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miércoles, 6 de junio de 2012

Simona

Hoy, a las 7 y media de la madrugada (entiéndanme ustedes, queridos lectores, para un Erasmus esa hora es la madrugada más absoluta que existe), Venus pasó sobre el Sol. Por lo visto era un acontecimiento cósmico del copón y que no volvería a pasar hasta dentro de 115 años. En un blog que leo mientras cago no tengo nada que hacer, leí que sería como una piedra de LSD sobre el Sol. Ante esto (y a pesar de saber los gustos por las drogas duras del autor de la página), pensé que no estaría mal ver el acontecimiento. ¿Porqué no dejar que los rayos de luz me violen las retinas para poder ver un punto negro durante unos segundos sobre nuestra estrella particular? En su momento me pareció una buena idea. 
Todo esto viene al caso de que seguimos con los agradecimientos. Ahora le toca el turno a la buena de Simona Serra, la italiana pizpireta y que habla sin parar si la dejas.
La sarda en cuestión contactó conmigo a horas intempestuosas en la noche, mientras yo hacía cierta travesura que está ahora mismo en proceso, pero que no viene al caso. Aún. 
Simona (o Simo, como la llamamos sus amigos) me habló del evento y me preguntó si quería acompañarla. Tomaríamos una cerveza mientras veíamos el asunto y pasaríamos un buen rato. Me parecía un plan excelente.
A las 6 y media ya estábamos ambos paseando por las calles, de camino al descampado que hay frente a la entrada de la universidad. Nos sentamos, abrimos las latas y miramos al cielo, esperando extasiados el ballet cósmico y demás. Pero no contábamos con las nubes.
Al final no pudimos ver nada, y como no parecía que ese puntito negro infame se daría por aludido y ofrecería su performance particular, acabamos hablando de nuestras cosas. De amigos en común, de que esto se está acabando y de qué felices hemos sido en esta ciudad, en este país, con esta gente, aunque parezca mentira. De que nunca volveremos a vivir algo así. De que posiblemente seamos igual de felices después de esto. Pero nunca de la misma manera. 
Supongo que abandonamos lo celestial por algo más terrenal. 
Llegó un momento en esa mañana que nos pusimos a intentar acordarnos de cuándo nos conocimos. Le dije que mi primer recuerdo de ella fue en la oficina de estudiantes de la facultad de Comunicación (hace ya 9 meses, joder), cuando yo tenía que apuntarme a una asignatura más o no me llegarían los créditos. Ella apareció de repente y me dijo que me apuntase a Actividades Culturales. Era fácil dijo. Me metí pensando que no perdería nada, sin saber que acabaría suspendiendo esa clase 4 meses después.
-¿En serio? -dijo ella en inglés después- No me acuerdo de eso.
Y entonces me dijo que su primer recuerdo de ambos fue una noche de Octubre, saliendo unos cuantos Erasmus de una discoteca a las tantas algo más ciegos de la cuenta, y que los dos nos pusimos a cantar como si no hubiera mañana el Nessun dorma y el Parlami d'amore Mariú.
-Y luego te pusiste a bailar ballet en medio de la calle. -Concluyó con una risotada.
-Mierda -susurré riéndome-. Es verdad. Lo había olvidado.
Y normal que lo hubiese olvidado. Por lo visto una Erasmus nos grabó esa noche. Espero que ese vídeo traidor no salga nunca a la luz.

A Simona le agradezco sus conversaciones sobre política, sus risotadas y fiestas, sus "bastardo" y sus "you are such a bitch" (que espero de todo corazón que me los diga de coña), sus consejos y sus manos en el hombro, que siempre han sido recíprocos llegado el caso. Que me abriese su corazón y me contase ciertos secretos, porque creyó que yo era una persona en la que podía confiar. Que me enseñase a ser mejor persona, en realidad.

Nos vemos en Roma, bitch.







Elena y Xito. Xito y Elena.

Cuando volví a retomar el blog escribí algo así como que (y perdonen la pedantería de que me cite a mí mismo y que lo haga inexactamente) quería agradecerle a ciertas personas lo que ahora soy y lo que me han enseñado.
Eso era, de verdad de la buena, lo que sentía en su momento, pero en cuanto le di al botón de publicar me flaquearon un poco los dedos sobre el teclado. Durante la última semana he estado yéndome por las ramas más de la cuenta y haciéndome el loco. Era más fácil decirlo que hacerlo, y además tenía cierta reticencia, porque sospechaba que podía liarla muy parda llegado el momento (más, si cabe), porque aún no he hecho las paces con ciertas personas ni con su recuerdo. Pero hoy se publicó un vídeo, y eso me ha dado el empujoncito que necesitaba para, al menos, hablarles de Elena y de Xito.
Para los que están leyendo mi relatillo del Erasmus, en algún momento (y el prólogo infame no cuenta) acabarán llegando a la parte donde salen esta parejita. Quizás hablé en él menos de lo que quería sobre Xito y más de lo que tenía pensado de Elena. A lo mejor esto es caer un poco en la redundancia, pero al fin y al cabo el blog es mío y me lo follo cuando quiero escribo en él lo que quiera.

