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miércoles, 30 de mayo de 2012

Entropía, vivir por la patilla y Maquiavelo

Como siempre pasa, es fin de mes y la entropía más absoluta se adueña de mi vida. Durante las semanas anteriores uno puede oír, si escucha con cuidado, los tambores de batalla que anuncian su llegada, para encontrarse los últimos cinco días con el panorama más infame y desolador que uno jamás verá. 
Sin comida. Sin dinero. Sin ropa limpia. El cuarto, que parece una pocilga (aunque esto ya es casi marca de la casa). Sin pitillos. Con el estómago vacío y otras cavidades orgánicas llenas.
Si consigo sobrevivir es gracias a que, con el paso de los años de carrera, he conseguido desarrollar una serie de habilidades muy específicas en el arte de vivir por la patilla.
La historia que nos ocupa empezó hoy a la mañana, al despertarme y hacer la vaciada de estanque ritual de cada día. Cuando tiré de la cadena, presencié con horror que no había agua en mi casa. Por octava vez en lo que va de año, mis compañeros de piso turcos olvidaron pagar la factura antes de la fecha límite. Por tanto, agua cortada y retretes llenos. 
Sin embargo, la peor parte llegaría a la hora de comer. Para los que no lo sepan, llevo las últimas dos semanas del mes alimentándome a base de espaguettis que consigo hurtar a mis compañeros, y hoy volvía a tocar deliciosa y monótona pasta. Para aquellos que no estén versados en la sutil ciencia de la gastronomía, el agua es indispensable para la cocción satisfactoria de estos productos alimenticios. Así que me veía, invariablemente, jodido frustrado.
Cualquier otro se habría echado atrás y se habría dado por vencido. 
Pero este no es el caso de vuestro Tito preferido. Vive Dios que no.
Con total falta de vergüenza, contacté con Rebeca, una chica gallega que termina su último año de pedagogía en el inmenso vacío anatólico, y le pedí cocinar en su piso. A los cinco minutos me encontraba soltando maldiciones a Rebe y a los demás inquilinos, diciéndoles que debían de sentirse afortunados de que yo me rebajase a elegir ese hogar y no otro como centro-base de mis actividades culinarias. Uno de los mayores secretos de mi arte es ese: no ir con una sonrisa y agradecerles la hospitalidad, sino hacerles a ellos sentirse agradecidos y, a ser posible, un tanto miserables. Los grandes imperios se formaron así, queridos lectores. Aprendan la lección.
Para cuando Rebe y Bea (otra de las que vivían allí) se fueran a comprar cosas bonitas para chicas, yo ya había conseguido fumarme uno de sus cigarrillos, dejar la pasta al fuego y mi ropa ya limpia se estaba secando en el tendedero de la terraza.
Comí, chupé de su internet y me disponía a largarme de allí cuando mi Pepito Grillo particular me dijo que tal vez Maquiavelo estaba equivocado y un príncipe no debía ser odiado, sino amado. Yo miré al saltamontes por encima del hombro, pero al final pensé que tenía algo de razón. 
Limpié la loza y le hice la cama a Rebe. Estuve a punto de barrer y fregar la cocina, pero pensé que  quizás el punto perfecto estuviese a medio camino entre el odio y el amor, pensé. Aunque en realidad la única razón es que me dio pereza.
Así que, cuando me fui de esa casa, cierta canción me vino a la cabeza. Quizás la conozcan. 




sábado, 10 de marzo de 2012

Crazy bitches

Existe cierto grupo activista de mujeres ucranianas que es famoso porque sus integrantes protestan semidesnudas. Pues bien, estas mujeres aterrizaron en Estambul unos días atrás para reivindicar los derechos de la mujer (recuerden, El Día Internacional de la Mujer) en un país como Turquía, con un índice de violencia contra el sexo femeníno que por lo visto roza lo aberrante. El link, aquí y aquí.

lunes, 16 de enero de 2012

Días de hospital - 2

Este, queridos lectores, es Mr. Sander Vandenbosch, neerlandés de nacimiento y residente en Bélgica al que le ha dado por venirse hasta Eskisehir de erasmus

Admiren ese saber estar tan apacible característico de Bélgica

Me gustaría haber hecho otro tipo de entrada sobre este hombre, pero la historia que viene a continuación es tan estúpida que le tuve que dar prioridad.

