miércoles, 6 de junio de 2012

Simona

Hoy, a las 7 y media de la madrugada (entiéndanme ustedes, queridos lectores, para un Erasmus esa hora es la madrugada más absoluta que existe), Venus pasó sobre el Sol. Por lo visto era un acontecimiento cósmico del copón y que no volvería a pasar hasta dentro de 115 años. En un blog que leo mientras cago no tengo nada que hacer, leí que sería como una piedra de LSD sobre el Sol. Ante esto (y a pesar de saber los gustos por las drogas duras del autor de la página), pensé que no estaría mal ver el acontecimiento. ¿Porqué no dejar que los rayos de luz me violen las retinas para poder ver un punto negro durante unos segundos sobre nuestra estrella particular? En su momento me pareció una buena idea. 
Todo esto viene al caso de que seguimos con los agradecimientos. Ahora le toca el turno a la buena de Simona Serra, la italiana pizpireta y que habla sin parar si la dejas.
La sarda en cuestión contactó conmigo a horas intempestuosas en la noche, mientras yo hacía cierta travesura que está ahora mismo en proceso, pero que no viene al caso. Aún. 
Simona (o Simo, como la llamamos sus amigos) me habló del evento y me preguntó si quería acompañarla. Tomaríamos una cerveza mientras veíamos el asunto y pasaríamos un buen rato. Me parecía un plan excelente.
A las 6 y media ya estábamos ambos paseando por las calles, de camino al descampado que hay frente a la entrada de la universidad. Nos sentamos, abrimos las latas y miramos al cielo, esperando extasiados el ballet cósmico y demás. Pero no contábamos con las nubes.
Al final no pudimos ver nada, y como no parecía que ese puntito negro infame se daría por aludido y ofrecería su performance particular, acabamos hablando de nuestras cosas. De amigos en común, de que esto se está acabando y de qué felices hemos sido en esta ciudad, en este país, con esta gente, aunque parezca mentira. De que nunca volveremos a vivir algo así. De que posiblemente seamos igual de felices después de esto. Pero nunca de la misma manera. 
Supongo que abandonamos lo celestial por algo más terrenal. 
Llegó un momento en esa mañana que nos pusimos a intentar acordarnos de cuándo nos conocimos. Le dije que mi primer recuerdo de ella fue en la oficina de estudiantes de la facultad de Comunicación (hace ya 9 meses, joder), cuando yo tenía que apuntarme a una asignatura más o no me llegarían los créditos. Ella apareció de repente y me dijo que me apuntase a Actividades Culturales. Era fácil dijo. Me metí pensando que no perdería nada, sin saber que acabaría suspendiendo esa clase 4 meses después.
-¿En serio? -dijo ella en inglés después- No me acuerdo de eso.
Y entonces me dijo que su primer recuerdo de ambos fue una noche de Octubre, saliendo unos cuantos Erasmus de una discoteca a las tantas algo más ciegos de la cuenta, y que los dos nos pusimos a cantar como si no hubiera mañana el Nessun dorma y el Parlami d'amore Mariú.
-Y luego te pusiste a bailar ballet en medio de la calle. -Concluyó con una risotada.
-Mierda -susurré riéndome-. Es verdad. Lo había olvidado.
Y normal que lo hubiese olvidado. Por lo visto una Erasmus nos grabó esa noche. Espero que ese vídeo traidor no salga nunca a la luz.

A Simona le agradezco sus conversaciones sobre política, sus risotadas y fiestas, sus "bastardo" y sus "you are such a bitch" (que espero de todo corazón que me los diga de coña), sus consejos y sus manos en el hombro, que siempre han sido recíprocos llegado el caso. Que me abriese su corazón y me contase ciertos secretos, porque creyó que yo era una persona en la que podía confiar. Que me enseñase a ser mejor persona, en realidad.

Nos vemos en Roma, bitch.







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