domingo, 27 de noviembre de 2011

La tumba del Rey Midas sin Santa Sabiduría

Hace ya algo más de una semanita un par de erasmus nos fuimos en una visita exprés organizada por el ESN (una organización sin ánimo de lucro que quiere desarrollar la integración de los estudiantes de intercambio) a ver ni más ni menos que la tumba del Rey Midas, aquel del que decía la leyenda que todo lo que tocaba se convertía en oro.

Esto era lo que nos prometía internet y las guías de viaje; la entrada al falso templo de la tumba, con la fachada esculpida en roca madre con bajorrelieves frigios y hasta detalles de escritura cuneiforme bien conservados.


Y esto fue lo que vimos. Un par de troncos que tapaban todo.


Obviamente la están restaurando. Sin embargo mi parte más cínica no se puede dejar de preguntar cómo será el resultado final, teniendo en cuenta que estamos en un país cuyo monumento más universal, Santa Sofía, a pesar de ser Patrimonio Histórico de la Humanidad y de terminar de haber sido restaurada el año pasado después de 17 años de obras ahora solo consigue dar pena -después, por supuesto, del estupor inicial que uno siente al entrar por primera vez en ese lugar siempre soñado- al ver las pinturas de las paredes a medio caer o a los gatos callejeros lamiéndose su cipote en medio del Omphalion, el lugar sagrado donde se coronaba a los emperadores.

Pero bueno, esperemos a ver. Aunque el detalle de que no hubiese guardias de seguridad cerca que nos impidiesen haber subido hasta arriba del todo, como efectivamente hicimos, no me dice mucho a favor del resultado final.
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A pesar de esto, de que la visita fue tremendamente rápida, de que no entramos en el museo que estaba solo a unos metros de distancia (aunque sospecho que no nos perdimos demasiado; todo lo que encontraron está ahora en el Museo de las Civilizaciones de Ankara), de que pudimos escalar ruinas antiguas (!!) -lugares donde antes otros habían usado como despensas, casas o incluso templos- y de que no había ni un triste guía que pudiese explicarnos nada sobre la tumba levantada en honor a uno de los reyes más poderosos de la Antigüedad,  la visita estuvo genial. Si lo que uno buscaba era un día en el monte y no una visita cultural.

Al menos nos lo pasamos bien, fue un paseo precioso, con un paisaje que te invitaba a alejarte un ratito del resto, sentarte y escuchar el silencio, que parece mentira lo mucho que podías echarlo de menos.


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Por cierto, que Santa Sofía está dedicada ni a más ni menos que a la mismísima Santa Sabiduría, para los que no saben de griego básico. Supongo que es otra de las ironías de la vida que uno encuentra en Turquía; algo a lo que se ha dedicado tanto ahora esté en tan mal estado. 

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