No creo que nadie me tome por un idiota si digo que son la pareja más entrañable que se ha visto en la ciudad este año. Los jugueteos y las bromas que se gastan el uno a la otra y el beso de reconciliación final que siempre se acaban dando consiguen que acabe sacando una sonrisilla feliz, y la verdad es que da gloria bendita solo de verles. 

Ya no digamos cuando alguno de ellos dos dice eso de "No. Nosotros no follamos: hacemos el amor". Viniendo de ellos dos, si eso no es enternecedor, no sé que puede serlo.

Luego en el piso se den ciertas situaciones que son mejor no sacar a la luz, y que deseo con toda intensidad borrar de mi cabeza, para horror mío y risa sarcástica de ellos (especialmente de la capulla desmemoriada de la Elenitis aguda).

Llegó un momento en el que los dos decidieron vivir juntos en la práctica, y la mayor parte del tiempo era en nuestro piso, me parece recordar. Así que, sin saber muy bien cómo (y todo empezó como una broma), los tres acabamos pareciéndonos a Lily, Marshal y Ted, de la serie Cómo conocí a vuestra madre. La parejita y el sujetavelas el compañero de piso.

Lo que les quiero agradecer a estas dos personas son ciertas risas compartidas, ciertas conversaciones en la cocina o en nuestras respectivas habitaciones, cierta portada y página de agradecimientos, ciertos abrazos que nos hemos dado cuando alguno lo necesitaba, cajetillas y cajetillas de cigarrillos gratis, recetas gastronómicas y kilos de comida gratis que me han dado sin esperar nada a cambio y gracias a los cuales no he muerto de inanición. Y también que he aprendido de ellos más que en todos los años que llevo de carrera sobre cine y vídeos, anatomía y fisiología femenina y oratoria para borregos.

¿Y qué quieren que les diga? El vídeo que viene a continuación es una de las cosas más bonitas que he visto. Sé que la frase es un poco ñoña, pero es sencilla y directa.
Es una de las cosas más bonitas que he visto.
Pues eso. Xito, Elena. Elena, Xito. Ted Mosby les desea lo mejor. Nos vemos al otro lado del pasillo.


Con cameo especial de mi mochila

martes, 5 de junio de 2012

I want to have a life

Un pequeño corto hecho por Juan, un chaval de Gandía (que hay que ver las cosas que hacen estos tipos con una cámara). Quiero tener una vida, dice su título traducido del inglés. Para los lectores más asiduos a este sitio, supongo que ya sabrán mi opinión sobre el tema. Pero no daré un sermón innecesario. Disfruten del vídeo.

sábado, 2 de junio de 2012

El aḏān

Después de lo que sospecho que ha sido justicia kármica me haya abofeteado irónicamente hace escasa media hora, me encontraba volviendo al piso sin pensar demasiado en nada en especial cuando el primer canto del aḏān me sorprendió en la calle. Y como de esta noche pensaba hacer algo productivo con mi vida (aunque tenía otra cosa en mente por lo de productivo), la tentativa de una breve reflexión sobre el tema no me pareció tan mala opción.
Me gusta, a su manera, que la llamada al rezo en la religión musulmana sea cantada. En cierto sentido porque si uno escucha con atención, los gritos del almuédano de la mezquita son bastante tristes, o melancólicos si se prefiere. Pero también son más humanos que las campanas de las iglesias cristianas.
En cuanto al asunto de la tristeza, quizás sea solamente yo, pero después de este año he llegado a pensar que en Turquía existe cierta devoción por el hecho de sentirse triste. Uno lo intuye por ejemplo si escucha la música nacional, tanto la tradicional como la más comercial. Hay una pasión evidente por cantar sobre corazones rotos, pérdidas personales o desengaños. Y por lo visto es típico meterse entre pecho y espalda litros de raki cuando se está despechado mientras se escucha alguna de estas canciones, maldiciendo y demás. Ya se pueden imaginar la escena. En general esto me resulta un tanto patético, aunque no creo que yo sea nadie para decir nada. Aquí cada uno pasa página -si se quiere decir así- como puede.
En lo tocante a lo humano, solo hablo desde mi experiencia más personal, porque hasta ahora no he visto ninguna otra cosa y no he estado en ningún otro templo que no sea cristiano o musulmán. Las campanas son totalmente apersonales y suenan casi a un mandato frío y mecánico. El aḏān es totalmente pasional. Es lo más representativo que hay en el concepto de ser musulmán, que literalmente significa ser siervo de Ala. No siervo en el sentido más peyorativo de la palabra, la sumisión (que también): me refiero al amor platónico hacia su Señor particular. Es casi como si los católicos españoles decidiesen eliminar las campanadas y sustituirlas por ciertos versos de Santa Teresa de Jesús (específicamente los que hablan sobre el dolor de corazón, que efectivamente padeció al tener una enfermedad coronaria) o de Fray Luis de León. 
Son palabras de amor al fin y al cabo, tristes, pero palabras. No son golpes contra el metal duro y frío. 


martes, 29 de mayo de 2012

A sacar en limpio

No sé qué sentirán los demás al irse, pero yo ahora mismo tengo en mente cuatro cosas al ver que la fecha de caducidad de mi Erasmus se está acercando cada vez más. Por circunstancias de la vida esta noche me vinieron a la cabeza volviendo para casa después de una cañita infame y un tanto triste:
  1. La sensación de que solo me lo pasé tan bien cuando fui un niño pequeño.
  2. Me he convertido, aquí, en casi mi propio Tyler Durden: la persona que quería ser. Aunque me permitiré a mí mismo añadir que espero no terminar tan zumbado como el señor en cuestión.
  3. Acabaré con muchas experiencias buenas, algunas malas y un cierto regusto ácido al final.
  4. He aprendido dos o tres lecciones para la vida que no voy a olvidar nunca.
  5. Tengo un par de números de teléfono nuevos en mi agenda a los que voy a llamar a partir de ahora.


