lunes, 5 de diciembre de 2011

Crónicas de Capadocia (1)

Ayer llegamos de un viaje exprés de Capadocia.
Sinceramente aquello más que un viaje erasmus parecía más un viaje del Imserso; los guías (estudiantes turcos del ESN), nos llevaron en autobuses dando vueltas por todos lados y después, casualmente, nos hacían dejar caer como quien no quiere la cosa en medio de tiendas que no venían a cuento. Por si queríamos comprar algún recuerdito. 
Entendí hasta cierto punto la tienda de alfarería artesanal. Incluso la bodega de vinos de diez metros cuadrados. Pero que nos llevasen a una tienda de ultramarinos diciendo que comprásemos frutos secos que eran típicos de ahí... eso me mató.
En cualquier caso el asunto no estuvo nada mal. Ver el paisaje de Capadocia en silencio a uno le pone los pelos de punta. 





Como dijo Jack el Destripador, vamos por partes. Antes de meternos en el meollo de lo que pasó en el viaje, un poquitito de cultura general antes de empezar.

Desde cualquier lugar de la Capadocia uno puede ver como una mole nevada se levanta en el horizonte; es el Erciyes, un enorme volcán de 3,916 metros que en su momento explotó dejando cientos de kilómetros a su alrededor recubiertos de material volcánico. Con el paso del tiempo y la erosíón aquello fue quedando como está: chimeneas de hadas que más tarde fueron excavadas por los distintos pueblos que poblaron el lugar. Hasta donde se sabe los primeros pobladores fueron los ciudadanos de Çatalhöyük, una ciudad del período neolítico en cuyos restos se encontró lo que se cree que es la pintura paisajistica más antigua del mundo; un fresco del 6200 a.C. donde se representan unas casas en primer plano y a lo lejos lo que se cree que es el volcán Hasandağ, otro de los volcanes que hay en la región

El caso es que como siempre, aquello a la larga se fue de madre y entre que si la pelota es mía y tu no juegas y que si uy, perdona pero me tropecé y te clavé la espada sin querer, por allí pasaron de todo, desde asirios, hititas, persas... el lugar era tan famoso que hasta Alejandro Magno se dio un paseito por ahí y le gustó tanto que le mandó contruir al consejero de urbanismo del ayuntamiento de turno una parcelita por allí para descansar cuando volviese de conquistar medio mundo antiguo y esas cosas.

Y así estuvo la cosa; después de los griegos vinieron los romanos y luego de imperio a imperio y tiro porque me ha tocado llegaron los bizantinos. Y ahí la cosa se pone aún más interesante, pero lo dejamos para la siguiente entrada.




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