sábado, 2 de junio de 2012

El fin justifica los medios

Anoche el insigne autor de este blog erasmusero supo lo que significaba "o  cago ya o me muero aquí mismo". Vuestro Tito Moi  se despedía de Eva la francesa en la puerta del Pilavci después de un merecido pollo con arroz after-party, cuando encontrándose a unos 300 metros de su casa, el padre de todos los retortijones apareció de improviso en su bajo vientre. Ante el tremendo apretón, hizo lo que cualquier persona de buena testa habría hecho en su situación: apretar mucho las nalgas y correr como si el cobrador del frac le persiguiese a lomos de un unicornio. Durante esa carrera, los pantalones se le empezaron a caer, así que se vio obligado a agarrarlos para evitar que media ciudad supiese que marca de calzoncillos usaba. Y así, emulando a los velocistas paraolímpicos, solo deseó que nadie conocido le viese en tan deplorable comportamiento. Pero, por avatares del destino, al cruzar la esquina vio a Layla, una chica española. 
-Mecagüentóloquesemenea -maldijo sin detener su sprint.
Con la mano que tenía libre la saludó.
Layla se quedó mirandolo, y el Tito Moi pudo leer en sus ojos que se preguntaba "¿pero qué coño...?", sin embargo no se detuvo a explicarle la situación. 
Al tiempo que apretaba más allá de lo posible sus glúteos, cogió sus llaves, abrió la puerta, se metió dentro de su edificio, subió las escaleras y entró en su piso como un huracán, encerrándose directamente en el baño. 
La satisfacción que sintió después, y la gratitud que profesó hacia el inventor anónimo del retrete, solo se puede describir con este video.


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