Una de las escena más típicas en las calles que están cerca de mi
piso es una que cualquiera se podría encontrar paseando por cualquier pueblo
español; ancianos sentados toda la mañana fuera de algún bar –generalmente viejo,
el típico bar o café de toda la vida- y bebiendo té negro (çay en turco) y
fumando un cigarrillo (sigara) detrás
de otro y hablando de sabe Dios. O Alá. Perdón.
Aquí a este tipo de cafés los llaman Kahve o Kiraathane.
Esto es lo que hasta ahora he visto que representa la Turquía más
antigua y conservadora. El primer día que Elena y yo salimos a pasear por la
ciudad y pasamos frente a uno de esos cafés, todos esos señores la devoraron
con una mirada de reproche mudo. Por desgracia este tipo de actitudes no es distinto del de cualquier grupo de
jubilados sentados en la terraza de cualquier bar español al pasar una chica en
minifalda.
Este mural lo encontré en la entrada de un bar de Eskisehir, así
que la escena lleva siendo tradición desde hará un par cientos de años, al
menos desde el imperio otomano.

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