Mr. Durden nunca dejó de reír cada vez que la vida le partía la cara.

lunes, 28 de mayo de 2012

Püskü sınema

Un documental (bastante curioso) sobre el cine turco, visto hoy en clase. La entrevista deja un poco que desear en cuanto a calidad de imagen y sonido, aunque quizás esa cutreza sea una metáfora de la calidad del producto cinematográfico en este país, sobre todo durante sus principios. De cualquier forma, te echarás unas risas. 
Voz original en inglés, subtítulos en francés y fragmentos de película en turco. 

viernes, 20 de abril de 2012

Erasmus y mocosos.

Sabía que dos meses sería mucho tiempo como para no subir nada nuevo aquí. Y menos cuando se trata de Xito, ese tipo tan grande. Los Erasmus de Eskisehir fueron a un colegio de primaria para conocer a los chavales del lugar. Nada que merezca tanto la pena como este video para romper esta sequía. Gracias tito. Sigue así de enorme.

viernes, 16 de marzo de 2012

K.O. por ideología

No hay manera. En lugar de acostumbrarme, cada día me sorprenden más los puñetazos verbales de los turcos, que aparecen cuando nadie se los espera. Son unas frases tan impactantes como un directo bien conectado en la punta de la nariz y que sin embargo estos tipos sueltan como quien dice buenos días. 
Pero lo mejor viene luego, cuando se quedan callados mirándote a los ojos mientras esperan tu reacción con una sonrisita en la cara. Aunque ni siquiera ellos mismos lo admitan. Casi parece que quieren un motivo para poder demostrar ante cualquier hijo de vecino que pase por casualidad por el lugar lo consolidada que están sus convicciones.

Hoy, sin ir más lejos, en clase de turco, nuestra profesora nos enseñaba como conjugar verbos y empezó a buscar fotos cuando de repente dijo "Este es mi amor."
Ya está -pensé- nos va a enseñar la foto de su novio.
"Este es el amor de los turcos."
Oh Dios, ya sabía por dónde estaba yendo esto. No lo hagas, no, no lo...
Y entonces la chica cogió una foto enorme de Atatürk y nos la enseñó por web-cam. Parecía que el Padre de los Turcos nos analizaba el alma con su particular mirada bipolar desde el otro lado de la pantalla, como si nos preguntase ¿habéis sido buenos este año?
"Este es nuestro héroe".
Joder profesora. ¿Así? ¿Sin un besito antes para avisar?

 

Miren ustedes. A lo mejor simplemente soy yo, que la adoración sin reservas a cualquier ídolo o idea siempre me parece dogmática, extremista (y lo que es peor, potencialmente peligrosa), pero no puedo evitar quedarte noqueado durante unos segundos, mirando al tipo o tipa en cuestión (esta profesora es la última de una serie de desdichadas muestras de amor patrio) con la boca abierta y cerrándola justo cuando la gotita de saliva empieza a caer. 
Me pasa lo mismo si veo a cualquier comunista con un Che tatuado en su pecho, o en el momento en el que a las madres de los palestinos muertos durante alguna escaramuza se les llena el pecho de orgullo cuando nombran a sus hijos mártires o simplemente cuando cualquiera que ha ido algún domingo a misa cree bueno para su Currículum espiritual hacerme ver que necesito salvar mi alma volviendo a abrazar al Señor Todopoderoso de gorra D&G triangular.

Dentro de lo que cabe, a pesar de no compartirla soy respetuoso con cualquier creencia -esto es, callar como una puta cuando alguien dice algo sobre el tema y no me ha pedido mi opinión- si esta no implica hacer daño a nadie. Lo que me revienta las pelotas es que alguien crea necesario que yo me una a tal o cual causa. Que piensen que yo vivo en las sombras. Que crean estoy esperando a que algún buen samaritano me traiga hacia la luz. Que crean que lo necesito.

No se si me entenderán, pero esto no me parece diferente del hecho de ir caminando por la calle y que en un segundo algún histérico en bolas me abrace y me de besos en la cara, gritando de placer. Es una violación de mi intimidad psicológica e ideológica. Y lo que es peor, creyendo que lo hacen por mi Bien, cuando posiblemente nadie sepa a ciencia cierta cuál es ni tan siquiera su propio Bien.

Y ahora, si me disculpan, me voy a colonizar tierras turcas para Gloria de la Bandera Española y Goldman Sachs.

jueves, 2 de febrero de 2012

La pasión turca

La pasión turca es un eufemismo. Mejor sería llamarla la obsesión turca. O la enfermedad turca. Pero entonces al bueno de Gala el título de su novela no le habría quedado tan redondo. 

