuevo.


Olympos y Xito


El bueno de Arturo Sánchez hizo un video del viaje a Olympos con algunos Erasmus. El Tito Moi no sale en el video porque fue un par de semanas después pero por supuesto eso no significa nada; solamente hay que disfrutar de los paisajes, la buena música, la gente y el buen hacer de este campeón, Xito para los amigos.
A disfrutar.

martes, 15 de noviembre de 2011

El circo del Sol frente a mi habitación


La ventana de mi habitación da a un edificio que está en construcción. Hasta ahora los curritos solo trabajaban en el solar que está a su derecha, donde hasta hoy mismo solo iban por los cimientos.
Pero a mí lo que me sorprende son los obreros que trabajan ahí. Lo hacen como se hacía antes, a lo garrulo. Sin arnés de seguridad, ni cuerdas ni cascos, a manos desnudas prácticamente. Ahora mismo están colocando nuevos andamios (no tengo ni idea de para qué) y ponen solo una tabla de madera cada pocos andamios para caminar por ellos, y cuando se les acaban las tablas escalan por los tubos como si fueran  monos con martillos en las manos y pintura blanca en los pantalones.  Los veo y me sorprende la seguridad con la que hacen cada movimiento. Yo solo espero que el edificio acabe de ser construido sin que ninguno de ellos pinte de rojo el suelo. 
La foto salió torcida porque tuve que sacar la foto con el móvil y a escondidas: antes había otro el obrero que me vio las intenciones y se escondió en el edificio gritando cosas que supongo que nunca me enseñarán en mi curso de turco online


Punset estaría orgulloso


Hoy estaba hablando con mis padres por Skype y en medio de la conversación una colega erasmus de Eslovenia me llamó, que llegaba tarde para una quedada -como es costumbre, siempre me dicen que es una falta de respeto, pero es que me gusta demasiado la concepción alineal típica de África-.
El caso es que estaba hablando con Barbara, la chica en cuestión, con un acento canario que echaba para atrás cuando empecé a escuchar como mis padres se descojonaban desde el otro lado de la pantalla.
Terminé de hablar con la chica y mi madre me dijo que cómo no me preocupo por mejorar mi acento cuando hablo en inglés.
Y aquí mi conclusión: Mi teoría personal es que si Punset ha llegado hasta donde está con su acento catalán, malo será que a mi no me den un programa en la 2 a lo sumo dentro de un par de añitos.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Metin, ese hombre


Este, señores míos, es un crack.
Se llama Metin y tiene 23 años bien madurados, a punto de llegar a los 24. La historia que me contó la otra noche me gustó tanto que dije, esto va para el blog.
La historia es más o menos la siguiente: estaba el joven Metin el Alemania de Erasmus y una noche decidió salir de marcha. Se encontraba fumando –un turco fumando, incredibol- en una discoteca y una alemana se le acercó y empezaron a hablar que si tú, que si yo, que si el futuro, que si la luna está preciosa esta noche y que no, que tú lo que estás es borracha y lo que estás mirando con la boca abierta es la bola de la discoteca.
El caso es que en algún momento otros turcos que estaban de Erasmus ahí se pusieron a fumar a su lado. Entonces la alemana soltó la perla de la noche “Joder, como odio a los turcos”.
Supongo que el bueno de Metin se atragantó con el humo del cigarrillo ante el comentario de esa pequeña natzi en prácticas, pero supo encajar bien el golpe y no le faltaron reflejos cuando la chica le preguntó “¿y tú de donde eres?”, porque el turco dijo “nena, lo siento, pero estoy tan borracho que no me acuerdo de dónde soy”. Punto y mini-punto para Metin, sin duda.
Así que siguieron hablando de la bola de la discoteca y a la chica le debió parecer interesantísimo el tema porque quiso saber más en el piso de Metin, más exactamente en la cama de Metin.
A la mañana siguiente Metin se despertó cuando la pequeña natzi le tiró el pasaporte a la cara y le gritó “¡Eres un jodido turco!”.
-Nena, eso no era lo que decías anoche.- contesto Metin.
Lo dicho. Punto y mini-punto para Metin.