Estaba este hombre de mirada sutil y discreta con un par de copas más de la cuenta encima cuando se resbaló, chocó contra una fotografía que había en una pared de su habitación y rompió el cristal. Como resultado tuvo varios cortes en su mano izquierda (atención, es zurdo), algunos de ellos lo suficientemente profundos que tuvo que recibir puntos. Todo esto a las tantas de la madrugada. Ya pueden imaginarse a la novia y al compañero de piso llevándolo en taxi hasta la clínica de la universidad.

La historia en sí comienza dos o tres semanas después del incidente: Sander volvió al hospital a que le quitasen los puntos. El médico que se los retiró debió de notar algo en su muñeca, porque lo envió a que le hiciesen una radiografía y a que lo viese el traumatólogo.
-¿Te duele si aprieto aquí?- le preguntó este mientras hacía presión sobre el antebrazo del chaval.
-Yes! Stop please!
El tipo siguió apretando, cada vez más fuerte, hasta que se oyó un enorme CRACK y el belga gritó de dolor.
-¿Tenías la muñeca rota?-le inquirió el traumatólogo como si no fuese importante.
-No.
-Pues ahora si. Espera que te vamos a poner un yeso.

fuck logic

Y colorín colorado, así es como se las gastan los médicos turcos.


martes, 27 de diciembre de 2011

Días de hospital - 1

Hace dos días me encontraba en un hospital turco esperando frente a la oficina del doctor de medicina interna y no era capaz de apartar la mirada de la enorme fila de gente que esperaba para entrar en el despacho del psiquiatra. 


En Turquía, como en España, medicamentos como el Prozac y algunos otros psicofármacos se venden sin receta en las farmacias y cualquiera puede automedicarse con el conocimiento médico de un mono. Yo no es que sepa mucho de medicina, pero no me parece de locos que acabarás loco si tomas medicinas para locos sin estar loco. 
No hay datos oficiales del índice de suicidios en este país, al menos no en español ni en inglés que yo haya encontrado en internet, pero creo que los metros que tiene una fila de personas que esperan a su cita con un psiquiatra puede llegar a ser lo suficientemente significativo a falta de cualquier otra estadística más fiable. Aunque sea, para intuir por dónde van los tiros, vaya.


funny gifs

No era la primera vez que iba a un hospital turco, pero no me es agradable nunca entrar en uno. No ya porque de por sí los hospitales sean incómodos y me huelan a agujas, alcohol medicinal y a enfermedad tapada con medicamentos y cremas, sino porque si eres un extranjero y no dominas del turco más que dos o tres cosas esenciales, llegar hasta el médico puede ser una pesadilla. 
Generalmente ellos saben hablar inglés, o al menos dominan lo suficiente como para poder entender dónde y cuánto te duele. El problema son los gerentes y los oficinistas, de los que dependes para poder llegar hasta ellos.

Había llegado hacía media hora. No era esperar demasiado, teniendo en cuenta que en España puedes pasar horas en la sala de espera. El problema había sido llegar; cuando entré en el recinto caminé hasta encontrarme frente a la oficinista de turno, a la que le pregunté "english?". Ella me miró, suspiró y llamó por teléfono mientras levantaba su dedo índice como diciendo "Un segundo, por favor". A cosa de los diez segundos la puerta que había al otro lado del pasillo se abrió y de ella salió un tipo que le gritó algo en turco.
A partir de ahí se sucedió un diálogo entre berridos entre el hombre en cuestión y la oficinista, de lo que pude deducir que hablaban de mí y que necesitaban un traductor. "Ve con él", me dijo la mujer al terminar.

Entré en el despacho del hombre y me preguntó qué me pasaba. Le conté que hacía una semana, entrenando kick boxing un chaval me había pegado una patada en las costillas y aún me dolía. Lo gracioso fue como el señor debió obviar las palabras kick boxing -tal vez juzgó que no eran importantes- y solo se fijó en que me palpaba con la mano la zona de la caja torácica y me preguntó "¿Quieres ir al dermatólogo? Te llevamos al dermatólogo". Ahí casi me reí por lo absurdo de la pregunta; "¿No sería mejor ir al traumatólogo, o algo por el estilo?" pregunté.
-¿Quieres ir al traumatólogo?
-No sé nada de medicina, pero supongo que es lo que necesito.

