sábado, 28 de enero de 2012

El Tito Moi tiene una visión del Dios del Kebab en el aeropuerto de Atatürk

Hoy voy a coger un avión a Las Palmas. Hace casi medio año que no la piso. Se dice pronto.
El caso. Estoy en el aeropuerto de Atatürk y llevo seis horazas tirando del wifi gratis que hay por aquí y dando vueltas por wikipedia, blogs, facebook y portales de humor, mientras tengo la batería de mi portatil conectada a uno de los dos únicos enchufes disponibles del aeropuerto. 
Ese enchufe que precisamente está justo al lado de la pesa de las maletas que dice a sus pasajeros si a su equipaje le sobran kilos o no.

Así que ya me ven, queridos lectores. Estoy lo que ahora se dice On fayer, rodeado por mi carrito de metal y mi mochila, con todo el suelo lleno de migas de un bocata kilométrico que me he comido yo solo y (Oh Santa Madonna, ahora me doy cuenta) descojonándome-casi-gritando por los vídeos de youtube que miraba mientras la gente levanta con cara de sufrimiento sus enormes maletones.
A veces me siento como que estoy en medio. No sé. Como que molesto. 
Llamémoslo X.

Como no tengo otra cosa mejor que hacer, pensaba hacer una valoración de estos meses que he pasado aquí, pero lo pensé mejor, y como no suelo hacer entradas largas y hay tantas cosas que tendría que incluir en esa valoración pero que no me puedo dar el permiso a mí mismo de escribir, el asunto quedaría cojo. Así que mejor pongo una anécdota que simbolice todos estos meses y que el Dios del Kebab nos pille confesados.

Hace una hora, cuando no había nadie en el aeropuerto, dos trabajadores de la tienda de regalos del aeropuerto cogieron sus pistolitas de láser que leen los códigos de barras y empezaron a jugar a la jodida Guerra del Vietnam, haciendo los efectos sonoros y hasta stop motion. 

Yo sólo pude rezar al Dios del Kebab para que me salvara, pero el sólo me respondió "Buyrum Byrum".


El Dios del Kebab ¿lo pillan? En realidad solo quería meter esta imagen en el blog, pero no se me ocurría ninguna razón de peso y me puse a escribir hasta que saliera algo. 
Ahora ya han leído. 
Ya estoy dentro de sus cabezas. Dentro de ustedes.
Se podría decir incluso que les he violado mentalmente y ustedes no se han dado cuenta. Aunque sinceramente no sé hasta qué punto eso habla bien de mi habilidad persuasiva y mal de mi condición viril.

No me juzguen, por favor.

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