sábado, 23 de junio de 2012

Crónica del fin del Erasmus - II

Antes de empezar la crónica, una pregunta que me hice a mí mismo esta mañana. ¿Quién me iba a decir que acabaría prefiriendo desayunar un tomate en lugar de un bol de cereales con leche bien fría? Putos desayunos turcos que te cambian costumbres de toda una vida...

Empezamos.

>>Y así, el bus de Kamil Koç acabó llegando, se dieron los últimos abrazos y cada uno fue entrando poco a poco en el vehículo. Chema, Clara, Álvaro, Maite, Elena y yo les echamos el último vistazo al grupito que nos fue a despedir y el autobús arrancó. A muchos los veríamos en un par de semanas, en otros casos, pasarían unos meses para que se diese el reencuentro. En unos pocos, el asunto se veía bastante jodido.

Nosotros nos sentamos y muchos lloraron. Elena, que odiaba hacerlo, acabó soltando, cabreada, el comentario de la noche: "Y encima no puedo llevarme al puto conejo".
Y es que Iberia, por desgracia, parecía morirse de ganas por gritarle a la cara -a la manera gandalfiana- aquello de "No puedes pasar", al pobre Patso. Y la pobre se lo tuvo que regalar a una chica turca. Solo espero que esa mujer lo trate bien. Nunca un animal me enterneció tanto con sus caquitas.

Poco a poco, cada uno fue dejando de llorar, pero todos seguimos callados, cada cual pensando en sus cosas y con la mirada perdida. Para los que vayan un poco adelantados con el libro, en alguna parte leerán una idea que le robé a Pérez-Reverte, la de la incertidumbre del territorio: no darte cuenta de que viajas, porque lo haces demasiado rápido.
En el asiento de aquel autobús empecé a pensar que lo que yo sentía era incertidumbre del final: no darme cuenta de que me iba. Tal vez porque llevo toda mi vida viviendo a caballo entre Galicia y Las Palmas, y me he acostumbrado a las despedidas. Ahora sospecho que porque no quería hacerme a la idea.

Después, las risas y las bromas volvieron entre nosotros, y a la media hora cada uno estaba a lo suyo: música, libros o reflexionar sobre la quintaesencia humana mirando por la ventana. Acabamos llegando a Estambul sin haber conseguido dormir más de una hora seguida. En la estación, solo tuvimos que caminar unos pocos metros para alcanzar el transporte que nos llevaría al aeropuerto, que resultó ser un ridículo bus en miniatura. 
Yo estudié la situación, que se me antojó como un problema matemático. 
Yendo el vehículo prácticamente lleno y careciendo de maletero, a 6 personas que todavía debíamos entrar, con 2 maletas XXL cada uno, más una mochila de mano, ¿a qué velocidad se chocarán la estupidez del conductor con la realidad?
Pero tuve que hacer alguna suma mal u olvidarme de algún cero, porque el conductor demostró un envidiable manejo de la vision tridimensional y el almacenaje de  maletas. Posiblemente debido a las interminables horas que dedicó a jugar al tetris, en lugar de estudiar el puto bachillerato y trabajar en algo más de provecho para la humanidad.

Para mi desgracia, no contaba con que el chófer en cuestión tendría poderes telepáticos, y habiendo escuchado estos pensamientos en mi cabeza, se vengó a su manera. Me dejó de pie, obligándome a agarrarme a barras de metal que sobresalían (sin ningún sentido) del interior del autobús. Y así, con el culo bien apretado, tragando saliva, y con mi maleta moviéndose violentamente de un lado para otro, el conductor puso una canción y empezó su huida imaginaria de la policía estambulita. ¿Que cuál era la canción?

Un video vale más que mil palabras.



Y en vista de que la entrada me ha quedado más larga de lo que pensaba, dejaremos lo del Duty Free: puedes entrar, pero no salir para cuando vuelva de San Juán.

jueves, 21 de junio de 2012

Crónica del fin del Erasmus - I

Al final se acabó todo. Tecleo esto desde la casa de mis abuelos. Mis padres, que se han pasado todo el año echándose las manos a la cabeza (siempre con indignación fingida pero algo real, aún así), ahora están recorriéndose el sur de España en moto. Mi hermana no viene hasta dentro de dos semanas y se dedicará a quemar sistemáticamente todas y cada una de las discotecas de Las Palmas antes de venir aquí (y no quiero ni pensar qué puede llegar a hacer una chica de 18 añitos, con novio y con una casa para ella sola). Así que yo he dedicado mi primer día en menesteres tales como ordenar mi habitación de la casa del pueblo hasta hacerla habitable y estudiar unos apuntes que dicen nosequé de que Shakespeare fue un periodista del copón. Todo eso amenizado con la vida típica y hogareña de un pequeño pueblo de una aldea de las Rías Bajas gallegas. Esto, recordando que dos días antes estaba paseando por Éfeso, es como para pegarse un tiro, oigan.

Pero me lío. Quería relatar la vuelta en sí. En su principio me resistía. Pero si este es un blog sobre el Erasmus, creo que el Erasmus no se acaba solo con la vuelta al país de origen, sino con el paso de los días, y con él, el paso de página, que pienso que llegará cuando se deje a un lado la "depresión post-erasmus", que espero que solo sea una exageración del tremendo aburrimiento que sientes al volver.

Las circunstancias en las que amanecí mi último en Eskisehir son bizarras, y solo la conocen un par de personas y un gato que se hizo el muerto al verme salir de una habitación que no era la mía. Creo que, por la salud psicológica de todos los queridos lectores, lo mejor será pasar por alto esta historia en particular. Al menos no desperté en un descampado, aunque la intención estaba ahí, como recordarán los lectores más afines a este sitio. 
Por fortuna, ninguna parte de mi anatomía resultó dañada esta vez, como ha venido pasando las últimas noches. De haber estado un par de semanas más en Turquía liándola parda por las noches, habría tenido que volver a España en silla de ruedas, o peor.

El caso. Las despedidas y los hastaluegos casi parecieron un drama. Ojos rojos y lagrimitas muy mal escondidas, y yo solo tenía ganas de hacer la de Son Goku y aparecer de repente en España. Aunque reconozco que el catalizador de todo el asunto fue la pobre Özlem, que se despedía del bueno de Álvaro, y a uno le era imposible no sentir como se le partía un poco el corazón al ver las lágrimas de la pareja. Y sobre todo a Álvaro. Nunca le vi al chico otra cosa que no fuera una sonrisa en su cara. Y aunque seguía sonriendo, aquella noche la lagrimita, como diría él, estaba ahí.

