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jueves, 21 de junio de 2012

Crónica del fin del Erasmus - I

Al final se acabó todo. Tecleo esto desde la casa de mis abuelos. Mis padres, que se han pasado todo el año echándose las manos a la cabeza (siempre con indignación fingida pero algo real, aún así), ahora están recorriéndose el sur de España en moto. Mi hermana no viene hasta dentro de dos semanas y se dedicará a quemar sistemáticamente todas y cada una de las discotecas de Las Palmas antes de venir aquí (y no quiero ni pensar qué puede llegar a hacer una chica de 18 añitos, con novio y con una casa para ella sola). Así que yo he dedicado mi primer día en menesteres tales como ordenar mi habitación de la casa del pueblo hasta hacerla habitable y estudiar unos apuntes que dicen nosequé de que Shakespeare fue un periodista del copón. Todo eso amenizado con la vida típica y hogareña de un pequeño pueblo de una aldea de las Rías Bajas gallegas. Esto, recordando que dos días antes estaba paseando por Éfeso, es como para pegarse un tiro, oigan.

Pero me lío. Quería relatar la vuelta en sí. En su principio me resistía. Pero si este es un blog sobre el Erasmus, creo que el Erasmus no se acaba solo con la vuelta al país de origen, sino con el paso de los días, y con él, el paso de página, que pienso que llegará cuando se deje a un lado la "depresión post-erasmus", que espero que solo sea una exageración del tremendo aburrimiento que sientes al volver.

Las circunstancias en las que amanecí mi último en Eskisehir son bizarras, y solo la conocen un par de personas y un gato que se hizo el muerto al verme salir de una habitación que no era la mía. Creo que, por la salud psicológica de todos los queridos lectores, lo mejor será pasar por alto esta historia en particular. Al menos no desperté en un descampado, aunque la intención estaba ahí, como recordarán los lectores más afines a este sitio. 
Por fortuna, ninguna parte de mi anatomía resultó dañada esta vez, como ha venido pasando las últimas noches. De haber estado un par de semanas más en Turquía liándola parda por las noches, habría tenido que volver a España en silla de ruedas, o peor.

El caso. Las despedidas y los hastaluegos casi parecieron un drama. Ojos rojos y lagrimitas muy mal escondidas, y yo solo tenía ganas de hacer la de Son Goku y aparecer de repente en España. Aunque reconozco que el catalizador de todo el asunto fue la pobre Özlem, que se despedía del bueno de Álvaro, y a uno le era imposible no sentir como se le partía un poco el corazón al ver las lágrimas de la pareja. Y sobre todo a Álvaro. Nunca le vi al chico otra cosa que no fuera una sonrisa en su cara. Y aunque seguía sonriendo, aquella noche la lagrimita, como diría él, estaba ahí.

Hasta aquí la primera parte. Mañana acción trepidante con Need for speed: Estambul drift y Duty Free: puedes entrar pero no salir.

sábado, 2 de junio de 2012

El fin justifica los medios

Anoche el insigne autor de este blog erasmusero supo lo que significaba "o  cago ya o me muero aquí mismo". Vuestro Tito Moi  se despedía de Eva la francesa en la puerta del Pilavci después de un merecido pollo con arroz after-party, cuando encontrándose a unos 300 metros de su casa, el padre de todos los retortijones apareció de improviso en su bajo vientre. Ante el tremendo apretón, hizo lo que cualquier persona de buena testa habría hecho en su situación: apretar mucho las nalgas y correr como si el cobrador del frac le persiguiese a lomos de un unicornio. Durante esa carrera, los pantalones se le empezaron a caer, así que se vio obligado a agarrarlos para evitar que media ciudad supiese que marca de calzoncillos usaba. Y así, emulando a los velocistas paraolímpicos, solo deseó que nadie conocido le viese en tan deplorable comportamiento. Pero, por avatares del destino, al cruzar la esquina vio a Layla, una chica española. 
-Mecagüentóloquesemenea -maldijo sin detener su sprint.
Con la mano que tenía libre la saludó.
Layla se quedó mirandolo, y el Tito Moi pudo leer en sus ojos que se preguntaba "¿pero qué coño...?", sin embargo no se detuvo a explicarle la situación. 
Al tiempo que apretaba más allá de lo posible sus glúteos, cogió sus llaves, abrió la puerta, se metió dentro de su edificio, subió las escaleras y entró en su piso como un huracán, encerrándose directamente en el baño. 
La satisfacción que sintió después, y la gratitud que profesó hacia el inventor anónimo del retrete, solo se puede describir con este video.


lunes, 23 de enero de 2012

¿Quién dijo idolatría?

