En las casas de turcos en las que he entrado hasta ahora para pasar
adentro me he tenido que quitar los zapatos, igual que hacen los japoneses. Las
calles están muy sucias y los turcos no quieren ensuciar innecesariamente sus
casas. Durante la primera semana no tenía la menor idea de por qué hacían esto,
y me sentí un poco sorprendido: aquel pequeño gesto me enseñó que entre lo que
piensan y lo que creen ellos en común y lo que conozco yo a su vez de ellos hay
un abismo cultural inmenso, pero que estoy decidido a recorrer en el tiempo que
esté aquí. Para algo me vine.
lunes, 31 de octubre de 2011
Primeros días de paseo
Durante los cuatros primeros días solo vi la peor cara de
Eskisehir, la de sus suburbios, donde las calles están sin asfaltar o con un
asfalto tan desgastado por los años y el uso que hace difícil creerá uno que no
ha habido una guerra hace poco. Calles sin ningún tipo de letreros que señalen su nombre y donde hay
casas tan viejas que te preguntas cómo consiguen seguir en pie. En cada manzana
de estos suburbios hay siempre al menos un solar lleno de polvo, barro,
escombros de construcción, a veces muebles abandonados y basura. Casi todas ellas son calles pequeñas,
callejuelas por las que no es raro ver a niños jugando en sus bicicletas.
Es una zona llena de casas que parecen ser construidas con desgana
ni mimo por el detalle y donde lo práctico muchas veces hace que lo ornamental
se deseche como algo inútil. Los albañiles parecen trabajar con prisa y esto
hace que los acabados finales o la pintura muchas veces sea, como mínimo, reprochable.
En el piso desde donde escribo yo –un piso recién construido que apenas
tiene muebles, especialmente mi habitación, donde hasta hace dos semanas solo
había una mesa, una silla y una alfombra-, la puerta que da al balcón no se
puede cerrar porque está desnivelada. Muchas cañerías están por fuera de la
pared, ya no solo en el piso, sino fuera del edificio.
La arquitectura recuerda mucho a la española. No digo a la
occidental. Digo a la española. No sabría diferenciar entre un edificio de 20
años construido en esta ciudad y otro de las Palmas de Gran Canaria, mi ciudad,
y menos sabría diferenciar cualquiera de los que están cerca de donde vivo yo de
cualquiera de los que te puedes encontrar paseando por Jinámar o El Batán, los
suburbios de Las Palmas.
Aún así ni siquiera sé si esto son los suburbios realmente. Le he
preguntado sobre el tema a muchos tucos y todos me dicen lo mismo. Hasta hace
poco más de 5 años, con la elección del nuevo alcalde Yılmaz
Büyükerşen , Eskisehir era todo casas a medio
derruir y muy viejas, pero que con este nuevo personaje se modernizó mucho, se
repararon grandes carreteras y se construyeron grandes edificios y se mejoraron
las comunicaciones. En esta ciudad ese hombre es muy amado (como suena, amado.
Algo impensable en la España del ladrillo donde casi todos los alcaldes
faltaron a clase el día que el profesor explicó qué significaba la palabra
decencia). Y cuando oigo hablar de él no me extraña. El tipo fue doctor de
Economía en la universidad de Anadolu (la mía), fue su rector y luego fue
alcalde. Ordenó la remodelación de la ciudad y su reparación, la restauración
del barrio antiguo y llenó la ciudad de estatuas, estatuas que por cierto hizo
él mismo (no es que sean una maravilla de la escultura, pero son bonitas y
representan el espíritu de la ciudad: hombres con un tupido mostacho turco con
sus perros pescando en las orillas del río, mujeres sentadas en un banco y
hablando de cualquier cosa o de figuras importantes para la ciudad). No sé hasta
qué punto este señor es tan bueno como lo pintan, pero aquí en Eskisehir es un
Atatürk local prácticamente. Al menos ha conseguido que el significado de
Eskisehir (ciudad vieja) se haya quedado solo en anecdótico.
Primera impresión
Eskisehir es extraña, pero sin duda es una ciudad increíble y vital
en la que no me importaría vivir.
Sé que todos los lugares tienen algo de misterioso y quizás una
apariencia desordenada cuando se visitan por primera vez pero ésta es a veces
tan caótica que te deja sin respiración.
Es sobre todo estrambótica. Qué se puede esperar de una ciudad que está en medio de un enorme desierto como es el de Anatolia y que sin embargo tiene un río.
Es sobre todo estrambótica. Qué se puede esperar de una ciudad que está en medio de un enorme desierto como es el de Anatolia y que sin embargo tiene un río.
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