Hasta aquí la primera parte. Mañana acción trepidante con Need for speed: Estambul drift y Duty Free: puedes entrar pero no salir.

lunes, 18 de junio de 2012

Muchas gracias a todos

Se ha ido Xito, se han ido Alba, Ana y Mireia, se nos ha marchado Andrea, a Barbara ya no la veré porque está de viaje, y yo me voy pasado mañana.
Esto se acaba. Cuando firmé en el papelito del Erasmus, sabía que se terminaría, aunque nunca me lo creí demasiado. Y ahora estoy tecleando esto, a menos de 48 horas de dejar Turquía. Y aún sigo sin creerme que me iré.
En las despedidas la gente siempre se pone a llorar, por el cariño y la tristeza de ver a los amigos yéndose. Yo, personalmente, quiero evitar este bajón. Prefiero descojonarme y abrazar a mis amigos una última vez con una sonrisa. Así que pretendo irme por la puerta grande. Esta noche me compraré mi última botella de VoTka (así, con T, un vodka especialmente diseñado para que los hepatólogos turcos vean crecer sus cuentas corrientes hasta lo obsceno), y lo que pase a partir de entonces solo puedo decir que ya lo juzgará quien crea oportuno.

Muchas gracias a todos.

miércoles, 6 de junio de 2012

Simona

Hoy, a las 7 y media de la madrugada (entiéndanme ustedes, queridos lectores, para un Erasmus esa hora es la madrugada más absoluta que existe), Venus pasó sobre el Sol. Por lo visto era un acontecimiento cósmico del copón y que no volvería a pasar hasta dentro de 115 años. En un blog que leo mientras cago no tengo nada que hacer, leí que sería como una piedra de LSD sobre el Sol. Ante esto (y a pesar de saber los gustos por las drogas duras del autor de la página), pensé que no estaría mal ver el acontecimiento. ¿Porqué no dejar que los rayos de luz me violen las retinas para poder ver un punto negro durante unos segundos sobre nuestra estrella particular? En su momento me pareció una buena idea. 
Todo esto viene al caso de que seguimos con los agradecimientos. Ahora le toca el turno a la buena de Simona Serra, la italiana pizpireta y que habla sin parar si la dejas.
La sarda en cuestión contactó conmigo a horas intempestuosas en la noche, mientras yo hacía cierta travesura que está ahora mismo en proceso, pero que no viene al caso. Aún. 
Simona (o Simo, como la llamamos sus amigos) me habló del evento y me preguntó si quería acompañarla. Tomaríamos una cerveza mientras veíamos el asunto y pasaríamos un buen rato. Me parecía un plan excelente.
A las 6 y media ya estábamos ambos paseando por las calles, de camino al descampado que hay frente a la entrada de la universidad. Nos sentamos, abrimos las latas y miramos al cielo, esperando extasiados el ballet cósmico y demás. Pero no contábamos con las nubes.
Al final no pudimos ver nada, y como no parecía que ese puntito negro infame se daría por aludido y ofrecería su performance particular, acabamos hablando de nuestras cosas. De amigos en común, de que esto se está acabando y de qué felices hemos sido en esta ciudad, en este país, con esta gente, aunque parezca mentira. De que nunca volveremos a vivir algo así. De que posiblemente seamos igual de felices después de esto. Pero nunca de la misma manera. 
Supongo que abandonamos lo celestial por algo más terrenal. 
Llegó un momento en esa mañana que nos pusimos a intentar acordarnos de cuándo nos conocimos. Le dije que mi primer recuerdo de ella fue en la oficina de estudiantes de la facultad de Comunicación (hace ya 9 meses, joder), cuando yo tenía que apuntarme a una asignatura más o no me llegarían los créditos. Ella apareció de repente y me dijo que me apuntase a Actividades Culturales. Era fácil dijo. Me metí pensando que no perdería nada, sin saber que acabaría suspendiendo esa clase 4 meses después.
-¿En serio? -dijo ella en inglés después- No me acuerdo de eso.
Y entonces me dijo que su primer recuerdo de ambos fue una noche de Octubre, saliendo unos cuantos Erasmus de una discoteca a las tantas algo más ciegos de la cuenta, y que los dos nos pusimos a cantar como si no hubiera mañana el Nessun dorma y el Parlami d'amore Mariú.
-Y luego te pusiste a bailar ballet en medio de la calle. -Concluyó con una risotada.
-Mierda -susurré riéndome-. Es verdad. Lo había olvidado.
Y normal que lo hubiese olvidado. Por lo visto una Erasmus nos grabó esa noche. Espero que ese vídeo traidor no salga nunca a la luz.

A Simona le agradezco sus conversaciones sobre política, sus risotadas y fiestas, sus "bastardo" y sus "you are such a bitch" (que espero de todo corazón que me los diga de coña), sus consejos y sus manos en el hombro, que siempre han sido recíprocos llegado el caso. Que me abriese su corazón y me contase ciertos secretos, porque creyó que yo era una persona en la que podía confiar. Que me enseñase a ser mejor persona, en realidad.

Nos vemos en Roma, bitch.







Elena y Xito. Xito y Elena.

Cuando volví a retomar el blog escribí algo así como que (y perdonen la pedantería de que me cite a mí mismo y que lo haga inexactamente) quería agradecerle a ciertas personas lo que ahora soy y lo que me han enseñado.
Eso era, de verdad de la buena, lo que sentía en su momento, pero en cuanto le di al botón de publicar me flaquearon un poco los dedos sobre el teclado. Durante la última semana he estado yéndome por las ramas más de la cuenta y haciéndome el loco. Era más fácil decirlo que hacerlo, y además tenía cierta reticencia, porque sospechaba que podía liarla muy parda llegado el momento (más, si cabe), porque aún no he hecho las paces con ciertas personas ni con su recuerdo. Pero hoy se publicó un vídeo, y eso me ha dado el empujoncito que necesitaba para, al menos, hablarles de Elena y de Xito.
Para los que están leyendo mi relatillo del Erasmus, en algún momento (y el prólogo infame no cuenta) acabarán llegando a la parte donde salen esta parejita. Quizás hablé en él menos de lo que quería sobre Xito y más de lo que tenía pensado de Elena. A lo mejor esto es caer un poco en la redundancia, pero al fin y al cabo el blog es mío y me lo follo cuando quiero escribo en él lo que quiera.

No creo que nadie me tome por un idiota si digo que son la pareja más entrañable que se ha visto en la ciudad este año. Los jugueteos y las bromas que se gastan el uno a la otra y el beso de reconciliación final que siempre se acaban dando consiguen que acabe sacando una sonrisilla feliz, y la verdad es que da gloria bendita solo de verles. 

Ya no digamos cuando alguno de ellos dos dice eso de "No. Nosotros no follamos: hacemos el amor". Viniendo de ellos dos, si eso no es enternecedor, no sé que puede serlo.

Luego en el piso se den ciertas situaciones que son mejor no sacar a la luz, y que deseo con toda intensidad borrar de mi cabeza, para horror mío y risa sarcástica de ellos (especialmente de la capulla desmemoriada de la Elenitis aguda).