Una de las primeras noches que estuvimos en Turquía, Elena y yo volvíamos de fiesta de madrugada cuando el rugido del motor de un coche que en aquellos momentos estaba cruzando a toda velocidad la calle se detuvo en seco, derrapando y quemando la goma de los neumáticos. Todo esto justo a nuestra altura. Yo miré y vi que dentro de él habían tres personas que nos observaban. Absolutamente en silencio. El coche estuvo al relentí, siguiendo nuestros pasos durante uno de los cinco metros más tensos de mi vida. 
Después los del coche dijeron algo en turco y aceleraron. Yo vi como se perdían por los callejones de la ciudad. Esto es algo que les ha pasado a la gran mayoría de las chicas que hay por esta ciudad. Y para las turcas es usual sucesos como este. 

En otra ocasión una chica española iba a su casa de noche después de salir de un bar cuando notó que un chico la perseguía por la calle, unos metros por detrás . Cuando ella entró en su piso, alguien empezó a tocar en el telefonillo. La chica no abrío. Miró por la ventana escondiéndose entre las sortinas y vio que era el mismo tipo, que la miraba desde la calle. El personaje siguió así más o menos media hora, y al final se fue.

Un grupo de turcos que conocemos -y al que a pesar de que nadie les invita a veces suelen acabar en nuestras fiestas-, por norma general se suelen dedicar a emborracharse y a sobar a las chicas, y a los que un "no", por determinante y serio que se diga, no les dice nada. En nuestra última fiesta tuvimos que echar a uno fuera de la casa.

En otra ocasión, otra chica esperaba para recoger su abrigo dentro de una pequeña marabunta de personas que se iba moviendo poco a poco hacia el guardarropa de una discoteca. En algún momento anónimo, alguien le tocó el culo. Pero no fue la típica nalgada desconocida y fugaz. No. Le estrujó la retaguardia y mantuvo la mano ahí. La chica apartó la mano de una bofetada sin reconocer de quién era. Cuando se dio la vuelta, la mano volvió otra vez. Ella la apartó de un golpe pero la mano regresaba una y otra vez. 
La chica cogió su chaqueta y salió de la discoteca temblando de miedo y de rabia. Nunca supimos quien fue. Ella siempre dice que es la primera vez que se vio cosificada. Reducida sin haberlo querido solo a un culo por un estúpido a quien ni siquiera le había visto la cara.

Las chicas turcas no suelen volver a su casa solas si ésta quedaba lejos y era tarde. Al principio de mi erasmus esto me sorprendía. Pensaba que la cultura del país les hacía creerse -independientemente de si lo son o no- indefensas. Pero ahora comprendo que habiéndose criado en un lugar en el que sabes que van a violar tan impunemente y sin remordimiento tu espacio personal, y para lo que prácticamente no puedes hacer nada a no ser que vayas acompañada, al final solo las realmente fuertes siguen indiferentes ante eso, y las que tienen más miedo crean ese sentimiento de necesidad de compañía.

A mí personalmente me da ganas de vomitar. Todo esto desgraciadamente no son sucesos aislados en el espacio y el tiempo, sino que constituyen una de las constantes más tristes y patéticas de este país. Y me he dejado muchas cosas por teclear. Se lo aseguro.

Quiero pensar que estoy haciendo mal, que no tengo que aplicar a todo un país el comportamiento de una docena de tipos a los que los cojones les queman dentro de los pantalones. Que generalizar es uno de los mayores pecados a la hora de escribir. Pero todos mis amigos, compañeros y gente extranjera que he conocido viajando por el país -muy diferentes unos de otros- han tenido esas mismas experiencias a lo largo de toda la nación. Eso me hace pensar que ya no es algo puntual.

Algunas personas me han dicho que es por su cultura, que no podemos juzgarla desde los ojos de la nuestra. Que obviamos nuestra historia común, suponemos la suya y demás. 
Qué quieren que les diga. Admito que he vivido poco en ese país como para conocerlo a fondo, pero si  lo suficiente como para tener claro que hay una enorme y kilométrica distancia entre lo que supone la cultura como concepto y  lo que supone ser básicamente gilipollas. 
Y otra cosa. Desconfíen de los que se escudan detrás de las costumbres y se engalanan con los rituales para esconder su estupidez y analfabetismo. 

martes, 31 de enero de 2012

Vida

Será porque llevo dos días en mi casa casi sin hacer nada y aún no he podido ver a mis amigos porque todo el mundo está de exámenes y eso me ha decepcionado un poco, pero la verdad es que cuando uno vuelve a casa se respira un aire diferente. Uno mira a las cosas que conoce desde niño como si hubiesen perdido brillo o vida.

En Eskisehir, a pesar del asco que me puede provocar Turquía a veces, es verdad que la sensación que tienes en el estómago es totalmente diferente a cuando vuelves a estar bajo el ala de papá y mamá. Como diría Bertrand Russell, has abierto la puerta, durante los primeros segundos tienes frío y sientes miedo, pero luego sales afuera y disfrutas de la luz del sol, del aire y de la libertad.
Y cuando acaba el día tienes que volver a entrar en casa. Todo parece más oscuro, todo un poco más mediocre, un poco más cutre -lo cual es irónico, porque deberían ver lo cutre que es a veces Eskisehir.

