jueves, 23 de febrero de 2012

Falta una semana


Me queda una semana para volver a Turquía. Y a pesar de que en el horizonte parece que se está perfilando de nuevo la negra tormenta burocrática, los rayos oscuros de las asignaturas no convalidadas y los truenos amenazadores de las fechas límites para entregar formularios, me muero de ganas por volver.

Aquí un pequeño video del canal Eskisehir Visuals, llevado por la buena gente de Gandía y su saber quehacer artístico-audiovisual. Disfruten.

viernes, 17 de febrero de 2012

Carretera i Manta 2


Otra entrega de Carretera i Manta de parte de la buena gente de Gandía. Y yo en casa cuento los días para volver.

Y para los erasmus, seguro que están de acuerdo conmigo en que da gusto ver a Lucas y a Sander hablándole a la cámara. Son dos que ya no volverán a Eskisehir este semestre pero que seguro que se les volverá a ver callejear la ciudad en poco tiempo. Nada como un video bien hecho como testimonio de que por unos meses dos buenos chicos tuvieron  su Aquí y su Ahora donde otros cuantos nos hemos dedicado a rascarnos los huevos con una sonrisa a ser felices.

jueves, 2 de febrero de 2012

La pasión turca

La pasión turca es un eufemismo. Mejor sería llamarla la obsesión turca. O la enfermedad turca. Pero entonces al bueno de Gala el título de su novela no le habría quedado tan redondo. 

Una de las primeras noches que estuvimos en Turquía, Elena y yo volvíamos de fiesta de madrugada cuando el rugido del motor de un coche que en aquellos momentos estaba cruzando a toda velocidad la calle se detuvo en seco, derrapando y quemando la goma de los neumáticos. Todo esto justo a nuestra altura. Yo miré y vi que dentro de él habían tres personas que nos observaban. Absolutamente en silencio. El coche estuvo al relentí, siguiendo nuestros pasos durante uno de los cinco metros más tensos de mi vida. 
Después los del coche dijeron algo en turco y aceleraron. Yo vi como se perdían por los callejones de la ciudad. Esto es algo que les ha pasado a la gran mayoría de las chicas que hay por esta ciudad. Y para las turcas es usual sucesos como este. 

En otra ocasión una chica española iba a su casa de noche después de salir de un bar cuando notó que un chico la perseguía por la calle, unos metros por detrás . Cuando ella entró en su piso, alguien empezó a tocar en el telefonillo. La chica no abrío. Miró por la ventana escondiéndose entre las sortinas y vio que era el mismo tipo, que la miraba desde la calle. El personaje siguió así más o menos media hora, y al final se fue.

Un grupo de turcos que conocemos -y al que a pesar de que nadie les invita a veces suelen acabar en nuestras fiestas-, por norma general se suelen dedicar a emborracharse y a sobar a las chicas, y a los que un "no", por determinante y serio que se diga, no les dice nada. En nuestra última fiesta tuvimos que echar a uno fuera de la casa.

En otra ocasión, otra chica esperaba para recoger su abrigo dentro de una pequeña marabunta de personas que se iba moviendo poco a poco hacia el guardarropa de una discoteca. En algún momento anónimo, alguien le tocó el culo. Pero no fue la típica nalgada desconocida y fugaz. No. Le estrujó la retaguardia y mantuvo la mano ahí. La chica apartó la mano de una bofetada sin reconocer de quién era. Cuando se dio la vuelta, la mano volvió otra vez. Ella la apartó de un golpe pero la mano regresaba una y otra vez. 
La chica cogió su chaqueta y salió de la discoteca temblando de miedo y de rabia. Nunca supimos quien fue. Ella siempre dice que es la primera vez que se vio cosificada. Reducida sin haberlo querido solo a un culo por un estúpido a quien ni siquiera le había visto la cara.