Dicen las malas lenguas que tatuarse el nombre de Mustafá Kemal Atatürk en el antebrazo (sólo en el antebrazo) te sale gratis en algunas tiendas de tatuajes de Eskisehir. Una taza de absurdo, por favor.

miércoles, 11 de enero de 2012

Un montón de nieve del copón


Esta imagen la tomo Carol ayer desde el campus de la universidad. No se si lo recuerdan ustedes, queridos lectores, pero Eskisehir está en medio de la meseta anatólica y aquí es todo desierto; aquellas montañas que ven a lo lejos hace menos de dos semanas estaban absolutamente peladas.
Y es que nieva en la ciudad y a uno le da gusto ver todo blanco.
Yo ya no puedo esperar a ver lo bonito que quedará todo cuando las nieves se derritan y llegue la primavera. Ya tengo comprado el disfraz de Heidi.
Ayer de madrugada, a más de uno se le olvidó que tenía que estudiar para los exámenes y se apuntó a una macro guerra de bolas de nieve. Yo no, mamá: yo me quedé en el piso estudiando.



lunes, 9 de enero de 2012

Cuando de tan gilipollas que eres, ni haces gracia

Escribo esta entrada rompiendo con la promesa de la publicación anterior porque cuando escuché la historia que viene a continuación, me pareció tan significativa de esa parte rancia y casposa que comparten todos los países, -que bien podría ocurrir en España como en Turquía- que solo pude pensar "esto va para el blog". Aunque admito que en España ya es más dificil de ver este tipo de cosas, gracias al Cielo.

La anécdota empieza así. A Malva, una chica de Granada que está de erasmus aquí en Eskisehir, le vino a visitar su prima. Ella vive con otra chica más, así que eran tres chicas viviendo en un pisito de estos en los que tienes que ir con los hombros encogidos para poder caminar por él.
El caso es que una tarde, estaban las chicas haciendo lo que hacen las chicas cuando están solas (a mi no me pregunten el qué: para mí esas cosas son como la ley del campo unificado, cosas que yo no viviré para poder saber), cuando desde el bloque de enfrente alguien le tiró una enorme piedra a su ventana.
Malva me contaría al día siguiente que el golpe fue tan grande que ella pensó que había sido un pájaro que había chocado. Ella, la prima y la compañera de piso se asomaron y vieron que era ni más ni menos que un turco ya bastante entrado en años que empezó a gritarles como si no hubiera mañana. En turco obviamente. Así que ni Malva ni la prima entendieron nada.
Pero la vecina sí que entendía, vive Dios si entendió.
La chica le empezó a gritar al hombre y a su vez ese tipo respondía, y así estuvieron sus buenos minutos, gritándo algo incomprensible para las dos españolas, que solo podían mirar hasta que la chica hiciese de traductora en algún momento. En un momento el hombre exigió que bajasen las tres o llamaría a la policía. Ante eso ya no podían hacer nada y la vecina -previsora-, bajó con Malva, la prima y otro vecino, por si acaso.
El tipo estaba esperando en la puerta y se puso de nuevo a gritar a la turca mientras señalaba a las dos españolas lleno de furia como si les diese asco y escupiendo mientras hablaba. La policía acabó llegando y el hombre empezó a explicar la situación, como diciendo, "esto es cosa de hombres". La cosa de hombres acabó en una versión en la que el machotón, entre otras cosas, solo había tirado una moneda a la ventana, y les había pedido educadamente que bajasen.
Pues vaya.

Imagínense, queridos lectores, cómo debía de ser la cara de Malva y su prima, que no entendían una mierda de lo que estaba pasando. Y para darle un toque más absurdo -¡Cómo no! ¡Esto es Turquía! ¡Alegría!- a la situación la policía se había personado frente a la puerta y aún así nadie les explicaba nada a ellas, quienes eran, obviamente, el objeto de discusión.
Al final, el hombre terminó de discutir y volvió a entrar en su casa, la policía se fue y las dos chicas se quedaron mirando a la compañera de piso turca esperando por una traducción.