Joder. Te sientes libre sabiéndote en la otra punta del mapa. Cada instante llega a tu cerebro como una explosión de vida y todo reluce constantemente con una luz especial. Los cigarrillos saben mejor, las chicas son más guapas, sus sonrisas más bonitas y el amor se vive más intensamente. Hasta los nuevos paisajes te exigen más minutos en silencio para poder apreciarlos. Las conversaciones -tal vez porque muchas de ellas son en otro idioma- parece que quieren decir algo más de lo que realmente se dice, incluso tus propias palabras.
La vida, en resumen, se centra más en el presente, el futuro se hace apasionante y prometedor, y todos lo pasado vivido allí -incluso lo triste o lo amargo- ha valido la pena. Y eso para mí significa que te haces un poco más sabio. Esto es, que aprendes un poco más a vivir, con todo lo que quiere decir esto. Si es que sabes encajar y reconocer las lecciones del camino.

No sé cómo será esa famosa depresión post-erasmus, pero efectivamente hay algo de desalentador en la vuelta. A veces pienso que en el fondo de todo esto, más allá de lo triste que es despedirse de ciertas personas que se han convertido para uno en un híbrido a medio camino entre el amigo y el hermano, lo que en realidad subyace es el miedo a abandonar sin querer una concepción de la vida en Eskisehir -o en dónde sea- que te aterra olvidar para no recuperar nunca.

Pero por otro lado está lo maravilloso de contar tus aventuras a la gente que quieres, el volver a pasear por las calles por las que creciste y el volverse a encontrar con tus amigos (cuando acaben sus exámenes). Sé que es una especie de aviso de lo que puede que llegue en verano, cuando todo esto se haya acabado. Pero siendo honestos, no creo que eso pase. Sinceramente sé que esta decepción y tristeza se van a ir hoy por la noche sin decirme adiós, algo que no me importará un carajo.
No sé ustedes, pero yo me he hecho un poco más a mí mismo allí, a más de cinco mil kilómetros de distancia. He abandonado algunas ideas y he cogido otras. Siento que he mejorado un poco dentro de mi cabeza. 

martes, 17 de enero de 2012

Porque homenajear siempre está de moda

Hace ya unos días nos enteramos de que Fraga había muerto. Y al día siguiente vamos a la universidad y nada más entrar en el campus vemos que todas las banderas turcas están a media hasta.


No puede ser, pienso. Los largos dedos de Fraga no pueden llegar hasta Turquía. Siempre pensé que el límite de su poder se encontraba en la playa de Palomares. Así que puse en práctica lo que la USC me ha enseñado, y a base de preguntar un poco por ahí me cuentan que no, que Fraga no tuvo nunca nada que ver con la Operación Atila, los Lobos Grises, Atatürk o ninguno de los partidos que pululan bajo la bandera de color de sangre. Por no tener influencia aquí, no tiene ni una triste calle con su nombre, al menos hasta dónde yo sé.

En realidad, quien ha muerto ha sido Rauf Denktaş. Bueno, siendo más exactos la bandera se bajó en honor a él y alguien que falleció trágicamente haciendo esquí, pero qué quieren que les diga, me parece más interesante hablar del primero. Será también porque mis sentidos cínicos que dicen que las banderas de la universidad no bajarían hasta el medio palo por un esquiador. 

Para los que no tengan idea de quien es este señor, les recomiendo darse una vuelta por el artículo de Wikipedia de la República Turca del Norte de Chipre . Leer es gratis.
El caso es que este hombre fundó un país que aún a día de hoy solo es reconocido en todo el mundo por una sola nación (adivinen cuál), y se auto-nombró presidente del lugar en 1983 hasta el 2005 -aunque para ser honestos, comparado con Fraga no tiene ni media hostia-. Las malas lenguas dicen que más de un periodista murió al criticar su administración, las muy malas lenguas y menos educadas dicen que lo hizo un grupo paramilitar neo-fascista ultra-nacionalista pro-islámico (repóker de gilipolleces) llamado Lobos Grises, y en los callejones más oscuros y sucios de Turquía dicen que él lo ordenó. Pero no le hagan mucho caso a esas lenguas: no saben lo que dicen.

Lo que sí se sabe es que al menos él si que fundó, con ayuda de otros, otro grupito paramilitar de estos que usas más durante el día a día, más de andar por casa y tal, con menos neos, ultras y pros. Más cercano al pueblo.

Pero no quiero contarles el fin de la historia, lean, lean, y si pueden, den una vuelta por algunos artículos relacionados, y si encuentran algo interesante me lo comentan.
Y de paso me dicen qué les parece un país que homenajea a este tipo de señores.


martes, 27 de diciembre de 2011

Cosas de pobres

Mi abuela dice que la ignorancia es muy atrevida y a veces es mejor estarse callado y esperar a saber un poco más antes de decir nada. Sí que tiene razón.

No hay nada como moverse para poder comparar lo que se ve con lo que se conoce -o se cree conocer- y así comprender mejor, calladito y en silencio, la vida. Cuando empecé este blog escribí que vivo en uno de los suburbios de Eskisehir. 
Ahora me doy cuento que yo solo vivo en otro barrio más. Que los suburbios son otra cosa.