Las chicas turcas no suelen volver a su casa solas si ésta quedaba lejos y era tarde. Al principio de mi erasmus esto me sorprendía. Pensaba que la cultura del país les hacía creerse -independientemente de si lo son o no- indefensas. Pero ahora comprendo que habiéndose criado en un lugar en el que sabes que van a violar tan impunemente y sin remordimiento tu espacio personal, y para lo que prácticamente no puedes hacer nada a no ser que vayas acompañada, al final solo las realmente fuertes siguen indiferentes ante eso, y las que tienen más miedo crean ese sentimiento de necesidad de compañía.

A mí personalmente me da ganas de vomitar. Todo esto desgraciadamente no son sucesos aislados en el espacio y el tiempo, sino que constituyen una de las constantes más tristes y patéticas de este país. Y me he dejado muchas cosas por teclear. Se lo aseguro.

Quiero pensar que estoy haciendo mal, que no tengo que aplicar a todo un país el comportamiento de una docena de tipos a los que los cojones les queman dentro de los pantalones. Que generalizar es uno de los mayores pecados a la hora de escribir. Pero todos mis amigos, compañeros y gente extranjera que he conocido viajando por el país -muy diferentes unos de otros- han tenido esas mismas experiencias a lo largo de toda la nación. Eso me hace pensar que ya no es algo puntual.

Algunas personas me han dicho que es por su cultura, que no podemos juzgarla desde los ojos de la nuestra. Que obviamos nuestra historia común, suponemos la suya y demás. 
Qué quieren que les diga. Admito que he vivido poco en ese país como para conocerlo a fondo, pero si  lo suficiente como para tener claro que hay una enorme y kilométrica distancia entre lo que supone la cultura como concepto y  lo que supone ser básicamente gilipollas. 
Y otra cosa. Desconfíen de los que se escudan detrás de las costumbres y se engalanan con los rituales para esconder su estupidez y analfabetismo. 

martes, 31 de enero de 2012

Vida

Será porque llevo dos días en mi casa casi sin hacer nada y aún no he podido ver a mis amigos porque todo el mundo está de exámenes y eso me ha decepcionado un poco, pero la verdad es que cuando uno vuelve a casa se respira un aire diferente. Uno mira a las cosas que conoce desde niño como si hubiesen perdido brillo o vida.

En Eskisehir, a pesar del asco que me puede provocar Turquía a veces, es verdad que la sensación que tienes en el estómago es totalmente diferente a cuando vuelves a estar bajo el ala de papá y mamá. Como diría Bertrand Russell, has abierto la puerta, durante los primeros segundos tienes frío y sientes miedo, pero luego sales afuera y disfrutas de la luz del sol, del aire y de la libertad.
Y cuando acaba el día tienes que volver a entrar en casa. Todo parece más oscuro, todo un poco más mediocre, un poco más cutre -lo cual es irónico, porque deberían ver lo cutre que es a veces Eskisehir.

Joder. Te sientes libre sabiéndote en la otra punta del mapa. Cada instante llega a tu cerebro como una explosión de vida y todo reluce constantemente con una luz especial. Los cigarrillos saben mejor, las chicas son más guapas, sus sonrisas más bonitas y el amor se vive más intensamente. Hasta los nuevos paisajes te exigen más minutos en silencio para poder apreciarlos. Las conversaciones -tal vez porque muchas de ellas son en otro idioma- parece que quieren decir algo más de lo que realmente se dice, incluso tus propias palabras.
La vida, en resumen, se centra más en el presente, el futuro se hace apasionante y prometedor, y todos lo pasado vivido allí -incluso lo triste o lo amargo- ha valido la pena. Y eso para mí significa que te haces un poco más sabio. Esto es, que aprendes un poco más a vivir, con todo lo que quiere decir esto. Si es que sabes encajar y reconocer las lecciones del camino.

No sé cómo será esa famosa depresión post-erasmus, pero efectivamente hay algo de desalentador en la vuelta. A veces pienso que en el fondo de todo esto, más allá de lo triste que es despedirse de ciertas personas que se han convertido para uno en un híbrido a medio camino entre el amigo y el hermano, lo que en realidad subyace es el miedo a abandonar sin querer una concepción de la vida en Eskisehir -o en dónde sea- que te aterra olvidar para no recuperar nunca.