Llegó un momento en el que los dos decidieron vivir juntos en la práctica, y la mayor parte del tiempo era en nuestro piso, me parece recordar. Así que, sin saber muy bien cómo (y todo empezó como una broma), los tres acabamos pareciéndonos a Lily, Marshal y Ted, de la serie Cómo conocí a vuestra madre. La parejita y el sujetavelas el compañero de piso.

Lo que les quiero agradecer a estas dos personas son ciertas risas compartidas, ciertas conversaciones en la cocina o en nuestras respectivas habitaciones, cierta portada y página de agradecimientos, ciertos abrazos que nos hemos dado cuando alguno lo necesitaba, cajetillas y cajetillas de cigarrillos gratis, recetas gastronómicas y kilos de comida gratis que me han dado sin esperar nada a cambio y gracias a los cuales no he muerto de inanición. Y también que he aprendido de ellos más que en todos los años que llevo de carrera sobre cine y vídeos, anatomía y fisiología femenina y oratoria para borregos.

¿Y qué quieren que les diga? El vídeo que viene a continuación es una de las cosas más bonitas que he visto. Sé que la frase es un poco ñoña, pero es sencilla y directa.
Es una de las cosas más bonitas que he visto.
Pues eso. Xito, Elena. Elena, Xito. Ted Mosby les desea lo mejor. Nos vemos al otro lado del pasillo.


Con cameo especial de mi mochila

martes, 5 de junio de 2012

I want to have a life

Un pequeño corto hecho por Juan, un chaval de Gandía (que hay que ver las cosas que hacen estos tipos con una cámara). Quiero tener una vida, dice su título traducido del inglés. Para los lectores más asiduos a este sitio, supongo que ya sabrán mi opinión sobre el tema. Pero no daré un sermón innecesario. Disfruten del vídeo.

sábado, 2 de junio de 2012

El aḏān

Después de lo que sospecho que ha sido justicia kármica me haya abofeteado irónicamente hace escasa media hora, me encontraba volviendo al piso sin pensar demasiado en nada en especial cuando el primer canto del aḏān me sorprendió en la calle. Y como de esta noche pensaba hacer algo productivo con mi vida (aunque tenía otra cosa en mente por lo de productivo), la tentativa de una breve reflexión sobre el tema no me pareció tan mala opción.
Me gusta, a su manera, que la llamada al rezo en la religión musulmana sea cantada. En cierto sentido porque si uno escucha con atención, los gritos del almuédano de la mezquita son bastante tristes, o melancólicos si se prefiere. Pero también son más humanos que las campanas de las iglesias cristianas.
En cuanto al asunto de la tristeza, quizás sea solamente yo, pero después de este año he llegado a pensar que en Turquía existe cierta devoción por el hecho de sentirse triste. Uno lo intuye por ejemplo si escucha la música nacional, tanto la tradicional como la más comercial. Hay una pasión evidente por cantar sobre corazones rotos, pérdidas personales o desengaños. Y por lo visto es típico meterse entre pecho y espalda litros de raki cuando se está despechado mientras se escucha alguna de estas canciones, maldiciendo y demás. Ya se pueden imaginar la escena. En general esto me resulta un tanto patético, aunque no creo que yo sea nadie para decir nada. Aquí cada uno pasa página -si se quiere decir así- como puede.
En lo tocante a lo humano, solo hablo desde mi experiencia más personal, porque hasta ahora no he visto ninguna otra cosa y no he estado en ningún otro templo que no sea cristiano o musulmán. Las campanas son totalmente apersonales y suenan casi a un mandato frío y mecánico. El aḏān es totalmente pasional. Es lo más representativo que hay en el concepto de ser musulmán, que literalmente significa ser siervo de Ala. No siervo en el sentido más peyorativo de la palabra, la sumisión (que también): me refiero al amor platónico hacia su Señor particular. Es casi como si los católicos españoles decidiesen eliminar las campanadas y sustituirlas por ciertos versos de Santa Teresa de Jesús (específicamente los que hablan sobre el dolor de corazón, que efectivamente padeció al tener una enfermedad coronaria) o de Fray Luis de León. 
Son palabras de amor al fin y al cabo, tristes, pero palabras. No son golpes contra el metal duro y frío. 


El fin justifica los medios

Anoche el insigne autor de este blog erasmusero supo lo que significaba "o  cago ya o me muero aquí mismo". Vuestro Tito Moi  se despedía de Eva la francesa en la puerta del Pilavci después de un merecido pollo con arroz after-party, cuando encontrándose a unos 300 metros de su casa, el padre de todos los retortijones apareció de improviso en su bajo vientre. Ante el tremendo apretón, hizo lo que cualquier persona de buena testa habría hecho en su situación: apretar mucho las nalgas y correr como si el cobrador del frac le persiguiese a lomos de un unicornio. Durante esa carrera, los pantalones se le empezaron a caer, así que se vio obligado a agarrarlos para evitar que media ciudad supiese que marca de calzoncillos usaba. Y así, emulando a los velocistas paraolímpicos, solo deseó que nadie conocido le viese en tan deplorable comportamiento. Pero, por avatares del destino, al cruzar la esquina vio a Layla, una chica española. 
-Mecagüentóloquesemenea -maldijo sin detener su sprint.
Con la mano que tenía libre la saludó.
Layla se quedó mirandolo, y el Tito Moi pudo leer en sus ojos que se preguntaba "¿pero qué coño...?", sin embargo no se detuvo a explicarle la situación. 
Al tiempo que apretaba más allá de lo posible sus glúteos, cogió sus llaves, abrió la puerta, se metió dentro de su edificio, subió las escaleras y entró en su piso como un huracán, encerrándose directamente en el baño. 
La satisfacción que sintió después, y la gratitud que profesó hacia el inventor anónimo del retrete, solo se puede describir con este video.


viernes, 1 de junio de 2012

Sobre cómo violar el legado histórico

Estos de aquí son algunos de los Erasmus que fueron a Olympos hace un par de días. Podrían haberse limitado a la visita cultural y playera de turno, con eventual borrachera. Pero no. Decidieron hacer el gilipollas. 