Cuando hice el viaje para esquiar en el monte Uludag y nos acercábamos a Bursa, la ciudad que está al pie de esa montaña, la mole ambulante que era el autobús pasó por lo que creo que eran las afueras de la ciudad o tal vez un pueblo cercano.
Íbamos por una carretera secundaria llena de baches, perdida en el mapa e inundada en ciertos tramos, mientras afuera caía una llovizna incómoda gris y fría que empapaba a la gente que caminaba descuidada por ese camino. Yo miraba por la ventana observando aquel panorama y agradecí el piso y el barrio en el que vivo en Eskisehir.
Aquel era un lugar ocupado por colmenas de viviendas bajo las que no había pavimentación ninguna, solo mugre y una tierra tan árida que ni siquiera se mojaba, solo se estancaba de algo que parecía ser la mezcla del agua, del barro y de la mierda que había por todos lados. 
Aquel era un lugar poblado por gente que era tan pobre que los hijos seguramente no recibían de sus padres ni el dinero suficiente con el que comprar unos sprays a hurtadillas con los que hacer pintadas en las fachadas.
Aquel era un lugar donde de las chimeneas de las chavolas que habían al otro lado de la carretera -construidas con hojalata descoloridas y trozos de metal amontonados a modo de techo- salía un humo amarillo que me recordaba al que hacen los productos químicos al arder.
Eso sí eran suburbios. Por Dios.

En Estambul una vez Metin me dijo que no me hiciese una idea equivocada de la situación económica turca por lo privilegiada que era Eskisehir. En su momento pensé que decía de coña lo de privilegiada. Ahora veo que Turquía es un país pobre donde la clase media escasea y abundan los que tienen lo justo o menos para vivir.

Los estudios dicen que este país no ha parado de crecer desde que consiguió estabilizar su economía entre el 2001 y el 2002, que incluso es de los países que más están creciendo del mundo hoy en día. Espero que esto sea verdad y que siga así, pero joder...

martes, 13 de diciembre de 2011

Lo primero que pensé fue "Me cago en Dios, ¿dónde me he metido?"



Elena y yo llegamos a Eskisehir a las tantas de la madrugada una noche cerrada que amenazaba con llover. Salimos del tren y nos vinieron a recoger gente del ESN que ni siquiera sabíamos que habían venido a por nosotros. De no haber sido por ellos habríamos dormido en la estación de tren aquel día, pero nos dejaron dormir en una habitación de su casa. Eso siempre se los agradeceré.
El caso es que yendo hacia el lugar de ellos, caminábamos por una típica calle de Eskisehir; la carretera llena de agujeros, montañas de arena para hacer la mezcla de cemento para una de los muchísimos edificios en construcción de por aquí, aceras destrozadas, perros callejeros deambulando en busca de algo que meterse en la boca o un sitio caliente donde echarse unas cuantas horas. Imagínense la primera impresión para alguien que iba a quedarse a vivir allí todo un año.
Mientras caminábamos empezamos a oír la llamada de la mezquita. Ahora sé que debían de ser las cerca de las cinco de la mañana, que es el primer rezo de la jornada. Era la primera vez en mi vida que oía esa llamada. Me detuve. 
No diré que me extasió la belleza porque eso es una gilipollez, pero si que me impresionó profundamente. Es raro vivir algo que sabes que existe y de lo que tienes noticia pero que nunca habías experimentado. Durante unos segundos te mueves entre la curiosidad, la decepción y la alegría de vivirlo finalmente.
Pero un segundo después empezamos a escuchar algo que ni Elena ni yo habíamos escuchado nunca. Un rugido ensordecedor, como si la mano de Dios hubiese empezado a cortar los cielos con unas tijeras y la noche se estuviese rajando por la mitad como una tela barata de color negro infinito. 
Miramos hacia arriba y vimos como dos cazas militares pasaban a toda velocidad sobre nuestras cabezas aullando.
Así que ahora imagínense, queridos lectores, cuál fue nuestra primera impresión; la llamada de la mezquita al rezo y los cazas militares mientras nosotros caminábamos por una calle a oscuras de madrugada al tiempo que un perro hambriento nos miraba desde la esquina. Espero que no crean que soy un loco cuando sepan que lo primero que pensé fue "Me cago en Dios, ¿dónde me he metido?".

Al día siguiente supimos lo de los campos de entrenamiento de aviación militar en Eskisehir, y eso nos tranquilizó. Ahora me acuerdo y me río. No sé para los demás, pero para mí Eskisehir fue durante los tres primeros días una ciudad amenazadora, pero que luego solo me dio alegrías. 
Siempre es curioso comparar el caos que sientes cuando llegas a un lugar desconocido con el orden con el que lo ves todo una vez que te habitúas a él, por muy descontrolado que acabe siendo al final.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Sobre apachis, coyos y pavos reales

En España tenemos a los canis, a los malotes, a los coyos, a los poligoneros... En conclusión, a esa tribu urbana que ha ido creciendo más y más con los años o que simplemente siempre estuvo allí bajo diferentes nombres.
En Turquía tienen a los apachis. En este video podemos ver a Ozhan, uno de mis amigos turcos en Eskisehir (el que está bastante petado), que no se le ocurrió otra cosa mientras viajaba por los EEUU que ponerse a bailar a lo apachi en medio de Times Square. Por eso de difundir la cultura popular y demás. Atentos al Joker del video, es el equivalente al tipo de rojo en el video del Tito MC.