Resulta que dentro del cerebro de ese personaje se gestó la brillante deducción de: tres chicas viviendo solas en un piso igual a lesbianas.
Y nada, que al señor le parecía inmoral aquella degeneración y que no quería que su hijo, cuya habitación estaba frente a su piso, viese ese tipo de conductas anormales e indecentes.

Ya se pueden imaginar ustedes, queridos lectores, cómo se debió quedar la buena de Malva y su prima.

Pues nada. Que gilipollas hay en todas partes.



sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidades a la turca

Así es como los turcos celebran la Navidad; despelotando a la presentadora de su televisión que más nota tenga en relación estupidez-putonerío


Eso sí, lo prefiero al discurso del rey

martes, 13 de diciembre de 2011

Lo primero que pensé fue "Me cago en Dios, ¿dónde me he metido?"



Elena y yo llegamos a Eskisehir a las tantas de la madrugada una noche cerrada que amenazaba con llover. Salimos del tren y nos vinieron a recoger gente del ESN que ni siquiera sabíamos que habían venido a por nosotros. De no haber sido por ellos habríamos dormido en la estación de tren aquel día, pero nos dejaron dormir en una habitación de su casa. Eso siempre se los agradeceré.
El caso es que yendo hacia el lugar de ellos, caminábamos por una típica calle de Eskisehir; la carretera llena de agujeros, montañas de arena para hacer la mezcla de cemento para una de los muchísimos edificios en construcción de por aquí, aceras destrozadas, perros callejeros deambulando en busca de algo que meterse en la boca o un sitio caliente donde echarse unas cuantas horas. Imagínense la primera impresión para alguien que iba a quedarse a vivir allí todo un año.
Mientras caminábamos empezamos a oír la llamada de la mezquita. Ahora sé que debían de ser las cerca de las cinco de la mañana, que es el primer rezo de la jornada. Era la primera vez en mi vida que oía esa llamada. Me detuve. 
No diré que me extasió la belleza porque eso es una gilipollez, pero si que me impresionó profundamente. Es raro vivir algo que sabes que existe y de lo que tienes noticia pero que nunca habías experimentado. Durante unos segundos te mueves entre la curiosidad, la decepción y la alegría de vivirlo finalmente.
Pero un segundo después empezamos a escuchar algo que ni Elena ni yo habíamos escuchado nunca. Un rugido ensordecedor, como si la mano de Dios hubiese empezado a cortar los cielos con unas tijeras y la noche se estuviese rajando por la mitad como una tela barata de color negro infinito. 
Miramos hacia arriba y vimos como dos cazas militares pasaban a toda velocidad sobre nuestras cabezas aullando.
Así que ahora imagínense, queridos lectores, cuál fue nuestra primera impresión; la llamada de la mezquita al rezo y los cazas militares mientras nosotros caminábamos por una calle a oscuras de madrugada al tiempo que un perro hambriento nos miraba desde la esquina. Espero que no crean que soy un loco cuando sepan que lo primero que pensé fue "Me cago en Dios, ¿dónde me he metido?".

Al día siguiente supimos lo de los campos de entrenamiento de aviación militar en Eskisehir, y eso nos tranquilizó. Ahora me acuerdo y me río. No sé para los demás, pero para mí Eskisehir fue durante los tres primeros días una ciudad amenazadora, pero que luego solo me dio alegrías. 
Siempre es curioso comparar el caos que sientes cuando llegas a un lugar desconocido con el orden con el que lo ves todo una vez que te habitúas a él, por muy descontrolado que acabe siendo al final.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Nunca máis

Hace un par de semanas me compré una máquina de cortar el pelo soñando con que gracias a esa estratagema maestra ahorraría un pastón.
Hoy, mientras escribo esto, Elena está intentando arreglar el estropicio que ha causado esa máquina mientras se parte su real ojete. La verdad es que no sé que esperar, porque le está empezando a salir su risa malvada y me está hablando mucho sobre "así empezaron todas las modas, con fallos".
Así que Caballeras y Damos, cuando piensen en comprarse una máquina de cortar el pelo, pásense antes por la sección utensilios de cocina y cómprense un cuchillo de plático. Seguramente corte mejor. 

jueves, 8 de diciembre de 2011

La primera vez que veo la nieve

Esta noche ha nevado.
Y este canario lo ha visto por primera vez, aunque haya tenido que irse más de 4.000 kilómetros lejos de su casa para verla. Es curioso como un solo hecho de repente te sitúa en tu Aquí y en tu Ahora si sabes apreciarlo en el momento justo.