Aunque tal vez solo sea que tengo un poco de envidia y que esté tan despechado porque no fui con ellos, por falta de pasta y planes alternativos. Pero quien sabe. Me siento mejor llamándolos gilipollas. Gilipollas.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Entropía, vivir por la patilla y Maquiavelo

Como siempre pasa, es fin de mes y la entropía más absoluta se adueña de mi vida. Durante las semanas anteriores uno puede oír, si escucha con cuidado, los tambores de batalla que anuncian su llegada, para encontrarse los últimos cinco días con el panorama más infame y desolador que uno jamás verá. 
Sin comida. Sin dinero. Sin ropa limpia. El cuarto, que parece una pocilga (aunque esto ya es casi marca de la casa). Sin pitillos. Con el estómago vacío y otras cavidades orgánicas llenas.
Si consigo sobrevivir es gracias a que, con el paso de los años de carrera, he conseguido desarrollar una serie de habilidades muy específicas en el arte de vivir por la patilla.
La historia que nos ocupa empezó hoy a la mañana, al despertarme y hacer la vaciada de estanque ritual de cada día. Cuando tiré de la cadena, presencié con horror que no había agua en mi casa. Por octava vez en lo que va de año, mis compañeros de piso turcos olvidaron pagar la factura antes de la fecha límite. Por tanto, agua cortada y retretes llenos. 
Sin embargo, la peor parte llegaría a la hora de comer. Para los que no lo sepan, llevo las últimas dos semanas del mes alimentándome a base de espaguettis que consigo hurtar a mis compañeros, y hoy volvía a tocar deliciosa y monótona pasta. Para aquellos que no estén versados en la sutil ciencia de la gastronomía, el agua es indispensable para la cocción satisfactoria de estos productos alimenticios. Así que me veía, invariablemente, jodido frustrado.
Cualquier otro se habría echado atrás y se habría dado por vencido. 
Pero este no es el caso de vuestro Tito preferido. Vive Dios que no.
Con total falta de vergüenza, contacté con Rebeca, una chica gallega que termina su último año de pedagogía en el inmenso vacío anatólico, y le pedí cocinar en su piso. A los cinco minutos me encontraba soltando maldiciones a Rebe y a los demás inquilinos, diciéndoles que debían de sentirse afortunados de que yo me rebajase a elegir ese hogar y no otro como centro-base de mis actividades culinarias. Uno de los mayores secretos de mi arte es ese: no ir con una sonrisa y agradecerles la hospitalidad, sino hacerles a ellos sentirse agradecidos y, a ser posible, un tanto miserables. Los grandes imperios se formaron así, queridos lectores. Aprendan la lección.
Para cuando Rebe y Bea (otra de las que vivían allí) se fueran a comprar cosas bonitas para chicas, yo ya había conseguido fumarme uno de sus cigarrillos, dejar la pasta al fuego y mi ropa ya limpia se estaba secando en el tendedero de la terraza.
Comí, chupé de su internet y me disponía a largarme de allí cuando mi Pepito Grillo particular me dijo que tal vez Maquiavelo estaba equivocado y un príncipe no debía ser odiado, sino amado. Yo miré al saltamontes por encima del hombro, pero al final pensé que tenía algo de razón. 
Limpié la loza y le hice la cama a Rebe. Estuve a punto de barrer y fregar la cocina, pero pensé que  quizás el punto perfecto estuviese a medio camino entre el odio y el amor, pensé. Aunque en realidad la única razón es que me dio pereza.
Así que, cuando me fui de esa casa, cierta canción me vino a la cabeza. Quizás la conozcan. 




martes, 29 de mayo de 2012

A sacar en limpio

No sé qué sentirán los demás al irse, pero yo ahora mismo tengo en mente cuatro cosas al ver que la fecha de caducidad de mi Erasmus se está acercando cada vez más. Por circunstancias de la vida esta noche me vinieron a la cabeza volviendo para casa después de una cañita infame y un tanto triste:
  1. La sensación de que solo me lo pasé tan bien cuando fui un niño pequeño.
  2. Me he convertido, aquí, en casi mi propio Tyler Durden: la persona que quería ser. Aunque me permitiré a mí mismo añadir que espero no terminar tan zumbado como el señor en cuestión.
  3. Acabaré con muchas experiencias buenas, algunas malas y un cierto regusto ácido al final.
  4. He aprendido dos o tres lecciones para la vida que no voy a olvidar nunca.
  5. Tengo un par de números de teléfono nuevos en mi agenda a los que voy a llamar a partir de ahora.


Mr. Durden nunca dejó de reír cada vez que la vida le partía la cara.

lunes, 28 de mayo de 2012

Püskü sınema

Un documental (bastante curioso) sobre el cine turco, visto hoy en clase. La entrevista deja un poco que desear en cuanto a calidad de imagen y sonido, aunque quizás esa cutreza sea una metáfora de la calidad del producto cinematográfico en este país, sobre todo durante sus principios. De cualquier forma, te echarás unas risas. 
Voz original en inglés, subtítulos en francés y fragmentos de película en turco. 

domingo, 27 de mayo de 2012

Añoro hacer spam

Terminé el libro sobre el Erasmus hace algo más de un mes, y después de corregirlo, de pedir críticas y de recibir puñaladas constructivas tales como "me sangran los ojos después de haber leído la pesadilla ortográfica que parece que has vomitado" o "Moi, querido, te has vuelto un sentimental de mierda", solo queda un tener permiso de una persona más y podré publicarlo. 
El caso es que le he pillado el gustito a esto de teclear, y para ser sincero echaba de menos hacer spam. Aunque la verdadera razón es que me quedan solo un par de días en esta ciudad y se me rompe el corazón pensar todo lo que va a acabar una vez que tome el avión para España.
Pero no quiero ponerme nostálgico antes de tiempo: quiero agradecer lo que tengo ahora mismo, y quiero hacerlo a través de este blog a esas personas que me han dado lo que tengo y lo que siento. Por tanto declaro el inicio de la última temporada de este blog. Espero que sea intensa. Que sea buena no me importa tanto, al fin y al cabo daré por culo insistiré para que me lean y así sentirme el puto amo en verso querido.
Así que, queridos lectores, agárrense a sus cuentas de Facebook. El yonki del spam ha vuelto, y tiene mucho mono.

Maravillaros, lectores, ante mi portentoso dominio del Paint.

viernes, 20 de abril de 2012

Erasmus y mocosos.

Sabía que dos meses sería mucho tiempo como para no subir nada nuevo aquí. Y menos cuando se trata de Xito, ese tipo tan grande. Los Erasmus de Eskisehir fueron a un colegio de primaria para conocer a los chavales del lugar. Nada que merezca tanto la pena como este video para romper esta sequía. Gracias tito. Sigue así de enorme.

viernes, 30 de marzo de 2012

Os llevaré siempre en la patata

Bueno gente. Hasta aquí hemos llegado. Por ahora cierro este blog y puede que no vuelva a escribir nada aquí nunca más. Mientras tecleo esto oigo como miles de personas lloran desesperados, pero yo os digo no desesperéis, es por un fin mayor y más excelente.
Me he metido de lleno -todo lo de lleno que se puede meter un estudiante erasmus- a escribir un libro sobre esta experiencia maravillosa y terrible que es vivir en otro país tanto tiempo. Una amiga mía me habló hace un par de semanas de un concurso donde querían relatos del tema, así que yo he decidido ponerme a ello y ya tengo suficientes ideas como para empezar a hacer físico lo que está fermentando dentro de mi cabeza. 
Tiraré de algunas entradas de este blog, pero la verdad es que creo que reunir todas y darles algo de coherencia sería ir por lo fácil y restar calidad al producto final. Y hay muchas cosas más que quiero contar y muchas personas, lugares e ideas con las que rendir cuentas.
Pensé en ir subiendo poco a poco lo que fuera escribiendo para el libro, pero luego me di cuenta de que posiblemente sea una mala idea: nunca sabes si lo que escribes ahora lo querrás mantener en la última corrección y ni siquiera si de las personas de las que hables te darán su permiso para hablar sobre ellas.
Además, hay ciertas cosas que me he guardado dentro que creo que es la hora de echar fuera y contarlas. Al fin y al cabo para eso escribe uno.
Ha sido un placer saber que ha habido algunas personas que han leído lo que yo he escrito, y eso me ha hecho sentir muy orgulloso y tremendamente agradecido. Y sobre todo feliz. Muchas gracias a todos.
Que el Dios del Kebab os colme de bendiciones.

