sábado, 26 de noviembre de 2011

Por un puñado de routers.

Hay un bautizo de fuego que todos los Erasmus que llegamos a Eskisehir tenemos que superar durante los primeros días para demostrarle a los Dioses de la vida universitaria que somos dignos de nuestro privilegios: vivir sin internet.
Aquí la gente se curte con esto. Se nos encallece la piel, nos salen arrugas y se nos queda mirada de Clint Eastwood después de pasar por ese ritual. Algunos incluso nunca vuelven a ser los de antes, y si les pillas distraídos verás en sus miradas la sombra de ese dolor infinito que ningún abrazo puede curar. Tanto dolor causada por tanta barbarie... Dios...
Hasta ahora Elena y yo hemos sido los que más sufrimos; aguantamos casi más de un mes sin internet, y eso que el agua caliente, el gas para poder cocinar y la calefacción que calentaba nuestro piso cuando fuera de él empezaba a raspar los cero grados no llegó hasta dos semanas después.
Pero aguantamos. Y lo conseguimos. Sobrevivimos. Ahora somos dignos.


Aquí vemos a Clint en el día más feliz de su vida.




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