¿Soy yo o este baile discotequero turco se parece sospechosamente a la fiebre del Tecktonick que se vivió en París hace cuatro años?


Al final todo esto no es tan diferente de lo que uno puede ver en su momento en cualquier discoteca de Gran Canaria. Si no acuérdense queridos lectores canarios de nuestro querido Arody The Dry


Al final lo único que hacemos es inventar nuevas formas de enseñar las plumas.





domingo, 11 de diciembre de 2011

Entrada prohibida a vigoréxicos

Es curioso como la humanidad comparte en el sitio que sea ciertos comportamientos que nos demuestra que somos igual de idiotas y geniales cuando queremos.
Hoy fui a un gimnasio en Eskisehir y si no me quitaba los auriculares cualquiera diría que seguía en Las Palmas o en Santiago de Compostela, por esos tipos que andan como gorilas, con los codos a más separados mejor, que se tocan sus pectorales con esa cara de sufrimiento hacia el horizonte como diciendo "Dios... cuántas fibras he roto hoy con mi nuevo ejercicio de mancuerdas" y con esa mirada por encima del hombro que lanzan a los alfeñiques, nenazas y tirillas que poblamos los gimnasios.

Tres decepciones

Cuando vine a Turquía de erasmus tenía tres ideas en mi cabeza; que siempre haría calor, que me sobraría el dinero y que comería kebabs cuando quisiera. En conjunto la imagen se me hacía agradable; me veía a mí mismo tumbado en una hamaca bajo un sol caribeño con dos atractivas turcas agitando hojas de palmera para refrescarme mientras yo bebía un mojito bien frío sabiendo que me traerían un kebab con solo chasquear los dedos.
Bueno. Pues ahora estar a 4 grados al sol me parece una maravilla, estoy en números rojos en mi cuenta y tuve que irme hasta Estambul para comerme un kebab. Y no llevaba salsa.
Por lo menos de esto se saca provecho y me voy a aprender a esquiar en un par de días.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cengiz Topel

En Eskisehir, en uno de los entramados más transitados de la ciudad uno puede encontrarse con una de las estatuas más curiosas de la ciudad. Y será porque en Eskisehir no hay estatuas curiosas. Pero esa es otra historia.
La de hoy es la estatua de Cengiz Topel. Uno de los héroes modernos de Turquía, de esos que parece que el país tiene a patadas.


Al hombre le dedicaron no solo esta estatua, sino que en su honor han llamado con su nombre a lugares, escuelas y hospitales. Y tiene alguna que otra efigie más por el país.

En su momento me pregunté a cuento de qué venía la estatua de un tipo que parecía un extra de la película Top Gun en medio de Eskisehir, así que me puse a ver qué encontraba por internet sobre el tipo. Y lo que vi me pareció tan simbólico de Turquía que a uno le ayuda a entender el sentimiento de orgullo nacional que se tiene aquí -y a mi personalmente me revuelve un poco el estómago-.

El pequeño Cengiz fue hijo de un tabaquero, nacido en 1934. A medida que el pequeño niño fue creciendo se fue interesando más y más por la aviación, hasta el punto que acabó uniéndose a la Türk Hava Kuwetleri (la Fuerza Aérea Turca, para entendernos) y fue entrenado en Canadá para volver a Turquía en 1961 a la base aérea de Eskisehir y convertirse en capitán dos años después.

Al mismo tiempo que ocurría esto en Chipre, una isla habitada por poblaciones griegas y turcas, las cosas se iban revolviendo más y más, hasta el punto que en 1963, el presidente de aquella isla -el Arzobispo Makarios III- propuso una enmienda a la Constitución del lugar que hablaba sobre la "reorganización y redistribución" de los turcochipriotas y grecochipriotas.

Perdonen que me altere un poco, pero cuando alguien habla de "reorganización y redistribución" de algo que camine sobre dos patas a mi me recuerda a un alemán famoso al que le encantaba jugar a parecerse a los gatos de juguete que venden en los chinos. Eso de levantar una y otra vez la zarpa derecha le volvía loco, oigan.

El caso es que a los turcos eso no les gustó nada, pero en lugar de hablar las cosas tranquilamente se pusieron en plan "cagüendiosPatxinometoquesloscojones" y entre una cosa y otra acabaron invadiendo la isla. Así. Para las risas.

Y ahí es donde volvemos al bueno de Cengiz. Su escuadrón salió en misión uno de esos días y cuando atacaban la isla durante la batalla de Tylliria, su avión fue derribado por las fuerzas greco-chipriotas.
Al precedente de Han Solo después de visitar a Jabba the Hutt le dio tiempo de abrir su paracaidas mientras caía, pero al aterrizar en tierra fue capturado.
Dicen que fue torturado antes de ser fusilado, pero en cualquier caso una vez que puso pie en tierra murió.