Hay en Eskisehir una chica que nunca había visto nevar hasta ahora también. Se llama Simona y es italiana, de  Ossi, un lugar al norte de Cerdeña. En cuanto vio cómo caían los primeros copos me preguntó a través de internet si quería salir a la calle a por nuestra primera pelea de bolas de nieve. La verdad es que el hecho de que fueran las cuatro de la madrugada no nos importó demasiado a ninguno de los dos, así que perdimos la pereza, cogimos el abrigo y nos fuimos a la calle a encontrarnos. La foto de aquí abajo la capta en uno de sus momentos típicos; llamando al personal bastardos.


Y Metin también se vino -los lectores asiduos del blog ya lo conocerán. Aquellos que no, ya están tardando en ir a las primeras entradas-. Metin dijo que jugar con nieve siempre le recuerda a cuando era un enano y le echaba nieve dentro de los pantalones a sus amigos.


Cómo lo he disfrutado.





martes, 6 de diciembre de 2011

Crónica de Capadocia (2): Cómo hacer el gilipollas

Y aquí está damas y caballeros y caballos; el manual de cómo conseguir la perfecta muerte estúpida, por Álvaro Gil.



El viaje a Capadocia dio para mucho, pero esta es una de las joyas que más valoro; ni Christopher Nolan consiguió acercarse a la verdadera esencia de Batman como este video. Lo tiene todo si le echamos imaginación: el que graba con la cámara (Aitor) y que se ríe como un asesino esquizofrénico puede ser perfectamente el Joker.Y por el otro lado tenemos al héroe que arriesga su vida (Geri), ni más ni menos que el Caballero Oscuro. Y finalmente tenemos a la víctima (Álvaro) que se ha metido por su propio pie en una trampa tonta solamente por una foto-tuenti.

Y es que Álvaro quería sacarse una foto guapa-guapa, de esas reshulonas tipo principal, aunque eso significase meterse en un precipicio resbaladizo. Y por Dios que se arriesgo. Pero de la foto al final no hablamos. Aitor juzgó más propicio para el momento hacer un video. Así, si Álvaro se acababa cayendo, al menos habría un video con el que echarnos unas risas durante el velatorio.
Y luego Geri, que le echó un par de cohone para salvarle la vida. Chapó.

Por cierto, atentos al "cagüendios" final. Esa palabra lo resume todo.

Y hablando de Batman; nos encontramos ni más ni menos que un batarang congelado por Mr. Frío en mitad de Capadocia


El que sostiene la cartera de Batman es el bueno de Vicent Ortega, yonki de Batman para los amigos. El que está escondido en las sombras detrás de su capa es Tito Moi.