viernes, 16 de marzo de 2012

K.O. por ideología

No hay manera. En lugar de acostumbrarme, cada día me sorprenden más los puñetazos verbales de los turcos, que aparecen cuando nadie se los espera. Son unas frases tan impactantes como un directo bien conectado en la punta de la nariz y que sin embargo estos tipos sueltan como quien dice buenos días. 
Pero lo mejor viene luego, cuando se quedan callados mirándote a los ojos mientras esperan tu reacción con una sonrisita en la cara. Aunque ni siquiera ellos mismos lo admitan. Casi parece que quieren un motivo para poder demostrar ante cualquier hijo de vecino que pase por casualidad por el lugar lo consolidada que están sus convicciones.

Hoy, sin ir más lejos, en clase de turco, nuestra profesora nos enseñaba como conjugar verbos y empezó a buscar fotos cuando de repente dijo "Este es mi amor."
Ya está -pensé- nos va a enseñar la foto de su novio.
"Este es el amor de los turcos."
Oh Dios, ya sabía por dónde estaba yendo esto. No lo hagas, no, no lo...
Y entonces la chica cogió una foto enorme de Atatürk y nos la enseñó por web-cam. Parecía que el Padre de los Turcos nos analizaba el alma con su particular mirada bipolar desde el otro lado de la pantalla, como si nos preguntase ¿habéis sido buenos este año?
"Este es nuestro héroe".
Joder profesora. ¿Así? ¿Sin un besito antes para avisar?

 

Miren ustedes. A lo mejor simplemente soy yo, que la adoración sin reservas a cualquier ídolo o idea siempre me parece dogmática, extremista (y lo que es peor, potencialmente peligrosa), pero no puedo evitar quedarte noqueado durante unos segundos, mirando al tipo o tipa en cuestión (esta profesora es la última de una serie de desdichadas muestras de amor patrio) con la boca abierta y cerrándola justo cuando la gotita de saliva empieza a caer. 
Me pasa lo mismo si veo a cualquier comunista con un Che tatuado en su pecho, o en el momento en el que a las madres de los palestinos muertos durante alguna escaramuza se les llena el pecho de orgullo cuando nombran a sus hijos mártires o simplemente cuando cualquiera que ha ido algún domingo a misa cree bueno para su Currículum espiritual hacerme ver que necesito salvar mi alma volviendo a abrazar al Señor Todopoderoso de gorra D&G triangular.

Dentro de lo que cabe, a pesar de no compartirla soy respetuoso con cualquier creencia -esto es, callar como una puta cuando alguien dice algo sobre el tema y no me ha pedido mi opinión- si esta no implica hacer daño a nadie. Lo que me revienta las pelotas es que alguien crea necesario que yo me una a tal o cual causa. Que piensen que yo vivo en las sombras. Que crean estoy esperando a que algún buen samaritano me traiga hacia la luz. Que crean que lo necesito.

No se si me entenderán, pero esto no me parece diferente del hecho de ir caminando por la calle y que en un segundo algún histérico en bolas me abrace y me de besos en la cara, gritando de placer. Es una violación de mi intimidad psicológica e ideológica. Y lo que es peor, creyendo que lo hacen por mi Bien, cuando posiblemente nadie sepa a ciencia cierta cuál es ni tan siquiera su propio Bien.

Y ahora, si me disculpan, me voy a colonizar tierras turcas para Gloria de la Bandera Española y Goldman Sachs.

sábado, 10 de marzo de 2012

Crazy bitches

Existe cierto grupo activista de mujeres ucranianas que es famoso porque sus integrantes protestan semidesnudas. Pues bien, estas mujeres aterrizaron en Estambul unos días atrás para reivindicar los derechos de la mujer (recuerden, El Día Internacional de la Mujer) en un país como Turquía, con un índice de violencia contra el sexo femeníno que por lo visto roza lo aberrante. El link, aquí y aquí.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Istanbul (versión emo)


Hace una semana que he llegado y lo primero que posteo es un video del bueno de Xito. No sé si eso habla muy mal de mi dedicación a este blog o muy bien de Arturo. Dejaré que sean ustedes, queridos lectores, quienes decidan.
A disfrutar del video.

jueves, 23 de febrero de 2012

Falta una semana


Me queda una semana para volver a Turquía. Y a pesar de que en el horizonte parece que se está perfilando de nuevo la negra tormenta burocrática, los rayos oscuros de las asignaturas no convalidadas y los truenos amenazadores de las fechas límites para entregar formularios, me muero de ganas por volver.

Aquí un pequeño video del canal Eskisehir Visuals, llevado por la buena gente de Gandía y su saber quehacer artístico-audiovisual. Disfruten.

viernes, 17 de febrero de 2012

Carretera i Manta 2


Otra entrega de Carretera i Manta de parte de la buena gente de Gandía. Y yo en casa cuento los días para volver.

Y para los erasmus, seguro que están de acuerdo conmigo en que da gusto ver a Lucas y a Sander hablándole a la cámara. Son dos que ya no volverán a Eskisehir este semestre pero que seguro que se les volverá a ver callejear la ciudad en poco tiempo. Nada como un video bien hecho como testimonio de que por unos meses dos buenos chicos tuvieron  su Aquí y su Ahora donde otros cuantos nos hemos dedicado a rascarnos los huevos con una sonrisa a ser felices.

jueves, 2 de febrero de 2012

La pasión turca

La pasión turca es un eufemismo. Mejor sería llamarla la obsesión turca. O la enfermedad turca. Pero entonces al bueno de Gala el título de su novela no le habría quedado tan redondo. 

Una de las primeras noches que estuvimos en Turquía, Elena y yo volvíamos de fiesta de madrugada cuando el rugido del motor de un coche que en aquellos momentos estaba cruzando a toda velocidad la calle se detuvo en seco, derrapando y quemando la goma de los neumáticos. Todo esto justo a nuestra altura. Yo miré y vi que dentro de él habían tres personas que nos observaban. Absolutamente en silencio. El coche estuvo al relentí, siguiendo nuestros pasos durante uno de los cinco metros más tensos de mi vida. 
Después los del coche dijeron algo en turco y aceleraron. Yo vi como se perdían por los callejones de la ciudad. Esto es algo que les ha pasado a la gran mayoría de las chicas que hay por esta ciudad. Y para las turcas es usual sucesos como este. 