Pero por otro lado está lo maravilloso de contar tus aventuras a la gente que quieres, el volver a pasear por las calles por las que creciste y el volverse a encontrar con tus amigos (cuando acaben sus exámenes). Sé que es una especie de aviso de lo que puede que llegue en verano, cuando todo esto se haya acabado. Pero siendo honestos, no creo que eso pase. Sinceramente sé que esta decepción y tristeza se van a ir hoy por la noche sin decirme adiós, algo que no me importará un carajo.
No sé ustedes, pero yo me he hecho un poco más a mí mismo allí, a más de cinco mil kilómetros de distancia. He abandonado algunas ideas y he cogido otras. Siento que he mejorado un poco dentro de mi cabeza. 

sábado, 28 de enero de 2012

El Tito Moi tiene una visión del Dios del Kebab en el aeropuerto de Atatürk

Hoy voy a coger un avión a Las Palmas. Hace casi medio año que no la piso. Se dice pronto.
El caso. Estoy en el aeropuerto de Atatürk y llevo seis horazas tirando del wifi gratis que hay por aquí y dando vueltas por wikipedia, blogs, facebook y portales de humor, mientras tengo la batería de mi portatil conectada a uno de los dos únicos enchufes disponibles del aeropuerto. 
Ese enchufe que precisamente está justo al lado de la pesa de las maletas que dice a sus pasajeros si a su equipaje le sobran kilos o no.

Así que ya me ven, queridos lectores. Estoy lo que ahora se dice On fayer, rodeado por mi carrito de metal y mi mochila, con todo el suelo lleno de migas de un bocata kilométrico que me he comido yo solo y (Oh Santa Madonna, ahora me doy cuenta) descojonándome-casi-gritando por los vídeos de youtube que miraba mientras la gente levanta con cara de sufrimiento sus enormes maletones.
A veces me siento como que estoy en medio. No sé. Como que molesto. 
Llamémoslo X.

Como no tengo otra cosa mejor que hacer, pensaba hacer una valoración de estos meses que he pasado aquí, pero lo pensé mejor, y como no suelo hacer entradas largas y hay tantas cosas que tendría que incluir en esa valoración pero que no me puedo dar el permiso a mí mismo de escribir, el asunto quedaría cojo. Así que mejor pongo una anécdota que simbolice todos estos meses y que el Dios del Kebab nos pille confesados.

Hace una hora, cuando no había nadie en el aeropuerto, dos trabajadores de la tienda de regalos del aeropuerto cogieron sus pistolitas de láser que leen los códigos de barras y empezaron a jugar a la jodida Guerra del Vietnam, haciendo los efectos sonoros y hasta stop motion. 

Yo sólo pude rezar al Dios del Kebab para que me salvara, pero el sólo me respondió "Buyrum Byrum".


El Dios del Kebab ¿lo pillan? En realidad solo quería meter esta imagen en el blog, pero no se me ocurría ninguna razón de peso y me puse a escribir hasta que saliera algo. 
Ahora ya han leído. 
Ya estoy dentro de sus cabezas. Dentro de ustedes.
Se podría decir incluso que les he violado mentalmente y ustedes no se han dado cuenta. Aunque sinceramente no sé hasta qué punto eso habla bien de mi habilidad persuasiva y mal de mi condición viril.

No me juzguen, por favor.

lunes, 23 de enero de 2012

¿Quién dijo idolatría?

Dicen las malas lenguas que tatuarse el nombre de Mustafá Kemal Atatürk en el antebrazo (sólo en el antebrazo) te sale gratis en algunas tiendas de tatuajes de Eskisehir. Una taza de absurdo, por favor.

Oh, Snow Show!!

Otro vídeo del bueno de Xito y compañía, con cameos especiales.