martes, 29 de noviembre de 2011

Corre, Moi, corre

Desde que empecé la carrera empecé a adquirir un hábito que nunca pude tener en casa de mis padres; salir a correr de noche. Para ese tipo de días un poco descontrolados en los que se te quedan pegadas las sábanas más de la cuenta o te tomas algo más de café de lo que deberías y siempre cuesta dormirte, salir a correr un poco de noche viene genial para dormir luego de un tirón.
El caso, hoy era una de esas noches. Aunque la temperatura era de -9, tampoco es nada que un par de abrigos, un anorak y un poco de música no pueda solucionar, así que salí a la calle y me puse al lío.
Estuve como media hora hasta que decidí que era suficiente y que no quería coger una pulmonía, así que cuando enfilé mi calle dejé de correr y me dediqué a caminar los últimos trescientos metros.
¿Recuerdan, queridos lectores, cuando escribí acerca de los gatos callejeros de Eskisehir? Pues también hay perros callejeros.
Vi a uno de ellos correteando a unos cuantos pasos de distancia frente a mi, uno relativamente pequeño que casi parece más abandonado que nacido y criado en la calle. No me preocupó y seguí mi camino, pero en un instante se puso alerta y levantó las orejas dirigiendo su cabeza como una flecha hacia un perro marrón y negro mucho más grande que él que estaba solo a unos metros por delante.
Mentiría si dijera que no me impresionó ver a esa bestia perfilada bajo la luz de una farola amarillenta en medio de una encrucijada de cuatro calles de los suburbios por las que no pasaba ni una sola alma a las dos de la madrugada.
Bueno Moi, no te preocupes -me dije- que es solo un perro. Tampoco es tan grande. Tú no hagas ninguna tontería y no pasa nada.
Seguí caminando como quien no quiere la cosa, pero a medida que me iba acercando a este segundo perro que a cada paso se iba haciendo acojonantemente más y más grande, yo me iba acercando más y más a la acera y me alejaba más y más de él, haciéndome el loco pero mirándolo de reojo y preparando la patada del por-si-acaso-por-favor-no.
Y justo atravesando la encrucijada de las cuatro calles, en ese momento ciego en el que estás más centrado en lo que ve tu rabillo del ojo que lo que realmente estás mirando, oí un ladrido precisamente de mi punto ciego.
Y madre de Dios. Menuda escena.
Me giro y me doy cuenta de que no son un ladrido; son diez distintos. Diez perros corriendo hacia donde estoy yo y ladrando como hijos de perra.
Y yo no me paro ni un segundo a averiguar si van a por mi o a por el cachimarán que está tan acojonado como yo a solo un par de pasos por detrás de mí.
Así que ahí me podían ver, queridos lectores, esprintando por medio de una calle de los suburbios de Eskisehir a las dos de la madrugada perseguido por diez perros ladrando como locos y yo gritando a mi vez "hijos de puta" una y otra vez. Solo diré que las rodillas me chocaban contra la punta de la nariz.
Así que, queridos lectores, creo que el hábito de correr de noche se ha quedado definitivamente aparcado hasta nuevo aviso.

Y por cierto, háganse cargo de la escena posterior; llego a mi piso a las dos y media de la madrugada, jadeando y descojonándome por la escena. Todos dormidos en el piso menos Elena, que está encerrada en su habitación y que ahora mismo posiblemente esté escondida debajo de las sábanas acojonada ya no solo por el detalle de haberme ido a la calle a las dos de la madrugada, sino por esos jadeos y risillas descontroladas.
Posiblemente mientras esté escribiendo esto ella esté contando con los dedos de las manos cuántos días faltan para cambiarse de piso y dejar de vivir con un enfermo mental.

Repóker de gilipolleces.

Hoy toca de hablar de cosas tristes


Hoy le vi el alma a una persona. Y era un alma que estaba muy jodida con la vida. Y muy cansada.
No diré quién es porque ya hablé más de la cuenta en su momento cuando llegué a casa, y no creo que la persona merezca que su nombre salga aquí sin que él o ella tenga la menos idea, incluso cuando sea casi imposible que acabe sabiendo que este blog existe; y es que cuando te expones así, como mínimo esperas algo de silencio por parte del otro. O al menos te consuela imaginar que lo habrá.
Yo no soy de esos que guardan silencio, pero al menos si puedo tener la decencia de no decir nombres ni géneros y contar solo la historia. A veces la gente se olvida que el mensaje es más importante que el mensajero.

La escena empieza cuando ambos estamos tomando un café y hablando de cosas sin más: ese tipo de conversaciones que fuerzas para intentar que sea todo muy interesante y todo quede muy divertido, de estas cosas que te entran ganas de pararte en medio de la charla con sonrisita en la boca y digas "Uy, pero que bien que nos lo estamos pasando ¿no?".
Pero cuando yo estaba por pararme efectivamente a decir la frasecita, es exactamente entonces cuando la persona en cuestión paró en seco y me pregunta sobre qué planes tengo a corto y a largo plazo con mi vida. 
No sé ustedes, pero a mí cuando alguien que casi no conozco me pregunta sobre lo que quiero hacer con mi vida,  dentro de mi cabeza algo empieza a aullar como si fuera la alarma de un submarino a punto de estallar y se me levantan las defensas. No estaba muy seguro de qué me iba a decir esa persona, pero jamás pensé que me fuera a decir nada como lo que me acabó soltando.
Lo que yo quiero hacer con mi vida no viene al caso, pero una vez que le expuse el asunto la persona se restregó los ojos. Y luego empezó a hablar muy seriamente mirándome a los ojos.