Me dijeron que fuera otra vez a la oficina, me pidieron mi Tarjeta de Identificación de estudiante y tuve que pagar una lira. Aquella fue seguramente la asistencia médica más barata de mi vida.
Me dijeron que esperase frente a la puerta número 3. Caminé hacia allí y leí "Dermatoloji-II". No es que sea un genio de la lingüística, pero no hay que ser muy perspicaz para entender lo que eso significaba y que evidentemente me habían enviado al lugar equivocado. Me empecé a reír otra vez y me encontré al tipo de antes en el pasillo. Lo curioso esta vez fue que el hombre me miró sorprendido, me cogió de la mano y me llevó a la puerta 5. "Dahiliye", ponía. Después supe que eso significaba medicina interna.
Yo ya ni me preocupé en preguntarme qué entendía ese hombre por puerta número 3. 

Mientras esperaba vi como al principio del pasillo había ni más ni menos que una enorme reproducción de la cabeza de Atatürk en la pared, mirando con esa mirada típica suya, sonriendo pero con la mirada triste. Personalmente creo que la adoración que practica la mayor parte de la población turca al ídolo en el que se ha convertido el padre fundador de la nación es, como mínimo, algo digno de estudio. Yo, que me meo río en todo este asunto de los iconos e ídolos, personalmente creo que raya lo enfermo. Al menos no me sorprende que haya tantas personas esperando al psiquiátra si llega a haber personas en este país que adoran a ese individuo tanto como a sus propios padres.

Junto a mí habían ancianos que esperaban su turno sentados. Quince minutos después el médico salió de su despacho disparado como una bala, con la mirada a medio camino entre la de Bruce Willis en la primera película de La jungla de cristal y la de Clint Eastwood en Por un puñado de dólares. Se plantó en medio del pasillo con las manos en la cintura, piernas bien abiertas y con una actitud como diciendo "¿A quién hay que salvar hoy, coño?". Me gustó esa mirada. No se la había visto nunca antes a ningún otro doctor.

En un segundo fue rodeado por media docena de ancianos ansiosos de que sus próstatas fueran revisadas. Aquello parecía obsceno, casi un bukkake medicinal, y el médico era el protagonista al que en lugar de caerle lo que en estos casos suele caerle en la cara a la gente, le llegaban formularios y papeles.
En medio de aquel maremagnum, el tipo me vio esperando en el otro lado del pasillo y me llamó con un gesto de cabeza. La gente se apartó y entré en el lugar cerrando la puerta. La verdad es que no sé en qué lugar me deja eso después de haber escrito lo del bukkake.

El caso es que entré en el despacho y mientras el doctor atendía a una llamada, me fijé en que tenía un cuadro del busto de Hipócrates, y debajo de él, el juramento. Tampoco había visto nunca a ningún médico que tuviese a Hipócrates en su despacho, aquello dignificaba bastante al señor.
El señor terminó la llamada y me preguntó como me llamaba. Moisés, le dije.
-¿Eh?
No sé que les pasa a los turcos con mi nombre, les parece impronunciable. Mūsa, dije, que es la traducción en árabe y que también utilizan los turcos.
-Aaah...- Y se rió.-¡ Mūsa !

Después de explicarle lo que me pasaba y de presionarme la costilla hasta que parecía que me iba a reventar me dijo que había que hacer una radiografía. Me llevó al lugar y para cuando me dí cuenta el hombre había desaparecido. Iba a preguntar a dónde se había largado pero en ese momento me cogieron y me pusieron de espaldas a una máquina, pim pam, y la radiografía estaba lista. Un hombre que hablaba algo de inglés en la sala me dio las placas y yo le dije que perdone, pero que a mí lo que me duele son las costillas, no la espalda.
-Vale, pero eso díselo al médico, yo soy técnico.