En otra ocasión una chica española iba a su casa de noche después de salir de un bar cuando notó que un chico la perseguía por la calle, unos metros por detrás . Cuando ella entró en su piso, alguien empezó a tocar en el telefonillo. La chica no abrío. Miró por la ventana escondiéndose entre las sortinas y vio que era el mismo tipo, que la miraba desde la calle. El personaje siguió así más o menos media hora, y al final se fue.

Un grupo de turcos que conocemos -y al que a pesar de que nadie les invita a veces suelen acabar en nuestras fiestas-, por norma general se suelen dedicar a emborracharse y a sobar a las chicas, y a los que un "no", por determinante y serio que se diga, no les dice nada. En nuestra última fiesta tuvimos que echar a uno fuera de la casa.

En otra ocasión, otra chica esperaba para recoger su abrigo dentro de una pequeña marabunta de personas que se iba moviendo poco a poco hacia el guardarropa de una discoteca. En algún momento anónimo, alguien le tocó el culo. Pero no fue la típica nalgada desconocida y fugaz. No. Le estrujó la retaguardia y mantuvo la mano ahí. La chica apartó la mano de una bofetada sin reconocer de quién era. Cuando se dio la vuelta, la mano volvió otra vez. Ella la apartó de un golpe pero la mano regresaba una y otra vez. 
La chica cogió su chaqueta y salió de la discoteca temblando de miedo y de rabia. Nunca supimos quien fue. Ella siempre dice que es la primera vez que se vio cosificada. Reducida sin haberlo querido solo a un culo por un estúpido a quien ni siquiera le había visto la cara.

Las chicas turcas no suelen volver a su casa solas si ésta quedaba lejos y era tarde. Al principio de mi erasmus esto me sorprendía. Pensaba que la cultura del país les hacía creerse -independientemente de si lo son o no- indefensas. Pero ahora comprendo que habiéndose criado en un lugar en el que sabes que van a violar tan impunemente y sin remordimiento tu espacio personal, y para lo que prácticamente no puedes hacer nada a no ser que vayas acompañada, al final solo las realmente fuertes siguen indiferentes ante eso, y las que tienen más miedo crean ese sentimiento de necesidad de compañía.

A mí personalmente me da ganas de vomitar. Todo esto desgraciadamente no son sucesos aislados en el espacio y el tiempo, sino que constituyen una de las constantes más tristes y patéticas de este país. Y me he dejado muchas cosas por teclear. Se lo aseguro.

Quiero pensar que estoy haciendo mal, que no tengo que aplicar a todo un país el comportamiento de una docena de tipos a los que los cojones les queman dentro de los pantalones. Que generalizar es uno de los mayores pecados a la hora de escribir. Pero todos mis amigos, compañeros y gente extranjera que he conocido viajando por el país -muy diferentes unos de otros- han tenido esas mismas experiencias a lo largo de toda la nación. Eso me hace pensar que ya no es algo puntual.

Algunas personas me han dicho que es por su cultura, que no podemos juzgarla desde los ojos de la nuestra. Que obviamos nuestra historia común, suponemos la suya y demás. 
Qué quieren que les diga. Admito que he vivido poco en ese país como para conocerlo a fondo, pero si  lo suficiente como para tener claro que hay una enorme y kilométrica distancia entre lo que supone la cultura como concepto y  lo que supone ser básicamente gilipollas. 
Y otra cosa. Desconfíen de los que se escudan detrás de las costumbres y se engalanan con los rituales para esconder su estupidez y analfabetismo. 

martes, 31 de enero de 2012

Vida

Será porque llevo dos días en mi casa casi sin hacer nada y aún no he podido ver a mis amigos porque todo el mundo está de exámenes y eso me ha decepcionado un poco, pero la verdad es que cuando uno vuelve a casa se respira un aire diferente. Uno mira a las cosas que conoce desde niño como si hubiesen perdido brillo o vida.

En Eskisehir, a pesar del asco que me puede provocar Turquía a veces, es verdad que la sensación que tienes en el estómago es totalmente diferente a cuando vuelves a estar bajo el ala de papá y mamá. Como diría Bertrand Russell, has abierto la puerta, durante los primeros segundos tienes frío y sientes miedo, pero luego sales afuera y disfrutas de la luz del sol, del aire y de la libertad.
Y cuando acaba el día tienes que volver a entrar en casa. Todo parece más oscuro, todo un poco más mediocre, un poco más cutre -lo cual es irónico, porque deberían ver lo cutre que es a veces Eskisehir.

Joder. Te sientes libre sabiéndote en la otra punta del mapa. Cada instante llega a tu cerebro como una explosión de vida y todo reluce constantemente con una luz especial. Los cigarrillos saben mejor, las chicas son más guapas, sus sonrisas más bonitas y el amor se vive más intensamente. Hasta los nuevos paisajes te exigen más minutos en silencio para poder apreciarlos. Las conversaciones -tal vez porque muchas de ellas son en otro idioma- parece que quieren decir algo más de lo que realmente se dice, incluso tus propias palabras.
La vida, en resumen, se centra más en el presente, el futuro se hace apasionante y prometedor, y todos lo pasado vivido allí -incluso lo triste o lo amargo- ha valido la pena. Y eso para mí significa que te haces un poco más sabio. Esto es, que aprendes un poco más a vivir, con todo lo que quiere decir esto. Si es que sabes encajar y reconocer las lecciones del camino.

No sé cómo será esa famosa depresión post-erasmus, pero efectivamente hay algo de desalentador en la vuelta. A veces pienso que en el fondo de todo esto, más allá de lo triste que es despedirse de ciertas personas que se han convertido para uno en un híbrido a medio camino entre el amigo y el hermano, lo que en realidad subyace es el miedo a abandonar sin querer una concepción de la vida en Eskisehir -o en dónde sea- que te aterra olvidar para no recuperar nunca.

Pero por otro lado está lo maravilloso de contar tus aventuras a la gente que quieres, el volver a pasear por las calles por las que creciste y el volverse a encontrar con tus amigos (cuando acaben sus exámenes). Sé que es una especie de aviso de lo que puede que llegue en verano, cuando todo esto se haya acabado. Pero siendo honestos, no creo que eso pase. Sinceramente sé que esta decepción y tristeza se van a ir hoy por la noche sin decirme adiós, algo que no me importará un carajo.
No sé ustedes, pero yo me he hecho un poco más a mí mismo allí, a más de cinco mil kilómetros de distancia. He abandonado algunas ideas y he cogido otras. Siento que he mejorado un poco dentro de mi cabeza. 

sábado, 28 de enero de 2012

El Tito Moi tiene una visión del Dios del Kebab en el aeropuerto de Atatürk

Hoy voy a coger un avión a Las Palmas. Hace casi medio año que no la piso. Se dice pronto.
El caso. Estoy en el aeropuerto de Atatürk y llevo seis horazas tirando del wifi gratis que hay por aquí y dando vueltas por wikipedia, blogs, facebook y portales de humor, mientras tengo la batería de mi portatil conectada a uno de los dos únicos enchufes disponibles del aeropuerto. 
Ese enchufe que precisamente está justo al lado de la pesa de las maletas que dice a sus pasajeros si a su equipaje le sobran kilos o no.