Aquella persona me habló de resignación y de conformismo, de que más que luchar por lo que quiero que aprendiese simplemente a adaptarme a lo que llegase. Que al final lo que yo quiera no va a significar demasiado.
Y luego soltó la frase: “al menos eso es lo que yo he aprendido en la vida”. Como disculpándose.
En cualquier caso no me chocó eso, no es la primera vez que me dicen este tipo de cosas. Me chocó que aquello que me intentaba decir en realidad esa persona era lo más optimista que podía llegar a decir. 

A medida que esa persona iba hablándome de todo ese estoicismo mal digerido de libros de auto-ayuda que seguramente habría devorado a decenas, yo no podía atender a lo que me decía, sino a lo que no decía pero dejaba intuir con la mirada y los gestos.


Y esa persona sonreía de vez en cuando cuando hablaba. Esas sonrisas que me lanzaba era lo que más me inquietaba, y no porque me intentase consolar con ellas, sino porque estoy casi seguro de que esas sonrisas se han acabado convirtiendo para esa persona en su propio consuelo. 

Joder, esa persona me dio pena.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Excalibur

Cuando se llega de Erasmus a donde sea, uno empieza por hacer cosas obvias. Una de ellas es pillarse un movil-cascotrón prehistórico autóctono para poder comunicarse con la gente de ahí. Aunque siempre están los ricos que se compran iPhones y cosas así. Por supuesto ese es el tipo de erasmus con los que no te quieres relacionar. Ellos no saben apreciar la fina belleza de lo vintage, aderezado con el recuerdo de la infancia.


Este es el mío. Yo lo llamo Excalibur y tiene una aplicación que Steve Jobs nunca podría haber creado por mucho que se esforzase; ayudar a la defensa del usuario.
Y es que algunos callejones oscuros de Eskisehir pueden llegar a convertirse en lugares muy peligrosos para pobres erasmus como yo, y como traer una navaja de Albacete sale cara (a ver si la gente que lee el blog pilla la broma), nada mejor que un arma indestructible que lanzar acertadamente al entrecejo de tus atacantes.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La tumba del Rey Midas sin Santa Sabiduría

Hace ya algo más de una semanita un par de erasmus nos fuimos en una visita exprés organizada por el ESN (una organización sin ánimo de lucro que quiere desarrollar la integración de los estudiantes de intercambio) a ver ni más ni menos que la tumba del Rey Midas, aquel del que decía la leyenda que todo lo que tocaba se convertía en oro.

Esto era lo que nos prometía internet y las guías de viaje; la entrada al falso templo de la tumba, con la fachada esculpida en roca madre con bajorrelieves frigios y hasta detalles de escritura cuneiforme bien conservados.


Y esto fue lo que vimos. Un par de troncos que tapaban todo.


Obviamente la están restaurando. Sin embargo mi parte más cínica no se puede dejar de preguntar cómo será el resultado final, teniendo en cuenta que estamos en un país cuyo monumento más universal, Santa Sofía, a pesar de ser Patrimonio Histórico de la Humanidad y de terminar de haber sido restaurada el año pasado después de 17 años de obras ahora solo consigue dar pena -después, por supuesto, del estupor inicial que uno siente al entrar por primera vez en ese lugar siempre soñado- al ver las pinturas de las paredes a medio caer o a los gatos callejeros lamiéndose su cipote en medio del Omphalion, el lugar sagrado donde se coronaba a los emperadores.

Pero bueno, esperemos a ver. Aunque el detalle de que no hubiese guardias de seguridad cerca que nos impidiesen haber subido hasta arriba del todo, como efectivamente hicimos, no me dice mucho a favor del resultado final.
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A pesar de esto, de que la visita fue tremendamente rápida, de que no entramos en el museo que estaba solo a unos metros de distancia (aunque sospecho que no nos perdimos demasiado; todo lo que encontraron está ahora en el Museo de las Civilizaciones de Ankara), de que pudimos escalar ruinas antiguas (!!) -lugares donde antes otros habían usado como despensas, casas o incluso templos- y de que no había ni un triste guía que pudiese explicarnos nada sobre la tumba levantada en honor a uno de los reyes más poderosos de la Antigüedad,  la visita estuvo genial. Si lo que uno buscaba era un día en el monte y no una visita cultural.