Volví al despacho del doctor y para cuando entré, el hombre sostuvo las radiografías mirándolas con interés. Estuvo un minuto en silencio y luego susurró para sí mismo "surgery...". Ahí ya me acojoné de verdad. Cirugía sí que no. Eso era igual a olvidarse del Erasmus.
El caso es que el hombre me miró luego y me dijo sonriendo "¿Sabes? Esta no es mi especialidad, vamos a preguntarle al especialista".
Aquello era llevar demasiado lejos el juramento hipocrático de ayudar a todo el que lo necesitase. Una hora y media dando vueltas por el hospital y ahora me decía que no era su especialidad. ¿Dónde estaba mi escopeta?

Al final acabé viendo al traumatólogo, dos horas y quince minutos después de haber entrado en el hospital. Costillas desplazadas, concluyó después de ver las radiografías durante dos segundos; crema, pastillas y nada de ejercicio en diez días. Punto y final.

Salí del hospital tomando la firme decisión de que a partir de ahora tomaría un Actimel cada día, cinco frutas, mucha verdura y sobre todo que nadie me volvería a dar una patada en las costillas nunca más. Estos hijos de puta no me volverán a pillar nunca más.

Y colorín colorado, esta locura se ha terminado.



sábado, 24 de diciembre de 2011

Así da gusto

Hoy una amiga me ha escrito lo siguiente en la red social:
"Turquía se convierte en el país del mundo con más periodistas encarcelados. Su número supera ya el centenar. El viernes, se decretó prisión para 36 periodistas arrestados el martes y puso en libertad con cargos a otros 7. Es una información de Efe
Hace 40 minutos
¡Feliz Navidad, Moisés!"

Pues nada, feliz nochebuena desde Turquía

domingo, 11 de diciembre de 2011

Tres decepciones

Cuando vine a Turquía de erasmus tenía tres ideas en mi cabeza; que siempre haría calor, que me sobraría el dinero y que comería kebabs cuando quisiera. En conjunto la imagen se me hacía agradable; me veía a mí mismo tumbado en una hamaca bajo un sol caribeño con dos atractivas turcas agitando hojas de palmera para refrescarme mientras yo bebía un mojito bien frío sabiendo que me traerían un kebab con solo chasquear los dedos.
Bueno. Pues ahora estar a 4 grados al sol me parece una maravilla, estoy en números rojos en mi cuenta y tuve que irme hasta Estambul para comerme un kebab. Y no llevaba salsa.
Por lo menos de esto se saca provecho y me voy a aprender a esquiar en un par de días.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Nunca máis

Hace un par de semanas me compré una máquina de cortar el pelo soñando con que gracias a esa estratagema maestra ahorraría un pastón.
Hoy, mientras escribo esto, Elena está intentando arreglar el estropicio que ha causado esa máquina mientras se parte su real ojete. La verdad es que no sé que esperar, porque le está empezando a salir su risa malvada y me está hablando mucho sobre "así empezaron todas las modas, con fallos".
Así que Caballeras y Damos, cuando piensen en comprarse una máquina de cortar el pelo, pásense antes por la sección utensilios de cocina y cómprense un cuchillo de plático. Seguramente corte mejor. 

martes, 6 de diciembre de 2011

Crónica de Capadocia (2): Cómo hacer el gilipollas

Y aquí está damas y caballeros y caballos; el manual de cómo conseguir la perfecta muerte estúpida, por Álvaro Gil.



El viaje a Capadocia dio para mucho, pero esta es una de las joyas que más valoro; ni Christopher Nolan consiguió acercarse a la verdadera esencia de Batman como este video. Lo tiene todo si le echamos imaginación: el que graba con la cámara (Aitor) y que se ríe como un asesino esquizofrénico puede ser perfectamente el Joker.Y por el otro lado tenemos al héroe que arriesga su vida (Geri), ni más ni menos que el Caballero Oscuro. Y finalmente tenemos a la víctima (Álvaro) que se ha metido por su propio pie en una trampa tonta solamente por una foto-tuenti.

Y es que Álvaro quería sacarse una foto guapa-guapa, de esas reshulonas tipo principal, aunque eso significase meterse en un precipicio resbaladizo. Y por Dios que se arriesgo. Pero de la foto al final no hablamos. Aitor juzgó más propicio para el momento hacer un video. Así, si Álvaro se acababa cayendo, al menos habría un video con el que echarnos unas risas durante el velatorio.
Y luego Geri, que le echó un par de cohone para salvarle la vida. Chapó.