Así que ya me ven, queridos lectores. Estoy lo que ahora se dice On fayer, rodeado por mi carrito de metal y mi mochila, con todo el suelo lleno de migas de un bocata kilométrico que me he comido yo solo y (Oh Santa Madonna, ahora me doy cuenta) descojonándome-casi-gritando por los vídeos de youtube que miraba mientras la gente levanta con cara de sufrimiento sus enormes maletones.
A veces me siento como que estoy en medio. No sé. Como que molesto. 
Llamémoslo X.

Como no tengo otra cosa mejor que hacer, pensaba hacer una valoración de estos meses que he pasado aquí, pero lo pensé mejor, y como no suelo hacer entradas largas y hay tantas cosas que tendría que incluir en esa valoración pero que no me puedo dar el permiso a mí mismo de escribir, el asunto quedaría cojo. Así que mejor pongo una anécdota que simbolice todos estos meses y que el Dios del Kebab nos pille confesados.

Hace una hora, cuando no había nadie en el aeropuerto, dos trabajadores de la tienda de regalos del aeropuerto cogieron sus pistolitas de láser que leen los códigos de barras y empezaron a jugar a la jodida Guerra del Vietnam, haciendo los efectos sonoros y hasta stop motion. 

Yo sólo pude rezar al Dios del Kebab para que me salvara, pero el sólo me respondió "Buyrum Byrum".


El Dios del Kebab ¿lo pillan? En realidad solo quería meter esta imagen en el blog, pero no se me ocurría ninguna razón de peso y me puse a escribir hasta que saliera algo. 
Ahora ya han leído. 
Ya estoy dentro de sus cabezas. Dentro de ustedes.
Se podría decir incluso que les he violado mentalmente y ustedes no se han dado cuenta. Aunque sinceramente no sé hasta qué punto eso habla bien de mi habilidad persuasiva y mal de mi condición viril.

No me juzguen, por favor.

lunes, 23 de enero de 2012

¿Quién dijo idolatría?

Dicen las malas lenguas que tatuarse el nombre de Mustafá Kemal Atatürk en el antebrazo (sólo en el antebrazo) te sale gratis en algunas tiendas de tatuajes de Eskisehir. Una taza de absurdo, por favor.

Oh, Snow Show!!

Otro vídeo del bueno de Xito y compañía, con cameos especiales.


jueves, 19 de enero de 2012

Señora, vea Carretera i Manta

¿Se acuerdan ustedes, queridos lectores, del programa realizado por la buena gente de Gandia? ¿Aquel programa sobre el que ya escribí algunas entradas atrás en este mismo blog?
Pues aquí les dejo el vídeo del primer capítulo, recién sacado del horno y aún calentito.
El vídeo en sí está en su mayoría en valenciano o en inglés, pero no es nada que no se pueda entender poniendo un poco de atención. A disfrutar.





martes, 17 de enero de 2012

Porque homenajear siempre está de moda

Hace ya unos días nos enteramos de que Fraga había muerto. Y al día siguiente vamos a la universidad y nada más entrar en el campus vemos que todas las banderas turcas están a media hasta.


No puede ser, pienso. Los largos dedos de Fraga no pueden llegar hasta Turquía. Siempre pensé que el límite de su poder se encontraba en la playa de Palomares. Así que puse en práctica lo que la USC me ha enseñado, y a base de preguntar un poco por ahí me cuentan que no, que Fraga no tuvo nunca nada que ver con la Operación Atila, los Lobos Grises, Atatürk o ninguno de los partidos que pululan bajo la bandera de color de sangre. Por no tener influencia aquí, no tiene ni una triste calle con su nombre, al menos hasta dónde yo sé.

En realidad, quien ha muerto ha sido Rauf Denktaş. Bueno, siendo más exactos la bandera se bajó en honor a él y alguien que falleció trágicamente haciendo esquí, pero qué quieren que les diga, me parece más interesante hablar del primero. Será también porque mis sentidos cínicos que dicen que las banderas de la universidad no bajarían hasta el medio palo por un esquiador. 

Para los que no tengan idea de quien es este señor, les recomiendo darse una vuelta por el artículo de Wikipedia de la República Turca del Norte de Chipre . Leer es gratis.
El caso es que este hombre fundó un país que aún a día de hoy solo es reconocido en todo el mundo por una sola nación (adivinen cuál), y se auto-nombró presidente del lugar en 1983 hasta el 2005 -aunque para ser honestos, comparado con Fraga no tiene ni media hostia-. Las malas lenguas dicen que más de un periodista murió al criticar su administración, las muy malas lenguas y menos educadas dicen que lo hizo un grupo paramilitar neo-fascista ultra-nacionalista pro-islámico (repóker de gilipolleces) llamado Lobos Grises, y en los callejones más oscuros y sucios de Turquía dicen que él lo ordenó. Pero no le hagan mucho caso a esas lenguas: no saben lo que dicen.

Lo que sí se sabe es que al menos él si que fundó, con ayuda de otros, otro grupito paramilitar de estos que usas más durante el día a día, más de andar por casa y tal, con menos neos, ultras y pros. Más cercano al pueblo.

Pero no quiero contarles el fin de la historia, lean, lean, y si pueden, den una vuelta por algunos artículos relacionados, y si encuentran algo interesante me lo comentan.
Y de paso me dicen qué les parece un país que homenajea a este tipo de señores.


lunes, 16 de enero de 2012

Días de hospital - 2

Este, queridos lectores, es Mr. Sander Vandenbosch, neerlandés de nacimiento y residente en Bélgica al que le ha dado por venirse hasta Eskisehir de erasmus

Admiren ese saber estar tan apacible característico de Bélgica

Me gustaría haber hecho otro tipo de entrada sobre este hombre, pero la historia que viene a continuación es tan estúpida que le tuve que dar prioridad.

Estaba este hombre de mirada sutil y discreta con un par de copas más de la cuenta encima cuando se resbaló, chocó contra una fotografía que había en una pared de su habitación y rompió el cristal. Como resultado tuvo varios cortes en su mano izquierda (atención, es zurdo), algunos de ellos lo suficientemente profundos que tuvo que recibir puntos. Todo esto a las tantas de la madrugada. Ya pueden imaginarse a la novia y al compañero de piso llevándolo en taxi hasta la clínica de la universidad.