Al menos nos lo pasamos bien, fue un paseo precioso, con un paisaje que te invitaba a alejarte un ratito del resto, sentarte y escuchar el silencio, que parece mentira lo mucho que podías echarlo de menos.


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Por cierto, que Santa Sofía está dedicada ni a más ni menos que a la mismísima Santa Sabiduría, para los que no saben de griego básico. Supongo que es otra de las ironías de la vida que uno encuentra en Turquía; algo a lo que se ha dedicado tanto ahora esté en tan mal estado. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Por un puñado de routers.

Hay un bautizo de fuego que todos los Erasmus que llegamos a Eskisehir tenemos que superar durante los primeros días para demostrarle a los Dioses de la vida universitaria que somos dignos de nuestro privilegios: vivir sin internet.
Aquí la gente se curte con esto. Se nos encallece la piel, nos salen arrugas y se nos queda mirada de Clint Eastwood después de pasar por ese ritual. Algunos incluso nunca vuelven a ser los de antes, y si les pillas distraídos verás en sus miradas la sombra de ese dolor infinito que ningún abrazo puede curar. Tanto dolor causada por tanta barbarie... Dios...
Hasta ahora Elena y yo hemos sido los que más sufrimos; aguantamos casi más de un mes sin internet, y eso que el agua caliente, el gas para poder cocinar y la calefacción que calentaba nuestro piso cuando fuera de él empezaba a raspar los cero grados no llegó hasta dos semanas después.
Pero aguantamos. Y lo conseguimos. Sobrevivimos. Ahora somos dignos.


Aquí vemos a Clint en el día más feliz de su vida.




martes, 22 de noviembre de 2011

En todos los lugares siempre hay un gilipollas


Hace unos días fui a hacerme el permiso de residencia en la oficina de la policía en Eskisehir. Dos horas tardaron los trámites y aún tengo que volver dentro de dos semanas. Pero a mí lo que me sorprendió de todo fue un solo detalle que me hizo sentir ganas de escupir en la cara al estúpido de turno que hay siempre en todos los lugares.
La historia es la siguiente: estaba con Sander -un amigo belga- y Yasemin, una chica turca que nos acompañó para hacernos de interprete. Por lo visto la señora que tenía que meter mis datos en su ordenador no debió de hacer ningún curso de mecanografía, porque tardó más de media hora en susodicho menester. Vi que había una chica (ya casi señora, en esa frontera que hay entre los veintisiete y los treinta y dos) fumando en el balcón. Le pregunté a Yasemin cómo se decía en turco “¿me puedes dar un cigarrillo?” y fui junto a la chica. Ella me lo dio encantada y nos quedamos fumando en silencio en el balcón. Era una chica-casi-señora guapa, rubia teñida y unas uñas pintadas de rojo que me sorprendieron, porque aquí casi nadie se pinta las uñas así. Tampoco fue un detalle que me dijese demasiado.
El caso es que terminó su cigarrillo, me sonrió y entró dentro de la oficina. Yo me quedé fuera y cuando acabé el mío la señora de nula capacidad mecanográfica ya había terminado, así que salimos.
Cuando estábamos Sander, Yasemin y yo caminando hacia la parada del autobús Yasemin nos contó como un policía se le acercó a ella y le dijo algo así como “¿quieres saber una cosa?¿Ves a esa chica? Es una puta de Armenia sin papeles. Hoy la vamos a echar fuera de Turquía”.
Imagínense la cara que tuvo que poner Yasemin, cuando alguien que no conoce cuenta algo que se supone que no debería de contar.
-Es por ese tipo de detalles por lo que odio a los policías turcos.
¿Y qué chica era? La misma que me dio el cigarrillo. La chica-casi-señora. La de la amable sonrisa.
Pues mire usted señor policía. No sé nada sobre ella ni sobre usted, pero solamente por  lo que hizo hoy ha perdido todo el derecho a tan siquiera quejarse  cuando en los furgones de la policía la gente pinte ACAB con spray. 