Cengiz es tan reconocido porque él fue el primer miembro de las Fuerzas Aéreas turcas en morir en combate -que por otra parte me parece increíble, teniendo en cuenta que esa rama del ejercito fue fundada en 1911-. Y como primer mártir con alas de metal fue adorado por su país como un héroe.

Y bueno, ahora el comentario ácido. Yo no sé mucho, pero a mí eso de adorar a gente torturada me recuerda a unos señores de hace 2000 años a los que les cayó genial cierto carpintero de Nazaret al que le encantaba darle a la lengua y rayar al personal en la montaña y le dedicaron hasta cuatro libros y alguna cosilla más de lo majo que era. Pero luego les dió por interpretar lo que ese mismo hombre dijo en su momento como les dio la gana hasta el punto de desvirtuar todo su significado, y haciendo en consecuencia de todo excusándose en esas palabras que ya no significaban lo que eran al principio. Se cometieron atrocidades. Se hicieron barbaridades. 

Quien sabe si aquí ahora se está empezando a usar el mensaje de Cengiz como le da la gana a ciertas personas con bigote poblado. Y cuando digo quien sabe, por supuesto lo digo con ironía. No sé si lo captan.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Guerra fría en Eskisehir

La comunidad erasmus en Eskisehir está en una situación de Guerra Fría; dos superpotencias luchan por el control mientras que un tercer mundo compuesto por diferentes naciones se comen los mocos porque nadie les da vela en el entierro.
Aquí las super-potencias son España y Polonia, cada uno con más o menos treinta representantes aquí. Menos mal que no vivimos en el mundo Marvel donde los países tienen super-heroes que lo representan; sería  incómodo verse al capitán España paseándose solo y en mallas por Eskisehir, renegado de los propios españoles porque pensaríamos que sería facha.
Del sargento Vodka mejor ni hablo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Está bien esto de ser humano


Una de las pocas cosas que le encuentro malas a este blog a la hora de trabajar en él es que hay cosas para las que me niego a mí mismo la licencia de escribir. Hay ciertas cosas que pasan que solo deben ser conocidas por aquellas personas que las vivieron y que otros, que no tienen nada que ver y solo leen esto, no tienen el derecho de conocer. Y es que en esto de contar qué pasa a miles de kilómetros de casa, el uso que hacemos de la dignidad refleja lo hijos de puta o lo buenazos que podemos llegar a ser.
Por suerte sí puedo escribir sobre ciertas repercusiones que tienen ese tipo de historias; situaciones que aparecen sin que uno sepa muy bien cómo y que de repente hacen descubrir los rincones íntimos que guardan algunos individuos dentro de sí, rincones que no sabías ni que existía. Tal vez porque no hubo oportunidad para ello. Tal vez porque es en ese momento exacto cuando se descubre lo que uno guarda de verdad en el alma.
Hablo de generosidad. Y de altruismo. Y de desinterés. Del te ayudo sin explicación. Del que hoy por ti mañana por mí, y que no te preocupes que  todo saldrá bien. Hablo de que hoy vi a una persona ayudar a otra tan desinteresadamente que se me dibujó una sonrisa en la cara y pensé, Joder, pues no está nada mal esto de ser humano si le pones ganas. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Pisando terreno resbaladizo


Muchos de los turcos que he conocido hasta ahora son creyentes (“believers” se llaman a sí mismos en inglés). Muchos tienen una concepción deística de Alá, en la que reconocen su existencia y acuden a él cuando tienen problemas, pero no creen necesario adorarle las 5 veces al día que manda el Corán.
Cuando digo que soy ateo muchos dicen que sienten lástima por mí, igual que al resto de Erasmus ateos, pero una pena ínfima, como si nos hubiésemos levantado la costra de una herida demasiado grande. Otros no dicen nada o simplemente dicen “lo respeto”. La inmensa mayoría jamás te sacará el tema.
Nadie está aquí para convencer a nadie, al menos eso parece ser por ahora. A ninguno nos interesa lo más mínimo en el hombro de quién o qué nos abrazamos cada cuál en las noches de tormenta.
Sin embargo hace unas semanas empecé a discutir del tema con uno de mis mejores amigos turcos, alguien que aún saliendo de fiesta, encantándole el hecho de beber alcohol y acostarse con todas las mujeres que puede, tiene la seguridad de que en unos pocos años acabará sentando la cabeza y convirtiéndose en un musulmán responsable. Y eso empezará cuando peregrine a La Meca, me dijo en su momento.
Fue en esa discusión cuando por primera vez intuí realmente lo que significa la tolerancia; cuando él me expuso unas ideas que yo no comparto -por no decir algo más fuerte-, y yo valoré que para mí era más importante su amistad que nuestras diferencias conceptuales y decidí callarme, sin asentir pero tampoco sin afirmar; dejar que él terminase de hablar y luego cambiar de tema.
Me consuela pensar que al final lo único que importa son los actos personales y no las creencias, aunque también sé que me engaño a mí mismo al no meter a las motivaciones dentro de la ecuación.
Digamos que es un dilema que dejaré en el limbo de mi conciencia moral quedándome quieto hasta que las cosas se solucionen por sí solas, por cobarde que eso pueda sonar. Solo tengo una cosa clara; no perderé ningún amigo por culpa de ningún dios si eso está en mi mano.