jueves, 24 de noviembre de 2011

Hoy todo iba a acabar

Hoy era el día. Hoy me sentía optimista y pensaba que iba a terminar con todo.
Pero me faltaron reflejos. Al final acabó siendo como cualquier otro día.
Me levanté temprano. Mi nuevo coordinador me había dicho que hablase con él a la mañana, así que con niebla, a -3 grados (no es coña) y muerto de sueño caminé los cuarenta minutos que hay desde mi piso hasta la facultad.
Al menos esta vez el nuevo coordinador estaba en su despacho. Empezamos bien, pensé.
Me pidió que me sentara y antes de que empezase a hablar entró una mujer en el despacho, le entregó unos papeles y se pusieron a hablar. Y como pasaban los minutos yo me dediqué a mirar el despacho del señor.
Había de todo: desde un modelo de uno de los primeros ordenadores de Apple en lo alto de su librería hasta unos viejos prismáticos negros (teniendo en cuenta que es un profesor de periodismo, uno no puede dejar de preguntarse hasta qué punto ese hombre no fue un periodista bonzo antes de coordinar los estudios de los erasmus), pasando por el detalle que me dejó más tocado: sobre los papeles que había en su mesa había una manzana amarillenta a medio acabar, completamente oxidada, y unos pistachos rancios que yo no se los daba ni a mi perro.
Hablamos del acuerdo de estudios, de que se estaba acabando el plazo y demás. Al final me pidió que volviese por la tarde y rellenase unos formularios y se los entregase. En realidad no fue tan malo. Hicimos algunas bromas y nos reímos.
Aún no tengo claro si le caí bien o no. Porque cuando me iba a despedir me dio lo que él debió pensar que era el mejor detalle que podía tener en ese momento: me ofreció una porción de la manzana amarillenta y un par de los pistachos que parecían supurados de las varices de mi tatarabuela.
y yo me quede como el hámster de mirada inquisidora


Pero me lo acabé comiendo. Todo.
No se si captan la alegoría.
______________________________________________________________________
El caso es que volví a la tarde con Elena, esta vez dispuesto a todo. Había rellenado los formularios y los había puesto dentro de la carpeta de la ULPGC, esa de un par de entradas atrás. Había una pachanguita de fútbol entre unos erasmus así que metí unos botines, una camiseta y un pantalon en la mochila, me la puse y pillamos un taxi hasta la facultad.
Salimos y justo cuando entramos en la facultad me da por sacar la carpeta de mi mochila.
Pero...oh.
La carpeta no está.
Pues nada Moi. Punto y mini-punto para ti.
OrsonWellesClapping








No hay comentarios:

Publicar un comentario