Por cierto, atentos al "cagüendios" final. Esa palabra lo resume todo.

Y hablando de Batman; nos encontramos ni más ni menos que un batarang congelado por Mr. Frío en mitad de Capadocia


El que sostiene la cartera de Batman es el bueno de Vicent Ortega, yonki de Batman para los amigos. El que está escondido en las sombras detrás de su capa es Tito Moi.



domingo, 4 de diciembre de 2011

Está bien esto de ser humano


Una de las pocas cosas que le encuentro malas a este blog a la hora de trabajar en él es que hay cosas para las que me niego a mí mismo la licencia de escribir. Hay ciertas cosas que pasan que solo deben ser conocidas por aquellas personas que las vivieron y que otros, que no tienen nada que ver y solo leen esto, no tienen el derecho de conocer. Y es que en esto de contar qué pasa a miles de kilómetros de casa, el uso que hacemos de la dignidad refleja lo hijos de puta o lo buenazos que podemos llegar a ser.
Por suerte sí puedo escribir sobre ciertas repercusiones que tienen ese tipo de historias; situaciones que aparecen sin que uno sepa muy bien cómo y que de repente hacen descubrir los rincones íntimos que guardan algunos individuos dentro de sí, rincones que no sabías ni que existía. Tal vez porque no hubo oportunidad para ello. Tal vez porque es en ese momento exacto cuando se descubre lo que uno guarda de verdad en el alma.
Hablo de generosidad. Y de altruismo. Y de desinterés. Del te ayudo sin explicación. Del que hoy por ti mañana por mí, y que no te preocupes que  todo saldrá bien. Hablo de que hoy vi a una persona ayudar a otra tan desinteresadamente que se me dibujó una sonrisa en la cara y pensé, Joder, pues no está nada mal esto de ser humano si le pones ganas. 

viernes, 2 de diciembre de 2011

No hay dolor

¿Se acuerdan, queridos lectores, que hablé de los tantunis hace un par de días?
Si, señores. Hagan un ejercicio de memoria; esos bocadillos con cubitos de carne de pollo, cebolla picada y lechuga en tiras con especias picantes y sal. Hace unas semanas subí una foto de Mehmet y yo comiéndolos en medio de una fiesta en el piso.
Pues hace unos días Elena me descubrió una curiosidad. Hay una página web para pedir comida a domicilio. Y si quieres pedir un tantuni, tienes la opción de picante o no picante, que en turco se dice Acisiz o Acili .
Lo curioso es que Acisiz significa literalmente  "no dolor" o "sin dolor".
Para que luego digan que la comida turca no es especiada.
Dolor. Muerte. Destrucción.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Adiós Ditto

Hace unas semanas vivimos un momento triste en el piso. Tuvimos que sacrificar a nuestra mascota del piso. Nosotros la llamamos Ditto; era el conjunto nacido de la mancha de café, té y basura que había ido creciendo poco a poco con nosotros desde la última fiesta que hicimos en el piso y que con el paso del tiempo había adquirido conciencia propia.


Supongo, queridos lectores, que estarán de acuerdo conmigo que Ditto es un nombre que le viene perfecto a nuestra mascota; cual pokemon multiforme creció con nosotros y se ganó un pedacito de nuestros corazones.



Por eso yo lloré mientras lo restregaba. No por el mal olor. No por lo asqueroso de mis dedos pringados. 
Por los recuerdos. Por el amor.

