lunes, 31 de octubre de 2011

Primeros días de paseo


Durante los cuatros primeros días solo vi la peor cara de Eskisehir, la de sus suburbios, donde las calles están sin asfaltar o con un asfalto tan desgastado por los años y el uso que hace difícil creerá uno que no ha habido una guerra hace poco. Calles sin ningún tipo de  letreros que señalen su nombre y donde hay casas tan viejas que te preguntas cómo consiguen seguir en pie. En cada manzana de estos suburbios hay siempre al menos un solar lleno de polvo, barro, escombros de construcción, a veces muebles abandonados y basura.  Casi todas ellas son calles pequeñas, callejuelas por las que no es raro ver a niños jugando en sus bicicletas.



Es una zona llena de casas que parecen ser construidas con desgana ni mimo por el detalle y donde lo práctico muchas veces hace que lo ornamental se deseche como algo inútil. Los albañiles parecen trabajar con prisa y esto hace que los acabados finales o la pintura muchas veces sea, como mínimo, reprochable.  
En el piso desde donde escribo yo –un piso recién construido que apenas tiene muebles, especialmente mi habitación, donde hasta hace dos semanas solo había una mesa, una silla y una alfombra-, la puerta que da al balcón no se puede cerrar porque está desnivelada. Muchas cañerías están por fuera de la pared, ya no solo en el piso, sino fuera del edificio.
La arquitectura recuerda mucho a la española. No digo a la occidental. Digo a la española. No sabría diferenciar entre un edificio de 20 años construido en esta ciudad y otro de las Palmas de Gran Canaria, mi ciudad, y menos sabría diferenciar cualquiera de los que están cerca de donde vivo yo de cualquiera de los que te puedes encontrar paseando por Jinámar o El Batán, los suburbios de Las Palmas.
Aún así ni siquiera sé si esto son los suburbios realmente. Le he preguntado sobre el tema a muchos tucos y todos me dicen lo mismo. Hasta hace poco más de 5 años, con la elección del nuevo alcalde Yılmaz Büyükerşen , Eskisehir era todo casas a medio derruir y muy viejas, pero que con este nuevo personaje se modernizó mucho, se repararon grandes carreteras y se construyeron grandes edificios y se mejoraron las comunicaciones. En esta ciudad ese hombre es muy amado (como suena, amado. Algo impensable en la España del ladrillo donde casi todos los alcaldes faltaron a clase el día que el profesor explicó qué significaba la palabra decencia). Y cuando oigo hablar de él no me extraña. El tipo fue doctor de Economía en la universidad de Anadolu (la mía), fue su rector y luego fue alcalde. Ordenó la remodelación de la ciudad y su reparación, la restauración del barrio antiguo y llenó la ciudad de estatuas, estatuas que por cierto hizo él mismo (no es que sean una maravilla de la escultura, pero son bonitas y representan el espíritu de la ciudad: hombres con un tupido mostacho turco con sus perros pescando en las orillas del río, mujeres sentadas en un banco y hablando de cualquier cosa o de figuras importantes para la ciudad). No sé hasta qué punto este señor es tan bueno como lo pintan, pero aquí en Eskisehir es un Atatürk local prácticamente. Al menos ha conseguido que el significado de Eskisehir (ciudad vieja) se haya quedado solo en anecdótico.

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