Turquía multicultural


Hace un par de semanas entré en una tienda para comprarme un zumo de naranja, y nada más entrar el dependiente me empezó a gritar en turco y señaló a la televisión que estaba sobre la puerta de la tienda, justo encima de mí, me giré y vi que era el telediario. La cámara apuntaba al cielo, a una mancha entre las nubes y en los títulos de la noticia vi que decía -entre todas las palabras incomprensibles para mí- Estambul. Juro que lo primero que pensé fue que los marcianos habían llegado y a mí me había tocado ver el espectáculo en turco.
Justo en ese momento la cámara bajó y se vio a un reportero entrevistando a un ornitólogo. Pues vaya. Al menos algo de marciano sí que había al fin y al cabo.
Pero la diversión no terminó ahí. Cuando cogí mi zumo y fui al mostrador el dependiente me debió de ver ganas de hablar por la cara de resaca que tenía y unas legañas como estalactitas, así que me empezó a hablar en turco como si cualquiera que llevara viviendo toda la vida en el barrio.
Fue un monólogo alucinante de diez minutos en la que el hombre se frotó las manos, hacía como que le cortaban el brazo izquierdo, levantaba la ceja izquierda mirando por encima de sus gafas con una sonrisa picarona y abría las manos para mostrar el tamaño de algo que aún no estoy seguro de qué era, ni quiero saberlo. Solo al final de esos diez minutos el dependiente me preguntó algo, supongo que qué opinaba del asunto. Yo hasta el momento sonreía cuando él sonreía, afirmaba con la cabeza cuando suponía que había que hacerlo y me encogía de hombros con una sonrisilla idiota cuando me preguntaba cosas en medio del monólogo. Pero de la última pregunta no fui capaz de escaparme  y le tuve que decir que I am spanish, que sorry pero que I don’t understand.
¿Y qué dijo el dependiente?
¡Deutchland!-Gritó-Danke schoen, Danke shoen.
Pues nada. Ahora soy alemán. Para que luego digan que Turquía no es multicultural.



jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Quien necesita fiesta teniendo tantunis?


Y este señores es Mehmet Şurgun, mi señor compañero de piso. El tipo de mirada sexy e inteligente que está a la derecha es un humilde servidor, el Tito Moi.
El otro día hubo una fiesta en nuestro piso por el cumpleaños de uno de sus amigos y mientras todos estaban dándole caña a la música, las copitas y a fumar cigarrillos como si fueran chimeneas, al hombre y a mi nos entró un hambre bestial, así que encargamos uno de estos bocatas de pollo con cebolla picada, pimiento y lechuga; tantuni.
Viviendo peligrosamente.

martes, 15 de noviembre de 2011

El circo del Sol frente a mi habitación


La ventana de mi habitación da a un edificio que está en construcción. Hasta ahora los curritos solo trabajaban en el solar que está a su derecha, donde hasta hoy mismo solo iban por los cimientos.
Pero a mí lo que me sorprende son los obreros que trabajan ahí. Lo hacen como se hacía antes, a lo garrulo. Sin arnés de seguridad, ni cuerdas ni cascos, a manos desnudas prácticamente. Ahora mismo están colocando nuevos andamios (no tengo ni idea de para qué) y ponen solo una tabla de madera cada pocos andamios para caminar por ellos, y cuando se les acaban las tablas escalan por los tubos como si fueran  monos con martillos en las manos y pintura blanca en los pantalones.  Los veo y me sorprende la seguridad con la que hacen cada movimiento. Yo solo espero que el edificio acabe de ser construido sin que ninguno de ellos pinte de rojo el suelo. 
La foto salió torcida porque tuve que sacar la foto con el móvil y a escondidas: antes había otro el obrero que me vio las intenciones y se escondió en el edificio gritando cosas que supongo que nunca me enseñarán en mi curso de turco online


Punset estaría orgulloso


Hoy estaba hablando con mis padres por Skype y en medio de la conversación una colega erasmus de Eslovenia me llamó, que llegaba tarde para una quedada -como es costumbre, siempre me dicen que es una falta de respeto, pero es que me gusta demasiado la concepción alineal típica de África-.
El caso es que estaba hablando con Barbara, la chica en cuestión, con un acento canario que echaba para atrás cuando empecé a escuchar como mis padres se descojonaban desde el otro lado de la pantalla.
Terminé de hablar con la chica y mi madre me dijo que cómo no me preocupo por mejorar mi acento cuando hablo en inglés.
Y aquí mi conclusión: Mi teoría personal es que si Punset ha llegado hasta donde está con su acento catalán, malo será que a mi no me den un programa en la 2 a lo sumo dentro de un par de añitos.