Escribo esta entrada rompiendo con la promesa de la publicación anterior porque cuando escuché la historia que viene a continuación, me pareció tan significativa de esa parte rancia y casposa que comparten todos los países, -que bien podría ocurrir en España como en Turquía- que solo pude pensar "esto va para el blog". Aunque admito que en España ya es más dificil de ver este tipo de cosas, gracias al Cielo.
La anécdota empieza así. A Malva, una chica de Granada que está de erasmus aquí en Eskisehir, le vino a visitar su prima. Ella vive con otra chica más, así que eran tres chicas viviendo en un pisito de estos en los que tienes que ir con los hombros encogidos para poder caminar por él.
El caso es que una tarde, estaban las chicas haciendo lo que hacen las chicas cuando están solas (a mi no me pregunten el qué: para mí esas cosas son como la ley del campo unificado, cosas que yo no viviré para poder saber), cuando desde el bloque de enfrente alguien le tiró una enorme piedra a su ventana.
Malva me contaría al día siguiente que el golpe fue tan grande que ella pensó que había sido un pájaro que había chocado. Ella, la prima y la compañera de piso se asomaron y vieron que era ni más ni menos que un turco ya bastante entrado en años que empezó a gritarles como si no hubiera mañana. En turco obviamente. Así que ni Malva ni la prima entendieron nada.
Pero la vecina sí que entendía, vive Dios si entendió.
La chica le empezó a gritar al hombre y a su vez ese tipo respondía, y así estuvieron sus buenos minutos, gritándo algo incomprensible para las dos españolas, que solo podían mirar hasta que la chica hiciese de traductora en algún momento. En un momento el hombre exigió que bajasen las tres o llamaría a la policía. Ante eso ya no podían hacer nada y la vecina -previsora-, bajó con Malva, la prima y otro vecino, por si acaso.
El tipo estaba esperando en la puerta y se puso de nuevo a gritar a la turca mientras señalaba a las dos españolas lleno de furia como si les diese asco y escupiendo mientras hablaba. La policía acabó llegando y el hombre empezó a explicar la situación, como diciendo, "esto es cosa de hombres". La cosa de hombres acabó en una versión en la que el machotón, entre otras cosas, solo había tirado una moneda a la ventana, y les había pedido educadamente que bajasen.
Pues vaya.
El tipo estaba esperando en la puerta y se puso de nuevo a gritar a la turca mientras señalaba a las dos españolas lleno de furia como si les diese asco y escupiendo mientras hablaba. La policía acabó llegando y el hombre empezó a explicar la situación, como diciendo, "esto es cosa de hombres". La cosa de hombres acabó en una versión en la que el machotón, entre otras cosas, solo había tirado una moneda a la ventana, y les había pedido educadamente que bajasen.
Pues vaya.
Imagínense, queridos lectores, cómo debía de ser la cara de Malva y su prima, que no entendían una mierda de lo que estaba pasando. Y para darle un toque más absurdo -¡Cómo no! ¡Esto es Turquía! ¡Alegría!- a la situación la policía se había personado frente a la puerta y aún así nadie les explicaba nada a ellas, quienes eran, obviamente, el objeto de discusión.
Al final, el hombre terminó de discutir y volvió a entrar en su casa, la policía se fue y las dos chicas se quedaron mirando a la compañera de piso turca esperando por una traducción.
Resulta que dentro del cerebro de ese personaje se gestó la brillante deducción de: tres chicas viviendo solas en un piso igual a lesbianas.
Y nada, que al señor le parecía inmoral aquella degeneración y que no quería que su hijo, cuya habitación estaba frente a su piso, viese ese tipo de conductas anormales e indecentes.
Ya se pueden imaginar ustedes, queridos lectores, cómo se debió quedar la buena de Malva y su prima.
Pues nada. Que gilipollas hay en todas partes.

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