Siempre en nuestros corazones, Ditto.


martes, 29 de noviembre de 2011

Corre, Moi, corre

Desde que empecé la carrera empecé a adquirir un hábito que nunca pude tener en casa de mis padres; salir a correr de noche. Para ese tipo de días un poco descontrolados en los que se te quedan pegadas las sábanas más de la cuenta o te tomas algo más de café de lo que deberías y siempre cuesta dormirte, salir a correr un poco de noche viene genial para dormir luego de un tirón.
El caso, hoy era una de esas noches. Aunque la temperatura era de -9, tampoco es nada que un par de abrigos, un anorak y un poco de música no pueda solucionar, así que salí a la calle y me puse al lío.
Estuve como media hora hasta que decidí que era suficiente y que no quería coger una pulmonía, así que cuando enfilé mi calle dejé de correr y me dediqué a caminar los últimos trescientos metros.
¿Recuerdan, queridos lectores, cuando escribí acerca de los gatos callejeros de Eskisehir? Pues también hay perros callejeros.
Vi a uno de ellos correteando a unos cuantos pasos de distancia frente a mi, uno relativamente pequeño que casi parece más abandonado que nacido y criado en la calle. No me preocupó y seguí mi camino, pero en un instante se puso alerta y levantó las orejas dirigiendo su cabeza como una flecha hacia un perro marrón y negro mucho más grande que él que estaba solo a unos metros por delante.
Mentiría si dijera que no me impresionó ver a esa bestia perfilada bajo la luz de una farola amarillenta en medio de una encrucijada de cuatro calles de los suburbios por las que no pasaba ni una sola alma a las dos de la madrugada.
Bueno Moi, no te preocupes -me dije- que es solo un perro. Tampoco es tan grande. Tú no hagas ninguna tontería y no pasa nada.
Seguí caminando como quien no quiere la cosa, pero a medida que me iba acercando a este segundo perro que a cada paso se iba haciendo acojonantemente más y más grande, yo me iba acercando más y más a la acera y me alejaba más y más de él, haciéndome el loco pero mirándolo de reojo y preparando la patada del por-si-acaso-por-favor-no.
Y justo atravesando la encrucijada de las cuatro calles, en ese momento ciego en el que estás más centrado en lo que ve tu rabillo del ojo que lo que realmente estás mirando, oí un ladrido precisamente de mi punto ciego.
Y madre de Dios. Menuda escena.
Me giro y me doy cuenta de que no son un ladrido; son diez distintos. Diez perros corriendo hacia donde estoy yo y ladrando como hijos de perra.
Y yo no me paro ni un segundo a averiguar si van a por mi o a por el cachimarán que está tan acojonado como yo a solo un par de pasos por detrás de mí.
Así que ahí me podían ver, queridos lectores, esprintando por medio de una calle de los suburbios de Eskisehir a las dos de la madrugada perseguido por diez perros ladrando como locos y yo gritando a mi vez "hijos de puta" una y otra vez. Solo diré que las rodillas me chocaban contra la punta de la nariz.
Así que, queridos lectores, creo que el hábito de correr de noche se ha quedado definitivamente aparcado hasta nuevo aviso.

Y por cierto, háganse cargo de la escena posterior; llego a mi piso a las dos y media de la madrugada, jadeando y descojonándome por la escena. Todos dormidos en el piso menos Elena, que está encerrada en su habitación y que ahora mismo posiblemente esté escondida debajo de las sábanas acojonada ya no solo por el detalle de haberme ido a la calle a las dos de la madrugada, sino por esos jadeos y risillas descontroladas.
Posiblemente mientras esté escribiendo esto ella esté contando con los dedos de las manos cuántos días faltan para cambiarse de piso y dejar de vivir con un enfermo mental.

Repóker de gilipolleces.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Excalibur

Cuando se llega de Erasmus a donde sea, uno empieza por hacer cosas obvias. Una de ellas es pillarse un movil-cascotrón prehistórico autóctono para poder comunicarse con la gente de ahí. Aunque siempre están los ricos que se compran iPhones y cosas así. Por supuesto ese es el tipo de erasmus con los que no te quieres relacionar. Ellos no saben apreciar la fina belleza de lo vintage, aderezado con el recuerdo de la infancia.


Este es el mío. Yo lo llamo Excalibur y tiene una aplicación que Steve Jobs nunca podría haber creado por mucho que se esforzase; ayudar a la defensa del usuario.
Y es que algunos callejones oscuros de Eskisehir pueden llegar a convertirse en lugares muy peligrosos para pobres erasmus como yo, y como traer una navaja de Albacete sale cara (a ver si la gente que lee el blog pilla la broma), nada mejor que un arma indestructible que lanzar acertadamente al entrecejo de tus atacantes.