La historia en sí comienza dos o tres semanas después del incidente: Sander volvió al hospital a que le quitasen los puntos. El médico que se los retiró debió de notar algo en su muñeca, porque lo envió a que le hiciesen una radiografía y a que lo viese el traumatólogo.
-¿Te duele si aprieto aquí?- le preguntó este mientras hacía presión sobre el antebrazo del chaval.
-Yes! Stop please!
El tipo siguió apretando, cada vez más fuerte, hasta que se oyó un enorme CRACK y el belga gritó de dolor.
-¿Tenías la muñeca rota?-le inquirió el traumatólogo como si no fuese importante.
-No.
-Pues ahora si. Espera que te vamos a poner un yeso.

fuck logic

Y colorín colorado, así es como se las gastan los médicos turcos.


miércoles, 11 de enero de 2012

Un montón de nieve del copón


Esta imagen la tomo Carol ayer desde el campus de la universidad. No se si lo recuerdan ustedes, queridos lectores, pero Eskisehir está en medio de la meseta anatólica y aquí es todo desierto; aquellas montañas que ven a lo lejos hace menos de dos semanas estaban absolutamente peladas.
Y es que nieva en la ciudad y a uno le da gusto ver todo blanco.
Yo ya no puedo esperar a ver lo bonito que quedará todo cuando las nieves se derritan y llegue la primavera. Ya tengo comprado el disfraz de Heidi.
Ayer de madrugada, a más de uno se le olvidó que tenía que estudiar para los exámenes y se apuntó a una macro guerra de bolas de nieve. Yo no, mamá: yo me quedé en el piso estudiando.



Carretera i manta

La cojonuda intro del nuevo programa "Carretera i manta", hecha por la gente de la Universidad Politécnica de Valencia que están estudiando aquí, en Eskisehir.


Y con esto, por supuesto, vuele el grande. Vuelve Xito. Y con estilo, con elegancia y su característico savoir-fâire. Y encima vuelve rodeado de toda una peñita que da gusto verlos, tan sanos y robustos todos que dan ganas de comérselos, como se ve en el video.
La gente del campus de Gandia colaboran con un programa de la cadena local, haciendo vídeos sobre su experiencia de erasmus en Turquía, y ya tienen bastante material listo para proyectar, pero que no verá la luz hasta el 13 de este mes, cuando empiece la nueva temporada. 
Los videos que me han enseñado hasta ahora para ese asunto están genial y cada cual supera al anterior. Todo muy interesante y educativo. Y hasta te echas unas risas.

El programa en cuestión se llama Telegrafies y pueden ver el programa piloto de la 6 temporada aquí (para los que entiendan el valenciano, aunque hay algunas partes en castellano).


Así que a todos los queridos lectores que puedan sintonizar la cadena valenciana Tele7 Safor, les recomiendo que le echen un vistazo aunque sea a la sección. Creo que el programa podrá verse a la carta a través de internet una vez que se empiece a emitir. Seguiremos informando.

Y por supuesto, dense una vuelta por la cuenta de vimeo de Xito, que el pobre se va a destrozar los dedos de tanto darle a copiar y pegar el enlace del video en todos los muros de sus contactos en la red social.
Arturo Sánchez Studio 

lunes, 9 de enero de 2012

Cuando de tan gilipollas que eres, ni haces gracia

Escribo esta entrada rompiendo con la promesa de la publicación anterior porque cuando escuché la historia que viene a continuación, me pareció tan significativa de esa parte rancia y casposa que comparten todos los países, -que bien podría ocurrir en España como en Turquía- que solo pude pensar "esto va para el blog". Aunque admito que en España ya es más dificil de ver este tipo de cosas, gracias al Cielo.

La anécdota empieza así. A Malva, una chica de Granada que está de erasmus aquí en Eskisehir, le vino a visitar su prima. Ella vive con otra chica más, así que eran tres chicas viviendo en un pisito de estos en los que tienes que ir con los hombros encogidos para poder caminar por él.
El caso es que una tarde, estaban las chicas haciendo lo que hacen las chicas cuando están solas (a mi no me pregunten el qué: para mí esas cosas son como la ley del campo unificado, cosas que yo no viviré para poder saber), cuando desde el bloque de enfrente alguien le tiró una enorme piedra a su ventana.
Malva me contaría al día siguiente que el golpe fue tan grande que ella pensó que había sido un pájaro que había chocado. Ella, la prima y la compañera de piso se asomaron y vieron que era ni más ni menos que un turco ya bastante entrado en años que empezó a gritarles como si no hubiera mañana. En turco obviamente. Así que ni Malva ni la prima entendieron nada.
Pero la vecina sí que entendía, vive Dios si entendió.
La chica le empezó a gritar al hombre y a su vez ese tipo respondía, y así estuvieron sus buenos minutos, gritándo algo incomprensible para las dos españolas, que solo podían mirar hasta que la chica hiciese de traductora en algún momento. En un momento el hombre exigió que bajasen las tres o llamaría a la policía. Ante eso ya no podían hacer nada y la vecina -previsora-, bajó con Malva, la prima y otro vecino, por si acaso.
El tipo estaba esperando en la puerta y se puso de nuevo a gritar a la turca mientras señalaba a las dos españolas lleno de furia como si les diese asco y escupiendo mientras hablaba. La policía acabó llegando y el hombre empezó a explicar la situación, como diciendo, "esto es cosa de hombres". La cosa de hombres acabó en una versión en la que el machotón, entre otras cosas, solo había tirado una moneda a la ventana, y les había pedido educadamente que bajasen.
Pues vaya.

Imagínense, queridos lectores, cómo debía de ser la cara de Malva y su prima, que no entendían una mierda de lo que estaba pasando. Y para darle un toque más absurdo -¡Cómo no! ¡Esto es Turquía! ¡Alegría!- a la situación la policía se había personado frente a la puerta y aún así nadie les explicaba nada a ellas, quienes eran, obviamente, el objeto de discusión.
Al final, el hombre terminó de discutir y volvió a entrar en su casa, la policía se fue y las dos chicas se quedaron mirando a la compañera de piso turca esperando por una traducción.

Resulta que dentro del cerebro de ese personaje se gestó la brillante deducción de: tres chicas viviendo solas en un piso igual a lesbianas.
Y nada, que al señor le parecía inmoral aquella degeneración y que no quería que su hijo, cuya habitación estaba frente a su piso, viese ese tipo de conductas anormales e indecentes.

Ya se pueden imaginar ustedes, queridos lectores, cómo se debió quedar la buena de Malva y su prima.

Pues nada. Que gilipollas hay en todas partes.



jueves, 5 de enero de 2012

Si me queréis, seguirme

Hasta el 16 de enero este blog cierra por exámenes.




















































Y por tanta fiesta seguida.